Angustiados por extorsiones en los Planes de Renderos

Transportistas temen que oportunistas se estén aprovechando Chantajes provocan pánico y silencio en comerciantes de la zona En un caso, sujetos exigieron 15 mil dólares y de no cumplir lanzaron amenazas de muerte

En los Planes de Renderos los comerciantes no se atreven a hablar de las extorsiones por temor. Foto EDH/ lissette lemus

"Un reo me pidió 15 mil dólares en un mensajito de texto de un teléfono celular, porque según ellos tenía dos años de no pagarle la renta". Así se expresó un empresario de una línea de transporte colectivo de la zona sur de San Salvador.

Días después el extorsionista llamó al transportista para asegurarse de que se le hiciera efectiva la exigencia.

La víctima trató de aclararle que la empresa había pagado con puntualidad las cuota exigida por esa mara, pero el chantajista respondió que a él no le habían participado nada y que según sus cuentas le debían 15 mil dólares.

Más tarde la víctima supo que quien lo estaba extorsionando era un interno de fase de confianza, quien se identificó no como pandillero, sino como miembro de una banda criminal.

Lo peor, que el sujeto que llamaba lo hacía mientras participaba de un culto que se celebraba en el penal, pues se escuchaba la predicación de un pastor.

"El hombre dijo que la mara no le había dado nada a él del dinero que la empresa había pagado y dijo que reclamaba lo que le correspondía", recalcó el transportista.

Con esos mensajes se fueron a la Policía Nacional Civil para poner la denuncia, pero el agente que tomó el caso "me recomendó que primero nos investigáramos bien entre nosotros, porque en nosotros estaban los extorsionistas".

La empresa tomó la decisión de no dar el dinero que el prisionero había pedido y acordó hablar con el jefe de la pandilla para exponerle el caso y seguir sus recomendaciones.

En las condiciones que está el país, a las víctimas se les hace más beneficioso y más seguro negociar directamente con las maras para su seguridad que con la misma Policía Nacional Civil. Esto porque en varios casos, según la víctima, los delincuentes operan de la mano de policías corruptos, quienes cobran una parte de lo que los pandilleros roban a las personas.

"Lo que nos ha venido a afectar ha sido eso de la tregua, porque ahora hasta los reos que se consideran estar reformados y listos para regresar a la sociedad están pidiendo dinero", manifestó.

El transportista dijo que la situación financiera de la empresa está difícil, porque aparte de los chantajes deben abonar 1,200 dólares por mes para amortizar una deuda por adquisición de microbuses.

Advertencias

Hace unos meses un microbús fue atacado a balazos por varios sujetos armados. Del hecho no se brindó mayor información, pero algunos pasajeros consideraron que eso se trataba de una advertencia a los transportistas.

Tampoco se reportaron víctimas humanas.

Meses antes, de forma extraoficial se supo que las pandillas habían exigido a una ruta de transporte colectivo, que por razones de seguridad se omite el nombre, tres mil dólares en un solo pago.

Un empresario negó a El Diario de Hoy que esos hechos y exigencias hayan sido ciertos.

Sin embargo, en uno de los estacionamientos de las rutas se observó un microbús con el parabrisas trasero totalmente destruido y fuera de circulación.

El desprestigio que las pandillas han dado a la tregua ha calado hondo en algunos pasajeros de las rutas del sur de San Salvador.

Uno de los usuarios afirmó que uno de los pandilleros que se sentó a la mesa que se instaló en colonia Florencia en Panchimalco recientemente para anunciar su deseo de unirse al plan del cese de violencia hace un mes es el mismo que está llegando a extorsionar a los transportistas.

Testigo de chantaje

Como ejemplo de la ola de extorsiones que está siendo objeto el transporte colectivo de pasajeros sucedió que mientras un equipo de El Diario de Hoy entrevistaba a un transportista, una mujer había llegado a exigir cinco dólares por cada unidad a una de las rutas de microbuses de la zona sur. La exigencia fue a uno de los empleados de la ruta.

Al parecer, el empleado en el mismo momento comenzó a pagar su primer cuota, tras ser convencido por la mujer, quien dijo que había llegado de parte del "Brother" del barrio Modelo, al sur de San Salvador.

Empleados de otra ruta de la misma zona han denunciado que son extorsiones en el trayecto.

Otros empleados que brindan el servicio en la zona afirmaron por separado que no ven diferencia (disminución o alza) en las exigencias de dinero.

Estiman que mientras los socios de la empresa de microbuses estén al día con sus pagos, los empleados no ven problemas de los "renteros".

Pero los trabajadores ven el problema desde diferentes puntos de vista: unos estiman que la irregularidad se ha incrementado en los últimos días, en cambio otros piensan que los extorsionistas se mantienen con las cuotas que siempre han exigido.

Uno de los cobradores afirmó que hay días en que los delincuentes los despojan de todo el dinero que han hecho en el recorrido, el cual es de 25 a 30 dólares.

Robos en cascada

Cuando se ponen "difíciles", los delincuentes despojan a ocho unidades en un solo ataque. También hay casos en que una misma unidad es asaltada hasta en tres ocasiones en el día.

Según relató una víctima, los sujetos no tienen lugares para abordar a su víctima; sin embargo, destacan zonas como el centro de San Salvador, trayecto hacia Panchimalco, Planes de Renderos o viceversa. Estos atacan en grupos de hasta seis sujetos, algunos con armas de fuego o arma blanca, quienes se suben a las unidades y luego exigen el dinero realizado en el recorrido. Conociendo el peligro que representa ese tipo de hechos, sin mayores problemas los microbuseros acceden a las peticiones de los sujetos, sólo que se aseguran de no mostrar sus teléfonos celulares, porque también se los arrebatarían, para no ser delatados de inmediato ante la PNC.

Minutos después de estos atracos, los motoristas o cobradores de la unidad afectada se ponen en contacto vía teléfono celular con su superior o patrón para informarle que han sido víctimas de los ladrones.

En algunas ocasiones los empresarios aceptan la pérdida, pero en otras entran en sospechas de que se trata de autorrobo o autoextorsión; sin embargo, las circunstancias colaterales los ayudan para que les crean, explicó un trabajador.

De este flagelo no solo a las pandillas se vinculan, sino también a sujetos oportunistas que valiéndose de las circunstancias de las maras atacan en su nombre.

Zona de restaurantes

Hasta hace unos meses la zona de restaurantes había estado exenta de las amenazas de los asaltantes y extorsionistas, pero últimamente algunos han contratado seguridad privada.

La vigilancia privada en los restaurantes ha sido en respuesta supuestamente por la proliferación de extorsiones.

Un empleado manifestó que del tema a nadie le gusta hablar, porque los comerciantes han entrado en un clima de desconfianza.

Uno de los empleados de los restaurantes afirmó que el nivel de seguridad en la zona es aceptable, aunque no descartó que un 30 por ciento de los comerciantes está siendo afectado por las extorsiones.

En un recorrido que hizo El Diario de Hoy por la zona de los Planes de Renderos se pudo verificar el nivel de preocupación de los comerciantes.

Éstos procuran no detenerse a conversar con extraños y aseguran que sobre la vía no hay problemas porque a cada momento está siendo patrullada por la Policía.

En el fondo, el temor de los comerciantes es que la mala fama se vaya a extender y les ahuyente la clientela.

No se descarta que los chantajes se estén cometiendo a espaldas de las mismas autoridades policiales.