"Los pandilleros se han dado cuenta de que el control territorial les da control político"

El periodista estadounidense Douglas Farah, quien ha tomado el pulso a El Salvador desde los cruentos años de la guerra en la década de 1980, presentó el "Estudio sobre las pandillas centroamericanas y organizaciones transnacionales del crimen" para un importante centro de análisis en Washington.

El estudio elaborado por el periodista estadounidense Douglas Farah para el Centro Internacional de Evaluación y Estrategias con sede en Washington pone sobre la mesa varios de los tópicos sobre las acciones de las pandillas y las relaciones que surgen de estas estructuras con el crimen organizado. El investigador, que funge como analista principal de ese tanque de pensamiento, cuenta con una larga trayectoria como corresponsal de prensa extranjera desde El Salvador y otros países de América Latina para medios tan destacados como The Washington Post.

En entrevista exclusiva con El Diario de Hoy, Farah analiza algunas encrucijadas que atañen el proceso de negociación de las pandillas en El Salvador para poner fin a la violencia, pero reitera y resalta la oscura participación del Gobierno en el proceso.

¿Cuándo inició su observación del fenómeno de las pandillas para alimentar este informe?

Yo comencé a ver la cuestión de las maras en el año 1995; hice la primera nota internacional grande en contacto con las maras y cómo se habían involucrado al crimen organizado en esa época. Lo que era interesante en ese tiempo, y poca gente se acuerda, es que entre los líderes de las pandillas, además de los que llegaron deportados de Estados Unidos en la MS-13, había muchos combatientes de ambos lados. La clica donde yo fui esa vez a Santa Tecla, el comandante había sido de las Fuerzas Especiales del FMLN, y el segundo al mando había estado en el Batallón Atlacatl, ahí se veía cómo se estaba armando la cosa.

¿Hacia delante qué es lo que ha pasado?

En los últimos años lo he seguido otra vez, porque me parece un tema fundamental para el estado de derecho, no sólo en El Salvador, sino en Centroamérica y cómo va a sobrevivir y adaptarse a las instituciones de justicia, la sociedad civil y todo el sistema democrático que está en juego, no solo con las pandillas, sino con el crimen transnacional que ha puesto a la región en una posición terriblemente debilitada institucionalmente.

¿Qué nuevo propone el estudio que usted ha elaborado?

Es tratar de explicar, más que nada a la gente de Estados Unidos, cómo surgió el fenómeno de las maras, porque hay mucha preocupación, pero pocos saben de la responsabilidad de EE.UU. de enviar a miles de jóvenes deportados desde las cárceles aquí hacia esos países desde los 90 hacia delante. Enviaron esa gente a países que estaban saliendo de situaciones de conflictos sin ninguna institucionalidad y sin avisarles, entonces, los países centroamericanos no sabían, no se prepararon y no estaban en condiciones de hacer nada y eso dio el espacio para que las maras se convirtieran hasta llegar a donde están.

¿Qué elementos se pueden destacar en la investigación?

Estoy viendo la situación y tratando de analizar cómo han cambiado las pandillas, donde se ve una cosa más política, no en el sentido de crear un partido político, pero sí yo estuve hablando con ellos en el penal de Ciudad Barrios (en San Miguel) y ellos se han dado cuenta de que el control territorial les da un control político, porque ellos pueden decir 'Bueno, vamos a dar en este lugar 100 mil votos a un partido político, cualquiera que sea', entonces, creo que los jefes tiempo atrás pensaban en chico, pero ahora, con la tregua y la negociación que se ha hecho, se han dado cuenta de que pueden aspirar a mucho más.

¿Eso sería un punto muy delicado? Claro, porque dicen 'Tenemos acceso al Gobierno', y a mi juicio, la tregua depende exclusivamente de las maras, porque ellos toman la decisión de dejar de asesinar y al momento que quieran reactivan eso y el Gobierno pierde todo lo que cree que ha ganado en estos meses. Creo que es un momento muy importante para El Salvador, las zonas de paz y todo lo que están hablando es un riesgo bastante elevado para el Estado. El hecho de que en Ilopango ya aparecen los jefes de las clicas con el alcalde para anunciar ciertas cosas indica que ya están asumiendo un poder político real en lugares específicos y eso va a seguir creciendo.

