800 jóvenes en proceso de remoción de tatuajes

Cerca de 238 de ellos completaron el tratamiento de eliminación en dos años, según el Injuve

Doctora elimina, con rayos láser, los tatuajes a este joven en una clínica del Injuve. Foto EDH

Los tatuajes que en el pasado provocaron orgullo y satisfacción en varios jóvenes son en la actualidad un obstáculo para su progreso y desarrollo, pues les cierra fuentes de trabajo, crea problemas con las pandillas e incomodidades con las mismas autoridades policiales.

Por esas razones, desde 2010 a la fecha, unos 238 salvadoreños no han tenido otra alternativa más que removerse sus tatuajes; de estos, 169 son los hombres y 69 las mujeres que se sometieron al tratamiento requerido.

Aunque parezca extraño, la cultura del tatuaje no es exclusiva de pandilleros, delincuentes o prisioneros; también lo es de ciudadanos comunes y corrientes que se tatúan con fines artísticos.

Los prefieren tanto en partes visibles como no visibles de sus cuerpos. Es bastante común observarlos en brazos y antebrazos, piernas y pechos, así como la espalda. Muchos otros se los impregnan en sitios más atrevidos.

El tipo, forma y tamaño es variado. Van desde retratos de un ser querido, animales, sitios emblemáticos, personajes de películas, símbolos religiosos, nombres, números hasta otro tipo de leyendas que tienen diferentes significados para quienes los lucen.

Cuando se los impregnaron jamás se imaginaron las consecuencias que les acarrearían. La mayoría de los más de 200 que decidieron quitárselo asegura que han sido en diferentes ocasiones marginados por instituciones en las que han pretendido laborar o con las que han intentando establecer algún tipo de vínculo.

Otro de los inconvenientes es que no pueden ser donantes de sangre.

En hospitales, clínicas y en la Cruz Roja, principales bancos de sangre, el personal médico ha explicado que una persona tatuada no garantiza que esté libre de cualquier contaminación, virus o bacterias, y que en vez de favorecer a un paciente lo pueda dañar ante una eventual transfusión.

A raíz de esos inconvenientes, aquellos que en unas cuantas horas se mancharon su cuerpo ahora deben pasar un largo y tortuoso proceso para retirar las marcas. El lapso oscila entre seis y 12 meses.

Actualmente en el Instituto Nacional de la Juventud (Injuve) hay 800 personas que están realizando el proceso de retiro de tatuaje.

Estereotipados como delincuentes

Varios de los hombres que forman parte de este proceso aseguran haber sido discriminados, estereotipados o estigmatizados, comparados con delincuentes, y ello les ha imposibilitado incorporarse al mercado laboral.

"Algunos jóvenes nos han manifestado que tienen problemas cuando buscan una novia, (problemas) por (cuestiones de) discriminación y rechazo. A partir de eso buscan un auxilio en el Injuve para borrar esa estigmatización y discriminación", afirmó Miguel Ángel Pereira, el director del Injuve.

De ahí que estas personas sufren vergüenza, incomodidad e incurren en riesgos de seguridad personal al ser confundidos con pandilleros u otro tipo de delincuente.

Por otra parte, hay jóvenes que sí son pandilleros, pero en proceso de rehabilitación, añadió el director: "Hay jóvenes rehabilitados, pero siguen tatuados, lo que hace que se vean como que siguen en la pandilla".

De la totalidad de solicitudes pendientes de atender, 693 son hombres y 107 son mujeres. Un 30 por ciento de estos solicitantes es miembro de pandillas.

El 70 por ciento restante son personas que buscan deshacerse de tatuajes artísticos.

Quienes más se tatúan y buscan luego retirarse las figuras tienen entre 26 y 35 años (300 casos), principal grupo de jóvenes en edad económicamente activa.

Pero no todos completan el tratamiento. Cerca del 45 por ciento cambia de teléfono y no se puede contactar con ellos. Otros piensan que el tatuaje se les quitará en una semana. Además, a veces, las personas no tienen un solo grabado en su piel, sino más de 10.

La mayoría que se borra los tatuajes, al menos en las clínicas de Injuve, es de clase media y baja, con estudios de primaria y secundaria, y que por lo general no tienen empleo.

"Estos últimos se ven en la necesidad de borrárselos porque no pueden acceder a un mejor empleo ni tienen posibilidades de ascenso", manifestó una de las doctoras que labora para el Instituto.

Que solo sean 800 en proceso de remoción no quiere decir que a escala nacional, destacados empresarios, comerciantes y profesionales no tengan tatuajes en sus cuerpos, como es el caso de una buena parte de artistas o personajes de la farándula.

Proceso de remoción

El Injuve cuenta con dos máquinas láser de alta tecnología para remover tatuajes e igual número de ejemplares cuya su función es refrigerar la piel para que el proceso sea menos doloroso, dada la sensibilidad que crea el procedimiento.

Estos equipos fueron entregados en 2010 bajo el Convenio de Cooperación para el Apoyo de la Rehabilitación y Reinserción de jóvenes en el país. En promedio, las dos clínicas atienden a 12 pacientes por día, desde las 7:30 de la mañana y las 3:30 de la tarde, de lunes a viernes.

Cada reunión dura entre 20 y 30 minutos. El paciente es intervenido según sea el tamaño y la profundidad del tatuaje. Las intervenciones en cada usuario son ofrecidas cada cuatro o seis semanas, tiempo que tarda la piel en restablecerse para volver a ser sometida al procedimiento.

La sensación que queda en la piel luego de la intervención deja una especie de ardor similar al de una pequeña quemada, explicó la médica.

Para garantizar el tratamiento y evitar molestias en el paciente, este no debe asolearse ni rascarse. No requiere de antibiótico porque los riesgos de infección son mínimos, sin embargo, los pacientes deben aplicarse pomadas líquidas o crema humectante.

La lubricación de la piel ayuda a que el paciente controle la sensación de picazón.

La eliminación completa de tatuajes depende, por ejemplo, del tipo de tinta utilizada. La negra y la azul se evaporan mucho más rápido que las de colores. Requiere de seis a ocho sesiones para desaparecerlos.

Mientras que eliminar los demás colores demanda más en ocasiones hasta 12 sesiones, dada la saturación que se necesitó para alcanzar el pigmento deseado en el tatuaje.

Garantía

Por la manera en que operan las máquinas láser, en la que no hay necesidad de abrir la piel, sino mediante la evaporación de la tinta, el procedimiento no deja manchas ni cicatrices.

La eficacia del proceso está supeditada a que el paciente siga las recomendaciones médicas. También dependerá del tipo de piel de cada paciente y el tiempo que tenga el tatuaje. Mientras más largo es el periodo más trabajo se necesitará para su remoción.

Influye, por otra parte, si el tatuaje fue realizado con máquina o de forma artesanal.

En los casos en los que el tatuaje fue hecho con métodos caseros, la profundidad a la que llegó la tinta puede ser mayor de un milímetro (que es la profundidad alcanzada a nivel profesional) y ello complicaría la eliminación.