Falso sacerdote dividió a católicos de Santa María

No solo engañó al párroco del lugar, sino que cometió sacrilegios al administrar sacramentos

El cura impostor Mario Quintanilla (de barba) en una procesión de Semana Santa, junto al párroco Fernando Alvarado. foto edh / Francisco Torres

USULUTÁN. La llegada en marzo del supuesto fraile capuchino Mario Quintanilla y su expulsión en secreto de la parroquia del municipio de Santa María, en abril, dejó una profunda división entre los católicos del pueblo.

La Biblia ya advierte la llegada de falsos profetas, pero en este caso su expulsión ha generado una seria división dentro de la parroquia. Por un lado unos defienden a Quintanilla, quien se hizo pasar por sacerdote sin serlo, mientras que otros apoyan al párroco del lugar, Fernando Antonio Alvarado, al expulsarlo por ser un impostor.

Alvarado relató que Quintanilla llegó haciéndose pasar por sacerdote, apadrinado por una familia católica del municipio y que mostró documentos de la máxima autoridad de los frailes capuchinos en Barcelona, España.

Sin embargo, monseñor Rodrigo Cabrera, obispo de Santiago de María, confirmó que la documentación era falsa.

El obispo ve un claro interés económico en las acciones de Quintanilla, de quien se sabe que es residente del municipio de El Tránsito, San Miguel. "Quien celebra en Semana Santa tiene derecho a la ofrenda", sostiene Cabrera.

Lo grave del caso es que el impostor llegó a la parroquia Santa María de los Remedios casi dos semanas antes de la Semana Mayor y se fue a finales de abril, cuando lo descubrieron y expulsaron.

Según Alvarado, el falso cura sigue reuniéndose con líderes de la parroquia en su afán por sembrar la discordia.

"Algunos en la parroquia le hacen caso, le creen, porque les ofreció darles un autobús; a otros les dijo que les construiría una ermita, mientras que a otra comunidad le prometió repararle el techo de la iglesia, pero son mentiras", sostiene el párroco Alvarado, a quien aún le cuesta admitir que le tomaron el pelo.

El falso profeta

Quintanilla es un hombre conocido en el municipio de El Tránsito, San Miguel, situado a unos ocho kilómetros del sitio donde en la Semana de Dolores y Semana Santa se vistió con los ornamentos sagrados, celebró la santa misa, escuchó a muchos en confesión y les impartió una falsa absolución.

Alvarado cree que Quintanilla es un vago, porque así se lo indicaron. Explica además que lo expulsaron hace años del seminario.

Afirma que podría tener problemas mentales porque notó algunas cosas extrañas en el falso sacerdote, lo que le hizo sospechar: "Cuando celebraba la misa le temblaban las manos y sudaba mucho y no celebraba al centro del altar, sino en una orilla", dice.

Alvarado entonces emplazó al supuesto clérigo y le preguntó si tenía la autorización de sus superiores para celebrar santa misa binar o trinar, es decir, dos o tres veces al día.

El supuesto farsante le dio un correo electrónico, que según él era de su superior, en Barcelona. "Yo le escribí para consultarle esa duda y me respondieron que incluso tenía la autorización para conjurar (hacer exorcismos) y como ese es un privilegio que muy pocos sacerdotes tienen le creí", dice el párroco.

Ahora reconoce que es probable que quien respondiera a sus interrogantes, vía correo electrónico, no fuera un provincial capuchino, sino el mismo Quintanilla.

El sicólogo Mario Berrios ve en Quintanilla una arraigada necesidad de atraer la atención; añade que casos como este son muy frecuentes, pero que por lo general se registran en las iglesias evangélicas, donde es más fácil engañar a la gente.

"Es raro que pase en la iglesia católica, porque tienen más definido su culto y en este caso es muy probable que haya un desequilibrio ligado a la esquizofrenia", señaló el profesional.

Berríos dice que es probable que la expulsión del seminario haya afectado el equilibrio mental de Quintanilla, quien ahora busca alcanzar su sueño de ser sacerdote, pero de una manera poco lógica.

Pero el asunto no se trata de una simple tomada de pelo. A monseñor Cabrera le ha molestado mucho lo ocurrido porque al no estar autorizado para administrar los sacramentos, Quintanilla cometió sacrilegios ante la mirada crédula de toda la feligresía.

Las sanciones son muy severas, advierte el obispo. "El caso merece la excomunión, pero esto sólo afecta a los católicos porque es básicamente la expulsión de la iglesia y en este caso no sabemos si es un hombre de fe o un simple extorsionador", comentó el obispo Cabrera.

Pero contra el párroco Alvarado también hay sanciones, porque es facilitador de esos sacrilegios, dijo Cabrera. "A él lo engañaron por no respetar la figura del obispo; a mí no me dijo que lo acogería en su parroquia, sino hasta que ya tenía el problema encima".

Pero en el caso del párroco, Cabrera afirma que ha hablado con él y prefiere que las sanciones queden en lo secreto, por prudencia.

Predicó herejías

Además de administrar sacramentos inválidos, como la confesión, Quintanilla impartió catequesis herejes en varias ocasiones.

En un retiro con la Guardia del Santísimo le dijo a los católicos que "San José se había divorciado varias veces y que por eso le sorprendía que la virgen María estuviera embarazada", reconoció Alvarado, quien hizo poco para que en su parroquia no enseñaran cosas contrarias al catolicismo.

El párroco llamó a quienes se hayan confesado con el falso sacerdote a repetir el ejercicio de arrepentimiento, porque ese sacramento es inválido.

Alvarado relata que en una actividad diocesana le pidió a Quintanilla que lo acompañara y este inicialmente se negó a ir, porque en el lugar iban a estar presentes sacerdotes y obispos de varias diócesis.

Sin embargo, aceptó ir, pero vestido con ropa casual.

Ahí el clérigo se percató de que ninguno de los sacerdotes franciscanos asistentes conocía a Quintanilla y que este ni siquiera se acercó a saludarlos.

Al regresar a su parroquia, el sacerdote buscó ayuda, consultó con muchas personas hasta que se enteró que Quintanilla no es sacerdote.

Entonces Alvarado reunió a una comitiva de su parroquia y lo emplazó frente a ellos. "Él nos respondió que si no queríamos llamarlo fraile que mejor le dijéramos hermano", recuerda el párroco.

Empero Alvarado ofreció un trato al impostor: que se fuera en silencio, sin escándalos y que a cambio no lo denunciarían por los delitos cometidos, que van desde la estafa, porque obtuvo buenos ingresos mediante engaños, ejercicio ilegal de la profesión y falsedad documental.

Cuando lo echaron, el falso sacerdote ya tenía poco más de un mes de haberse integrado a la vida parroquial.

Pero Alvarado lamenta que el expulsado no haya respetado el trato, porque afirma que aún sigue reuniéndose clandestinamente con grupos católicos, y que como una reacción ante eso, el consejo parroquial decidió hacer públicas en la parroquia las razones por las que expulsaron a supuesto cura Quintanilla.

El impostor celebró, durante la Semana Santa, ritos como por ejemplo el de la adoración de la cruz, donde además se hace una colecta en la que por lo general la feligresía es muy generosa, porque es una colecta que se hace para enviarla a la Santa Sede, a fin de apoyar las vocaciones.

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