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Venezuela hace malabares ante escasez de alimentos

Con la nueva devaluación de 46.5 % del bolívar a 6.30 por un dólar, ya se encarecen todos los alimentos básicos

Karen Molina/Agencias negocios@eldiariodehoy.com Domingo, 17 de Febrero de 2013

¿Se imagina gastar más de $300 en comprar la comida de la familia para el mes? Y qué pensaría si en su colonia hicieran fiesta porque por fin llegó un saco de harina de maíz?

Pues aunque no lo crea, a estas cosas se enfrentan todos los días los venezolanos, en un país en el que a pesar de tener el petróleo como su recurso económico más valioso, escasea la comida y el precio de todos los productos es asombrosamente alto con respecto a los que se pagan en El Salvador.

Sus ciudadanos hacen de todo para comprar una libra de pollo, azúcar o harina.

La inflación de este país ya alcanzó el 22 % respecto al Producto Interno Bruto. Es la más alta de toda Latinoamérica, según los informes del Fondo Monetario Internacional.

No por nada Venezuela es el único país de Latinoamérica que está considerado entre las 20 ciudades más caras del mundo, según un ranking publicado por The Economist hace unas semanas.

Las constantes devaluaciones de la moneda, que tratan de balancear la deuda pública externa del país, ahogan cada vez más a sus ciudadanos. Esta semana, el Gobierno aplicó una nueva tasa de cambio: un dólar vale 6.3 bolívares. Hace dos semanas se pagaban 4.3 bolívares por un dólar.

Esto, si se considera el cambio oficial, pero en el cada vez más campante mercado negro, el dólar puede costar el doble de bolívares, con lo que los productos de la canasta básica se encarecen más.

En este país, una barra de pan cuesta unos 9.40 al cambio oficial ($1.49). Un litro de agua mineral cuesta $2 y una arepa -muy similar a la popular pupusa en El Salvador-, cuesta aproximadamente $3.50.

Según el periódico venezolano El Universal, la canasta básica ampliada de ese país cuesta unos 6,545.95 bolívares, aproximadamente $1,040 y la alimentaria, 1,881 bolívares o unos $300.

Si se toma en cuenta que el salario mínimo en ese país es de 2,047.52 bolívares (unos $324), es evidente que las familias venezolanas no alcanzan a obtener todos los alimentos.

Además, con esta nueva devaluación de la moneda, el salario mínimo se ha depreciado 46 %, según señala el periódico venezolano.

Para estas familias, el Gobierno creó un programa conocido como Mercal, que subsidia hasta en 80 % el precio de los alimentos.

Las familias compran los productos de primera necesidad a precios bajos en una red de mercados gubernamentales. Eso, si puede comprarlos pues las filas son tan largas que mucha gente desiste de obtenerlos en ese lugar y opta por conseguirlos en el mercado negro.

Adriana Rivera, una joven venezolana residente en Caracas, cuenta que en las colonias, los ciudadanos celebran que después de varias semanas de no tener harina para hacer las típicas arepas, por fin llegó a la tienda un saco, que se acabó en un santiamén.

Las personas se pelean por un paquete de "harina de pan" o por una libra de pollo porque lo que llega a las tiendas no alcanza para todos.

Otros tienen que recorrer varios supermercados para lograr encontrar leche, azúcar, café u otros alimentos básicos porque no se encuentran con facilidad.

Los altos precios obligan a muchas personas a comprar los productos en grandes cantidades para tener reserva en su casa. Otros son acaparadores, que luego comercian los productos en el mercado negro.

Alessandra Perdomo, otra caraqueña, cuenta que la gente se avisa entre sí dónde hay disponibilidad de productos básicos para ser los primeros en comprar. Pero, no siempre se puede comprar la cantidad de productos que uno quisiera. Perdomo asegura que la escasez ha llevado a muchos comerciantes a racionar los alimentos. Uno o dos paquetes por persona. No más.

Aunque el Gobierno venezolano ha activado un plan de fiscalización para evitar el acaparamiento y establecido controles de precio, el mercado negro siempre saca ganancia de la crisis.

El Universal publicó hace unos días que en cuanto el Gobierno comunicó que el bolívar se devaluaba, la gente corrió a las tiendas a comprar productos a precios con dólar a 4.30 bolívares. La gente también abarrotó las tiendas de electrodomésticos.

Dinero al extranjero

El otro calvario monetario de los venezolanos es el dinero que pueden usar en el exterior.

Las dos venezolanas, que el año pasado tuvieron que salir del país, estaban obligadas a cambiar sus bolívares por dólares a través de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi). Para comprar dólares, necesitaban hacer un proceso con muchos requisitos, porque el Gobierno limita la cantidad de dinero que se puede gastar fuera del país.

Pero como el proceso es además, engorroso, las caraqueñas tuvieron que comprar los dólares en el mercado negro, una medida que les costó el doble.

Si van al exterior, el Gobierno solo permite obtener $500 en efectivo como máximo, o dependiendo del país al que vayan. Y también se limita el uso de las tarjetas de crédito para comprar. Se permite gastar hasta un máximo de $2,500 si el viaje, previamente justificado, dura más de 7 días.

Y a los extranjeros que residen en Venezuela también les toca difícil. Según las leyes venezolanas, hay cupos para enviar remesas.

Con la reciente devaluación los extranjeros están decepcionados de que, cada vez envían más dinero a sus familiares, pero éstos reciben menos.