Puesto policial de Col. Montelimar, bajo observación de pandilleros

Desde la segunda planta de una casa los mareros controlan los movimientos policiales.

En Montelimar, los grafitis son tan grandes como las paredes de las casas. Varios están pintados en la segunda planta de varias casas. foto edh

A menos de 200 metros, uno o dos miembros de la Mara Salvatrucha (MS) montan guardia desde las gradas de unos apartamentos de dos niveles. La mirada está fijada siempre en el rumbo en el que está la casa que alberga el puesto policial.

Al interior del puesto policial, un uniformado está sentado frente a un escritorio. Parece impávido ante la presencia de un auto desconocido.

No se ve a más uniformados. Tampoco se los ve patrullando la única calle principal o las decenas de estrechos pasajes peatonales que conforman la colonia Montelimar, ubicada a un costado de la Autopista a Comalapa, entre los kilómetros 23 y 24, en el municipio de Olocuilta, departamento La Paz.

Cuatro o cinco gigantescos grafitis pintados en las paredes de los segundos niveles de igual número de casas son suficientes para hacer comprender a los foráneos que allí quien controla la vida de esa comunidad es la MS, a pesar de que a la entrada del único acceso vehicular de la misma esté el puesto policial.

Para rematar, en la calle principal, grupos de jóvenes, adolescentes, supuestos mareros según vecinos de esa colonia, auscultan cualquier auto desconocido que ingrese.

Carro desconocido es un carro sospechoso. Eso parece. Los grupos se dispersan. Algunos se adentran en los pasajes.

Las actividades en esa colonia parecen normales: escolares saliendo o entrando a la escuela, microbuses haciendo meta en el punto de partida... Todo parece normal.

Pero solo parece. La semana anterior, vecinos de esa colonia aseguraron que los mareros habían impuesto toque de queda para todos los habitantes a partir de las 8:00 p.m.

Más de 70 pandilleros

De acuerdo con los informantes, en ese complejo habitacional actualmente hay entre 70 y 80 miembros de la MS que controlan los movimientos en Montelimar, una colonia reconocida por el deficiente servicio de suministro de agua potable.

Son ellos los que montan patrullajes en grupos de tres o cinco. Desde hace dos semanas han dicho que a partir de las 8:00 p.m. quieren que los habitantes no salgan a las calles.

El cabecilla de todos esos pandilleros, de acuerdo con habitantes, es uno apodado Snaider.

Los quejosos afirman que la policía y un grupo de militares que, eventualmente, patrullan el lugar saben quiénes son los pandilleros, quién es el cabecilla, y conocen la ubicación de múltiples casas "destroyer" (guaridas).

Pese a saber todo lo anterior, los mareros continúan actuando con total impunidad a tal punto que son ellos los que se han arrogado la potestad de exigir documentos de identificación a personas foráneas que llegan a Montelimar.

De acuerdo con los informantes, en algunos pasajes la estructura delincuencial está cobrando dos dólares por persona, a manera de extorsión.

"Colaboración" para esconder armas y drogas

Vecinos de Montelimar indican que la policía tampoco desconoce quiénes son las personas que les brindan ayuda a los pandilleros, aunque aclaran que algunas personas lo hacen por el mismo temor.

Las fuentes indican que en las proximidades del punto de microbuses de la Ruta A-1, hay varias personas que les colaboran avisándoles de cualquier movimiento policial o de personas o vehículos desconocidos.

Asimismo, señalan a vendedores, en las proximidades del punto de microbuses, que les guardan las pistolas cuando por alguna casualidad la policía o los soldados salen a patrullar.

De acuerdo con lo que pudo comprobar El Diario de Hoy, el dispositivo de vigilancia de los mareros inicia desde una pasarela que está próxima a la entrada de la colonia.

Allí se mantiene uno o dos pandilleros haciendo nada pero muy atento con los carros que no son de habitantes de la colonia o de vendedores ruteros.

Abundantes casas en venta

En cuanto se ingresa a la colonia Montelimar, el visitante se encuentra con algo muy peculiar: abundantes carteles donde se anuncia la venta de casas.

Algunos anuncios se ven ya muy viejos. Otros son más recientes. 10, 12 ó 14 mil dólares valen esas casas. Eso es lo que piden.

Sin embargo, varios los teléfonos que en los anuncios aparecen no son de los propietarios, sino de intermediarios, de empresas de bienes raíces que cobran una comisión por vender los inmuebles.

De acuerdo con vecinos del lugar, en los últimos meses se ha incrementado la migración de habitantes de Montelimar, lo hacen por temor, por inseguridad.

Este fenómeno también es observable en otras comunidades desde hace varios años.

Ciudad Pacífica, en San Miguel; residencial Las Terrazas y aledañas, en Ayutuxtepeque, son solo algunos ejemplos de comunidades asediadas por pandillas.

Sin embargo, en Montelimar, agentes policiales niegan que haya un toque de queda explícito, que se cobre dos dólares a algunos habitantes como derecho a vivir en ese lugar y que los pandilleros exijan documentos de identidad a los extraños que entran en esa colonia, en contraposición a lo que aseguran algunos habitantes.

El día que El Diario de Hoy visitó la colonia Montelimar no se observó a ningún policía patrullando al interior de esa colonia. Tampoco militares.

Sin embargo, sobre la autopista a Comalapa, en el carril hacia San Salvador, a pocos metros de la entrada a Montelimar, entre ocho y diez policías habían establecido un retén policial para requisar vehículos y conductores.

Lo anterior es un hecho criticado por vecinos de Montelimar, algunos de los cuales piensan que los policías temen meterse a patrullar esas calles o tienen alguna orden de no hacerlo.