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Confiar en Dios y la serenidad fue lo que salvó a soterrado
Estuvo en el pozo por 78 horas y media y actualmente se recupera en el hospital de San Miguel
SAN MIGUEL. Sus ojos reflejaban el cansancio de pasar 78 horas y media bajo tierra, la serenidad con la que habla revela su confianza en Dios y lo confirma al asegurar que "siempre me mantuve sereno, nunca perdí la fe''.
Dagoberto Moya habló ayer con El Diario de Hoy. Contó que la clave para salir vivo de una experiencia tan difícil como haber estado soterrado por más de tres días a unos nueve metros de profundidad fue la fe en Dios, en los rescatistas y la serenidad.
Moya se encontraba en el área de pacientes aislados de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital San Juan de Dios de San Miguel.
La entrevista la brindó poco antes de que un grupo de enfermeras y doctores le hiciera curación de las laceraciones que tiene en brazos y piernas.
Aún bajo el efecto de los medicamentos y un poco somnoliento aseguró que descubrió que Dios nunca desampara a sus hijos.
"Me encomendé siempre a Dios, oré todo el tiempo porque Él nunca nos abandona'', manifestó Moya.
A medida narraba la historia de como quedó soterrado, su voz se fue quebrantando y mostró un poco de nerviosismo, pero eso, según los doctores que lo atendían, era normal porque había pasado mucho tiempo sin comer y bajo tierra.
"Cuando estaba trabajando en el pozo era más o menos la 1:00 de la tarde. Una media hora después sentí que tembló la tierra y quedamos soterrados con otro compañero", narró a EDH.
Inmediatamente contó que su compañero de labores logró salir con ayuda de otras personas, pero que él quedó atrapado.
"En ese momento perdí la conciencia. No sé cómo fue que pasó todo; no recuerdo cómo ni a qué horas llegaron los bomberos", sostuvo.
Narró que cuando los bomberos comenzaron las labores de remoción de rocas recobró la conciencia. Ocurrió un derrumbe y para entonces estaba a siete metros bajo tierra, según le comentaron los encargados de rescatarlo.
Luego de eso se realizó un nuevo intento por sacarlo, pero de nuevo un derrumbe truncó el objetivo. Lejos de salir, el tamaño de la cárcava aumentó dos metros más.
Moya recuerda que en todo momento apoyó a los rescatistas, algo que corroboraron y reiteraron los bomberos, Cruz Roja y miembros de la Policía que participaron del rescate.
"Yo los animé y ellos también, por eso nunca perdí la fe y las ganas de salir con vida. Ellos nunca me abandonaron tampoco'', manifestó.
Agregó que ayudó a hacer pedazos la roca que le impedía salir y que los pedazos los metía en un balde que luego bomberos se encargaban de extraer.
"Por eso es que tengo muchas heridas en las manos por picar piedra y meterla al balde", dijo.
Agregó que un punto que le favoreció es que nunca se desesperó y eso generó que sus rescatistas tampoco lo hicieran. Reitera que "la mano de Dios estuvo con él en todo momento".
"Me mantuve vivo porque la gente me ayudaba. Me daban suero, chocolates y eso, creo, me ayudó a mantenerme bien físicamente", dijo.
Tuvo palabras para el bombero Juan Carranza, quien fue el encargado de rescatarlo y que incluso estuvo a punto de perder la vida al quedar soterrado momentáneamente.
"Le debo la vida a Carranza y estoy agradecido porque la última vez que intentaron sacarme nos ayudamos mutuamente", aseguró.
Luego de la recuperación asegura que volverá a Santa Ana a residir con su familia por algún tiempo.

