Cultura, artesanías y cascadas en Santo Domingo de Guzmán

Quienes visitan este municipio pueden disfrutar de un recorrido extremo a las orillas del río Tepechapa

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Santo Domingo de Guzmán, en Sonsonate, es un hermoso lugar para conocer más sobre la cultura indígena de nuestro país.

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SONSONATE. Diversión para diversos gustos es lo que ofrece el municipio de Santo Domingo de Guzmán, en el departamento de Sonsonate.

Quienes quieren conocer más de la cultura indígena de El Salvador tienen que visitar este pueblo, el cual tiene más de 100 lugareños que aún hablan el náhuat. Además, posee la única escuela del país donde lo enseñan.

Aquí todavía es posible ver a algunos de sus habitantes usando trajes típicos, y quienes podrán explicar sobre la cultura pipil.

Los guías turísticos locales podrán orientarlo para conocer algunos de los talleres de artesanías en barro rojo y madera que hay en el lugar. También se observa el trabajo de los artesanos y los hornos en donde colocan su producción.

Para quienes gustan de las artesanías en estos materiales, al momento de comprar tendrán que hacer una difícil elección entre la variedad de piezas que pueden llevarse.

Hay objetos para decorar y otros que podrá usar en la cocina, queda al gusto del cliente.

De este municipio también hay que destacar el buen sabor de su cocina. Y de eso son testigos los cientos de turistas que visitaron Santo Domingo de Guzmán el domingo 2 de diciembre, quienes fueron invitados a conocer el pueblo por la municipalidad, la Policía de Turismo (Politur) y el Ministerio de Turismo.

Turismo extremo

Para quienes gustan del contacto con la naturaleza, este lugar también les tiene opciones, una fácil y otra extrema.

La fácil es una caminata corta al salto Escudo. Queda a pocos minutos del pueblo y se puede viajar en pick up hasta la orilla del río.

La opción extrema es la caminata por el sendero natural del salto Tepechapa. Un reto divertido que pone a prueba la condición física, y donde al final se podrá ver un paraíso natural formado por una cascada de 90 metros de alto.

Pero antes de llegar a la cascada, los aventureros pueden tomar un descanso en la poza encantada, la cual está a mitad de la ruta.

El guía Luis Alonso Cortez explica que existe una leyenda que narra que en la poza se aparecía un pez de oro, pero cuando lo intentaban atrapar se escondía en la cueva que hay dentro del agua. Incluso se dice que un par de hombres se ahogaron intentando atraparlo.

"Dicen que todavía se aparece, pero a la medianoche", narra Cortez.

Hay otras historias y anécdotas del pueblo que los guías, con gusto, podrán compartir con los turistas.

Con pececillo de oro o no, bañarse en las frescas y cristalinas aguas del río Tepechapa es una experiencia sumamente agradable.

Y si la Encantada no lo atrapa, puede seguir la ruta hasta llegar a la impresionante cascada, en donde la luz del sol pinta arco iris al chocar con la caída de agua.

En el recorrido observará varios nacimientos de agua y pondrá a prueba se agilidad y resistencia para cruzar por las enormes piedras que están en el camino.

Una aventura que vale la pena vivir porque está es una forma diferente de conocer El Salvador, de reencontrarse con la naturaleza y de vencer el estrés que provoca el ajetreo de la ciudad. Conozca Santo Domingo de Guzmán, se quedará con ganas de volver a visitarlo.