País necesita nuevos motores de crecimiento económico

Un estudio del Banco Central de Reserva indica que el esquema actual no ha impulsado pleno empleo

El aumento del trabajo informal es consecuencia de la falta de empleos. foto edh / archivo

El Salvador necesita revisar su estilo de crecimiento para que se generen nuevos motores de dinamismo económico y se reduzcan sus niveles de pobreza, aumente el consumo privado y estimule la dinámica de la inversión, subraya un estudio realizado por el Banco Central de Reserva (BCR).

Los analistas Óscar Cabrera y Pablo Amaya, autores del estudio del Banco Central, aseguran que en el país "el estilo de crecimiento alcanzado ha dejado grandes estratos de la población sin acceso al empleo y en condiciones de desarrollo humano excluyentes", lo que ha impedido que los trabajadores salvadoreños perciban un aumento de sus ingresos.

El camino que ha tomado El Salvador es diferente a las economías más prósperas, que se han caracterizado, según Cabrera y Amaya, por dedicarse a la industria moderna, a la fabricación de productos de alta productividad y a diversificar su oferta exportable.

Así, la trampa de bajos ingresos en la que está sumergido el país logrará resolver en la medida que la economía opera de manera eficiente, lo que implica una canasta de bienes y servicios que maximicen el valor de la producción, explican los economistas.

Las cifras de la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples de 2011 estiman que casi siete de cada 100 salvadoreños están desempleados, mientras que 35 se encuentran subempleados, es decir, que trabajan menos de 40 horas laborales o por la misma cantidad de tiempo, e incluso más, reciben un salario inferior al mínimo.

La falta de oportunidades laborales es más dramática en la zona norte del país, en municipios como Ojos de Agua –en Chalatenango– y Cacaopera –en Morazán– donde casi el 50 % de la población en edad de trabajar no cuenta con un empleo, lo que ha repercutido en que también tengan los menores Índices de Desarrollo Humano (IDH), sostiene el documento.

El país descendió este año una posición en el ranking del IDH, elaborado por el Programada de las Naciones Unidas para el Desarrollo, y se ubicó en el lugar 107, de 187 países evaluados, básicamente porque la economía no ha superado tasas de crecimiento superiores al 1.5 % en la última década.

Disponible el sitio web del Banco Central, el boletín titulado "Crecimiento inclusivo y transformación estructural en El Salvador: una primera aproximación" indica que esos niveles de desempleo y subocupación podrían estar generando una demanda laboral disfuncional a los objetivos de crecimiento, pues la mano de obra está siendo subutilizada.

El Diario de Hoy publicó recientemente el caso de dos profesionales: Elizabeth Argueta –una médico– y Raquel López –una relacionista pública– que han incursionado en áreas diferentes para las que están capacitadas debido a la falta de empleo.

A pesar de haber cursado carreras universitarias, ambas perciben salarios inferiores a los $300. Argueta trabaja en una agencia de créditos prendarios y López labora como docente independiente.

La falta de un crecimiento económico inclusivo, es decir, que genere pleno empleo entre su fuerza de trabajo, también ha propiciado la informalidad de las empresas y los bajos salarios, concluye el boletín del Banco.

De acuerdo con el estudio, la mayor parte de la población ocupada se encuentra empleada en una micro y pequeña empresa, negocios que, en su mayoría, no están inscritos formalmente en Hacienda ni en las AFP o el Seguro Social.

La falta de una Población Económicamente Activa (PEA) capacitada debido a la deficiente tasa de finalización escolar también es otro factor que le resta retornos a la economía, disminuye las potencialidades de los trabajadores para aumentar la eficiencia, la productividad y sus ingresos reales.

Problemas estructurales

Durante los últimos veinte años, la manufactura y los servicios han sido los dos principales motores de crecimiento económico para El Salvador, pero no han logrado el pleno empleo.

La primera actividad aporta 22.8 % del Producto Interno Bruto (PIB) y emplea al 15.5 % de la población ocupada, mientas que los servicios representan 61.3 % del PIB y emplean casi 60 % de la población.

La especialización del país en este último sector en años recientes se explica por un cambio de paradigma hacia las bondades del mercado, que al mismo tiempo se tradujo en una liberalización comercial, en la disminución de aranceles y la eliminación de barreras, que impactaron los sectores transables, explican los analistas.

El terreno que ganaron los servicios en la economía contrasta con lo que ha ocurrido con la agricultura y la industria. Mientras, en 1990, el agro aportaba el 17.5 % del PIB, en 2010, lo hizo con 13.1 % y pasó de emplear al 36 % de la población a un 20.8 % durante el mismo periodo.

El sector industrial se estancó entre 1990 y 2010 en su aporte al PIB al pasar del 25.6 % que logró en 1990 al 26.6 % en 2010.

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