resumen noticias

Recuerdos del Reino del Pájaro y la Nube

Poco o nada queda ya del Teleférico de San Jacinto, un inmueble que ahora se encuentra en manos del Fosaffi para ser subastado en julio

Georgina Vividor comunidades@eldiariodehoy.com Martes, 30 de Abril de 2013

De aquel proyecto visionario de don Antonio Bonilla, solamente quedan recuerdos y las anécdotas de miles de familias salvadoreñas que llegaron al Teleférico de San Jacinto en busca de entretenimiento y sana diversión.

El "Reino del Pájaro y la Nube", como lo bautizó su fundador, en alusión al poema Ascensión, de Alfredo Espino, fue inaugurado en 1977.

Bonilla, quién había cultivado una finca de café por años en las alturas del cerro, pensó en compartir la belleza del lugar con los salvadoreños. Junto a su esposa Yolanda, comenzó a trabajar en los primeros bocetos del que se convertiría el primer funicular de Centroamérica.

Para la instalación de la maquinaria se contrató a técnicos internacionales, entre ellos Lee Swee Chong, quién llegó de Malasia en 1977 para trabajar en el montaje del Teleférico. El profesional recuerda el esfuerzo que llevó montar las torres que fueron derribadas en el pasado viernes por la madrugada.

"A mí me contrataron para dar asesoría, era muy costoso mantener a los suizos en el país, prácticamente, yo llegué a ayudar con la operación y el mantenimiento, ya que yo había trabajado en la construcción de otro teleférico en Singapur", explicó Lee.

Según este ingeniero, la construcción del Teleférico constituyó un trabajo de gran esfuerzo, ya que no existía una carretera que llegara hasta la cima, el terreno era muy escabroso y era muy costoso subir los materiales, piezas y cables en medio de los árboles y las piedras.

"Realmente fue un proyecto muy ambicioso y es una lástima que ahora ya no quede nada de él", añadió Lee.

Este complejo constaba de siete manzanas en la parte inferior y 20 manzanas en la parte superior, en las cuáles había diversas atracciones mecánicas como carros chocones, el pulpo, carruseles, un tren que transportaba a los visitantes por todo el parque; así como restaurantes, tiendas de recuerdos y más.

Los quioscos con un diseño suizo le daban un toque mágico a este lugar, además de personajes como el ratón Chito Pérez y Ala Perica, quienes se encargaban de recibir a los visitantes.

A lo largo de 12 años, miles de personas disfrutaron sus atracciones y sobre todo de la emoción de ascender a la cima del cerro en una de las 36 góndolas de colores que se encontraban suspendidas a 1,370 metros de altura.

Milagro Flores, habitante de Ciudad Credisa, fue una de ellas y recuerda que la experiencia de llegar hasta la cumbre era toda una aventura.

"El subir a la góndola era emocionante y hasta daba miedo ver a la altura que nos elevábamos, pero todo era compensado con una vista impresionante y el clima fresco que se respiraba en el lugar, era como estar en otro mundo", dijo Flores.

Recuerda que en una ocasión el mal tiempo les jugó una mala pasada y tuvieron que quedarse en la góndola suspendida en el aire, mientras pasaba una tormenta.

Anécdotas como esta hay muchas, Yanira de Henríquez fue otra de las afortunadas en apreciar este lugar desde pequeña. Ella veía las góndolas desde su casa en Altos del Cerro, recuerda que hasta se escuchaban los gritos de la gente que viajaba en ellas.

"Era una experiencia muy bonita subir, y considero que lo que acabó con él fueron los terremotos de 2001, la gente ya tenía miedo de llegar", dijo Henríquez.

Durante el conflicto armado la afluencia mermó por los constantes toques de queda, los cuales hacían que se redujeran los horarios. Además, afectaron los racionamientos de energía eléctrica.

Yanira recuerda que una de esas veces no había energía, y les tocó bajar por las veredas del cerro, en medio de todos los árboles, por la noche.

Para 1989 el parque tuvo que suspender sus operaciones. Sin embargo, la esperanza de abrir nuevamente el parque continuó viva y fue así como Yolanda de Bonilla y su hermana Norma Bonilla Leonard iniciaron las gestiones para obtener un refinanciamiento para rehabilitarlo.

Tras tres meses de negociaciones, el Banco Nacional de Fomento Industrial (Banafi) lo otorgó a la empresa Teleférico San Jacinto S.A.

La empresa estableció contactos con firmas extranjeras para rehabilitarlo y expandirlo, logrando contratar a la firma Miziker & Company de Estados Unidos.

Haciendo una inversión de 10 millones de colones, el parque fue reabierto en 1996 durante el gobierno de Armando Calderón Sol, quién fue el encargado de hacer el corte de cinta junto a doña Yolanda de Bonilla.

La construcción de este parque representó no solo un gran atractivo para los turistas, sino también una fuente de empleo para cientos de personas que vivían en las cercanías.

La existencia de este lugar turístico representó para muchas familias de la localidad una oportunidad para obtener ingresos, Gloria Arias, quién ahora reside en los Estados Unidos, trabajó en el Teleférico en 1997, luego de que el parque abriera sus puertas por segunda vez.

Arias comenta que llegar hasta su trabajo cada día era una aventura, pues para abrir la tienda de recuerdos en la que trabajaba, tenía que subir una de las góndolas del Teleférico. El trabajo comenzaba a las 8:00 de la mañana para alistar todas las ventas. Recuerda que cuando no se vendía nada, le tocaba moverse a otros quioscos o al restaurante, para ayudar a hacer "palomitas" o papas fritas. Aunque fue un trabajo temporal, Gloria, lo recuerda con mucho cariño, pues en el tiempo libre que les quedaba, aprovechaban para disfrutar algunas de las atracciones de este parque.

El parque cerró en 2001 a causa de los terremotos, con el tiempo el inmueble fue embargado por el incumplimiento de pago de dos créditos adquiridos con el Banco Hipotecario. Actualmente se encuentra en manos del Fondo de Saneamiento y Fortalecimiento Financiero (Fosaffi), que será el encargado de subastarlo en julio. El sueño terminó.