El deportado que mandó toneladas de coca a EE.UU.

Autoridades guatemaltecas y salvadoreñas dicen que movió más de 10 toneladas droga

Yates y motos acuáticas se cuentan entre bienes del Repollo, ahora en manos de las autoridades. Foto EDH / Archivo

El Repollo, como es conocido Jorge Ernesto Ulloa Sibrián, no siempre vivió con riqueza, con muchos inmuebles o cuentas millonarias, como dijo el director de la Policía Nacional Civil, Francisco Salinas.

Ulloa Sibrián, junto a 13 personas más, es procesado por el delito de tráfico de drogas. La Fiscalía lo acusa de transportar no menos de 10 toneladas de cocaína hacia Estados Unidos, producto de lo cual, ha manejado una millonaria fortuna que tiene en bienes inmuebles y en cuentas bancarias, incluyendo algunas de éstas en las Islas Caimán, según explicó Salinas.

Las imágenes más antiguas que de él tienen algunos de sus conocidos es cuando él se ganaba la vida vendiendo verduras por las calles del municipio de San Marcos, junto a n un pariente cercano.

Emigró de forma ilegal a Estados Unidos con el fin de salir de la pobreza. Pero falló.

Fuentes de investigaciones y parientes cercanos del Repollo, recuerdan aquellos días cuando vino deportado de Estados Unidos. Venía sin mucho. De eso hace unos 18 ó 20 años. Vino sin nada, como viene cualquier deportado al país.

Tanto así que tuvo que vivir de arrimado en una casa de las cercanías del mercado Central, en San Salvador, en la que un sujeto a quien recuerdan que le apodaban Chucho, le dio dónde vivir.

El Chucho vendía llantas en las proximidades del cementerio de Los Ilustres, cerca del mercado Central. Pero también vendía drogas.

Pero al poco tiempo, en cuestión de meses, ya el Repollo supuestamente se había metido también en la venta de drogas. Él mismo la iba a traer a Guatemala, por la frontera Las Chinamas, donde también tiene varios inmuebles, según las fuentes de este Diario.

Riquezas de la noche a la mañana

El levantón económico fue súbito. Muchos en San Marcos sabían a lo que se dedicaba. Y los amigos comenzaron a abundarle.

Entre esos amigos estaba José María, un mecánico, y Fausto, un motorista. Ambos eran los más allegados.

Ya con bonanza económica, en San Marcos apareció el taller San Jorge que en apariencia es de José María, quien bautizó así a el negocio porque en realidad el dinero era del Repollo.

Posteriormente, Ulloa Sibrián se compró una casa en una residencial exclusiva carretera al Puerto de La Libertad. Muchos la conocieron porque, como en casi todas sus propiedades, tenía esculturas de cemento en la fachada. Hay quienes dicen que eran dos leones sentados.

Una vez afincado como vendedor de drogas, comenzó a comprar propiedades en San Marcos y en el resto de San Salvador, incluyendo la casa donde vive una familiar cercana, quien también aparece implicada en el movimiento de dinero en efectivo hacia el sur de Centroamérica, juntamente con su esposo, a quien en las investigaciones solo se le identifica como Jorge N.

Para entonces ya en El Salvador se relacionaba al menos con un hombre de origen cubano que residía en Ciudad Merliot. Este, posteriormente, regresó a Estados Unidos.

Al Repollo las autoridades salvadoreñas comenzaron a pisarle los talones aproximadamente desde 2007.

Desde ese entonces, personal de la División Antinarcóticos de la Policía ya tenía en su haber mucha información contra Ulloa Sibrián y varios de sus compinches en San Marcos, incluyendo a José María H., a quien una vez los mismos policías le gritaron que ya lo tenían "cuadriculado como vendedor de droga".

Uno de los agentes que observó esa escena cuenta que Chema, el aparente propietario del taller mecánico en San Marcos se quedó pálido y se esfumó tan rápido como pudo.

Pero, incluso después de 2007, el Repollo siguió viviendo en El Salvador sin que la Policía se atreviera a capturarlo, muchos se preguntan el por qué.

Otras fuentes de este Diario dentro de la PNC aseguran que era por los contactos que Ulloa Sibrián tenía en la corporación: a fuerza de sobornos, hacía archivar varias investigaciones en su contra. Solía decir que "no le preocupaban" las investigaciones locales porque tenía buenos contactos. Y así parecía ser.

Como cualquier otro narco, el Repollo logró hacer cómplices a varios miembros de la corporación. Al parecer, la DEA (Agencia antidrogas de los Estados Unidos) sabía de esos contactos e informaron a las autoridades policiales. Pero, al parecer, hicieron caso omiso.

¿Más fuerte que algunos de Los Perrones?

Al igual que varios salvadoreños supuestos comerciantes pero señalados de ser traficantes de drogas, como Juan María Medrano Fuentes (Juan Colorado) o Edwin Reinaldo Argueta (El Porras), el Repollo también se daba sus lujos peo de manera más discreta, aunque evidentemente tenía más poder económico que ambos, explican fuentes vinculadas a la investigación antidrogas.

Ante las evidentes investigaciones, Ulloa Sibrián decidió radicarse en Guatemala, poco después de que fuera investigado por matar a Juana Guadalupe Reyes Saravia, una de sus varias concubinas.

De acuerdo con las fuentes policiales, la prosperidad del Repollo radica en que era él mismo quien iba a traer la droga que tenía que pasar hacia Guatemala y la que dejaba en El Salvador, mucha de la cual se comercializaba en San Marcos.

En su afán de cubrir bien sus diversas rutas de traslado de droga, según las fuentes, Ulloa Sibrián adquirió a través de testaferros decenas de inmuebles: fincas, ranchos de playa, casas en lujosas residenciales y casas sencillas en zonas rurales de los departamentos de La Paz, La Libertad, Ahuachapán y San Salvador.

Muchos de esos inmuebles o negocios no han sido intervenidos aún. Solo en San Marcos y San Pedro Masahuat podría tener más de 50 propiedades con diversas fachadas: pupuserías, tiendas bien surtidas, talleres automotrices y con cultivos diversos.

Esa misma estrategia usó en Nicaragua y Costa Rica. Las fuentes dicen que Ulloa Sibrián podría tener decenas de propiedades en San José, Costa Rica, en Managua, Nicaragua, y diversos lugares de Guatemala, pasos obligados en la ruta usada Ulloa Sibrián.

De acuerdo a investigadores, en organigramas elaborados por las autoridades, faltarían ocho personas por capturar, ligadas a la red del Repollo; sin embargo, según las fuentes, esa es solo una ínfima parte de toda la estructura, pues las autoridades no han vuelto su mirada hacia el occidente salvadoreño, donde Ulloa Sibrián tiene muchos colaboradores, especialmente en pueblos cercanos a la frontera con Guatemala.

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