San Lorenzo: En las garras de la mara 18 y el descuido policial

Plagio de un niño ha derivado en un ausentismo de más del 50 % en la escuela donde estudiaba

Según maestros de la escuela de San Lorenzo, luego del secuestro de un niño de parvularia, la asistencia de escolares ha bajado en más del 50 por ciento. De 22 alumnos de parvularia, solo seis asisten hoy. Foto EDH / René Estrada

Los secuestradores de José R., el niño de siete años que vivía en San Lorenzo, actuaron con bastante cálculo. Sabían que era muy remoto que la Policía reaccionara rápidamente.

Este hecho fue cometido el 18 de abril pasado, en el cantón San Lorenzo, en Sensuntepeque, a las 7:00 a.m., cuando el niño se dirigía a la escuela del cantón, donde estudiaba parvularia.

Antes de llevarse al infante fueron hasta la casa donde vivía, para cerciorarse de que aún no había salido hacia la escuela. Ahí, enfrente, retornaron y se estacionaron varias cuadras adelante donde lo atraparon.

Al hermano mayor que lo acompañaba, le entregaron un teléfono para hacer las negociaciones. Le indicaron que se regresara a su casa. Luego salieron de San Lorenzo.

Pasaron frente a la escuela con los cristales de las ventanas abajo. Nadie sospechó nada. La distancia que el hermano debía cubrir a pie desde el sitio del secuestro hasta entregar el teléfono les daba el tiempo suficiente para escapar del área de secuestro.

Al cabo de 20 minutos, varios investigadores llegaron a la escuela a preguntar si allí estudiaba el niño secuestrado. Pero llevaban un nombre distinto que no encajaba con los registros del centro escolar.

Hubo exigencia de rescate, una suma muy elevada.

Pero por alguna razón, los secuestradores al cabo de 10 horas decidieron liberar al niño. Los vecinos del lugar creen que lo liberaron al sentir la presión social y la presencia policial, aunque esta no fue tan escandalosa como cuando mataron al policía en el caserío Los Trozos.

Lo cierto es que entre las 5:00 y la 5:30 del mismo 18 de abril, el niño apareció en un tramo de la carretera Longitudinal del Norte, en el desvío hacia San Lorenzo.

Lo vieron bajar de un microbús de transporte colectivo que llega al cantón El Volcán, ubicado siempre sobre la Longitudinal del Norte, en dirección a la presa 5 de Noviembre. Ese fue el mismo rumbo que vieron tomar al carro rojo en que lo secuestraron.

Los pandilleros no recibieron ni un centavo por el rescate. Tampoco fue la Policía quien rescató al niño.

Ausentismo escolar

El secuestro de José ha derivado en ausentismo en el centro de estudios al que el niño asistía. De 22 infantes inscritos en el curso de parvularia, el martes anterior solo seis llegaron clases, según constató El Diario de Hoy.

Pero el fenómeno no sólo se da en parvularia a donde el director de esa escuela calculó que a partir del día siguiente del secuestro, la asistencia disminuyó en más del 50 por ciento, según indicaron profesores de la escuela.

De acuerdo con algunos padres de familia, el secuestro de José es una muestra de que la pandilla asentada en San Lorenzo y sus caseríos cumplen sus amenazas.

A la familia de José ya le habían advertido de que si interrumpían las entregas de dinero que como extorsión daban a miembros de la pandilla 18, entonces le harían daño a José o a su hermanito, un año mayor.

Esto lo sabe cualquier estudiante de la escuela de San Lorenzo, como cualquier vecino de los caseríos aledaños.

Incluso se sabe en el caserío Los Trozos, de donde es originario El Buitre, el jefe de la pandilla que se supone ha ordenado extorsionar a varias familias que tienen parientes en Estados Unidos, según afirman diversas fuentes a El Diario de Hoy.

Jonathan e Ismael son dos de los mareros que ejecutan las órdenes de El Buitre, quien supuestamente está relacionado directamente al secuestro de José, según fuentes policiales que hablaron a condición del anonimato.

El Buitre tiene también bajo su mando a Abel y a Wilson, otros dos pandilleros. El primero de éstos fue, según se dice en el caserío Los Trozos, el que disparó a Erick Alberto Mejía, el policía asesinado el pasado 5 de febrero en ese caserío tras perseguir a Abel.

De acuerdo con fuentes de El Diario de Hoy, el sector de operación de El Buitre y su pandilla comprende el cantón San Lorenzo y los caseríos Caña Brava, Los Llanitos, Los Trozos y El Bejuco; y el cantón El Volcán, así como otros aledaños.

De la tranquilidad al domino de la pandilla

Hace tres años, San Lorenzo y sus caseríos era una zona tranquila. Con hechos de violencia esporádicos, como en cualquier lugar salvadoreño, ejecutados por mareros que incursionaban repentinamente al ese sector.

Sin embargo, desde hace aproximadamente dos años y medio, el panorama de seguridad cambió drásticamente. En ese cambio, afirman algunos vecinos, incidió la presencia de Jonathan, un joven que llegó de Ilobasco a vivir cerca del cementerio de San Lorenzo, junto a sus abuelos.

Jonathan es reconocido en San Lorenzo como un supuesto vendedor de drogas (marihuana y crack) a los jóvenes lugareños.

Este joven, al poco tiempo comenzó a llevar a otros pandilleros de Ilobasco. La tranquilidad se fue esfumando de San Lorenzo y sus caseríos.

Pero no sólo a Jonathan señalan de haber ahuyentado la tranquilidad. En eso tiene mucho que ver un adulto que les dio posada en uno de sus terrenos a una familia que por ser malos vecinos tuvieron que marcharse del cantón El Volcán al cantón San Lorenzo.

Varios jóvenes de esa familia que vive cerca del cementerio están vinculados a la pandilla 18.

Retiran puesto policial por presiones

Hasta hace algunos meses, cerca de la iglesia católica del caserío El Llano, del cantón San Lorenzo, había un puesto policial. De alguna manera, la gente se sentía un poco más tranquila, explican.

Sin embargo, las quejas por supuestos abusos policiales cometidos contra lugareños derivaron en el retiro de los agentes policiales.

Los lugareños explican que fue una estrategia que usaron mujeres parientes de pandilleros que viven cerca del cementerio, pues era a estos a quienes la Policía solía detener y registrar.

Madres, hermanas, mujeres y otros parientes de pandilleros, en su mayoría, fueron hasta la Delegación policial de Sensuntepeque a pedir el retiro de la Policía por supuesta brutalidad ejercida contra jóvenes.

Desde entonces, Jonathan y sus cómplices no tienen ningún impedimento para continuar con su venta al detalle de drogas, afirman las fuentes.

Los vecinos que resienten el retiro del puesto policial dicen que los policías registraban a cada momento a mareros o a jóvenes vinculados a éstos.

Afectados continuamente por las extorsiones en Los Trozos y sus alrededores viven muchas familias que tienen hasta tres parientes en Estados Unidos, según los mismos lugareños que reciben las remesas.

Y los pandilleros y sus familias viven a expensas de esas remesas. El desvío de la calle de tierra que lleva al caserío Los Trozos, dicen lugareños, es el punto de referencia a donde varios extorsionados han ido a entregar 500, mil y hasta cinco mil dólares a los pandilleros que operan en ese sector. Saben que ese dinero va a parar a manos de El Buitre.

Varias de las personas extorsionadas saben perfectamente que Ismael y otros pandilleros sólo hacen el contacto con las familias, cumpliendo órdenes de El Buitre, quien también se mantienen en un sector del caserío Los Llanitos.

Contrario a lo que sucede con algunas familias de pandilleros, la de El Buitre parece que no se beneficia con el dinero que éste recoge de extorsionar a sus vecinos.

La madre del pandillero sospechoso aparenta no ocultar los disgustos que la supuesta mala fama de su hijo causa.

La mujer vive en una vivienda sencilla; los hermanos menores de El Buitre lucen descalzos, con ropas sucias. La pobreza en esa casa es evidente. Se palpa.

"Mire, yo aquí lo tuve bajo mi dominio hasta los 16 años. Pero cuando comenzó a juntarse con malas amistades él se fue y yo no sé nada más de él. Solo sé que de él no puedo esperar una buena noticia, solo que me digan que está preso, en el hospital o que lo mataron", explicó la mujer.

"Si van allí tengan cuidado, porque allí si está feo", fue la recomendación que una mujer dio al equipo de El Diario de Hoy cuando se le preguntó cómo llegar a Los Trozos.

A pesar de la alta incidencia delincuencial de la 18 en el cantón San Lorenzo y sus caseríos, no hay grafitis alusivos a esa pandilla por ningún lugar de esas comunidades.

No obstante, el dominio de ese territorio lo han consolidado a pulso de hechos violentos. El más significativo fue el asesinato de un policía, el pasado 5 de febrero.

Los grandes ausentes

El martes anterior, El Diario de Hoy intentó conocer la posición de la Delegación policial de Sensuntepeque, a la cual corresponde la seguridad pública del cantón San Lorenzo; sin embargo, un inspector de apellido Arrazabal, que en ese momento era el oficial de más graduación dentro de la delegación, dijo que no estaba autorizado para hablar de aspectos de seguridad.

El silencio policial evitó conocer el por qué luego del secuestro la Policía continúa ausente de San Lorenzo, así como el por qué no proceden a la captura de Abel, el pandillero que mató al policía.

El asesinato del agente policial más el secuestro de José han acabado por convencer a los residentes de que en San Lorenzo y sus alrededores, pandilleros de la 18 hacen cuanto quieren sin que las autoridades los persigan.

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