¿Cree que esto agudizaría la fragmentación de la sociedad? Está claro que para los jefes de las maras, por las recientes entrevistas que hice en la cárcel, es que su aspiración no es integrarse a la sociedad civil, porque ellos quieren que las maras mantengan la estructura (con la tregua). La estructura de las maras no está en negociación, no es como el FMLN durante la guerra, que tenía que negociar cómo entregar las armas; ellos están buscando los espacios para ser otra entidad dentro de la región, fuera del control del Estado, eso es un riesgo muy grande.

Desde Estados Unidos, que sería un corresponsable en el fenómeno, y viendo cómo ahora pone categoría a las pandillas y las ubica como segunda amenaza a la seguridad nacional y en la lista del crimen organizado, ¿qué se puede esperar desde EE.UU.?

El Departamento de Estado ha sabido decir que ve con preocupación la cosa, pero como es un asunto interno de El Salvador es difícil que Estados Unidos tome una posición muy fuerte, pero creo que sí están conscientes de los riesgos. Quizá no quieran juzgar si es bueno o malo, pero sí piensan que hay riesgos en la situación. El problema para Estados Unidos son los lazos internacionales y cómo se relacionan (…) es un riesgo que ellos se vayan fortaleciendo en el exterior para mandar y tener más impacto acá.

¿Qué consecuencias pueden tener las negociaciones de jefes de pandillas con personeros de la clase política?

Un gobierno soberano puede negociar con quien quiera lo que sea, pero lo que veo de la tregua con las maras es que el Gobierno ha sido totalmente opaco; además no se sabe qué pasa ahí. Munguía Payés ha dado ocho o 10 versiones de cómo llegó la tregua, una falta de transparencia total, y para mí es la preocupación más grande de lo que hay detrás de todo esto; a mí me indica que hay algo oscuro ahí que no quieren definir.

¿Tampoco hay precedentes?

Yo viví una experiencia cuando estaba en Colombia, después de la guerra en El Salvador, y cuando Pablo Escobar estaba construyendo su cárcel de lujo, yo escribí porque sabía de las negociaciones secretas y lo que estaba pasando, y el presidente de Colombia me llamó para reclamar que por qué estaba escribiendo sobre eso. Yo le dije, la misma cosa: "Usted como presidente puede negociar lo que quiera, pero lo que no tienen derecho es de hacer y decir que no están negociando cuando en realidad están negociando(…)". Para mí ahí está el punto más delicado en este proceso, la falta de transparencia con la tregua.

¿Y la sociedad civil qué papel está jugando?, porque se le ve arrinconada y hasta cierto punto asustada.

Eso es por la falta de transparencia, la gente no sabe qué pasa ahí, si puede durar o no. ¿Cuántos muertos escondidos hay? Y toda esas cosas, nadie sabe. Aunque hay que reconocer que el nivel de violencia bajó, sin duda alguna y eso es algo bueno que merece reconocerse, pero ahora hay indicadores muy fuertes sobre que ha ido subiendo, no a los niveles anteriores, pero siguen las cárceles clandestinas, gente desaparecida y todo eso que estamos escuchando, que indica que la negociación no surgió sobre una base sólida.

¿Las pandillas están realmente alineadas con el crimen organizado?

El documento era para revisar la relación de las maras con grupos del narcotráfico, porque hay mucha gente aquí en Estados Unidos que cree que son brazo operativo de los carteles mexicanos, yo diría que no es así. Hay un número limitado de clicas que se han vinculado a las redes de transportistas, que sí están dentro de los carteles. La mayoría de las maras tal vez esté en el narcomenudeo, pero no han pasado a más.

¿Pero cree que estarían tratando de unificar esas estructuras para fortalecerse?

Creo que es la aspiración de las maras, de llegar a ser creadores más grandes, por lo menos de un sector importante de estas estructuras. El problema es que los carteles grandes, que no tienen una presencia tan fuerte en El Salvador para controlar todo, es un riesgo meterse con las maras, porque no son tan fiables y ellos controlan el territorio. Hay que negociar con ellos para que pase el producto, sin duda, pero yo creo que los carteles, Sinaloa, Golfo y los Zetas están cautelosos de cómo operan las maras. Tampoco tienen fuerzas para combatirlas y debilitarlas, entonces dirán: dejémoslo como está, paguemos por pasar y listo.

¿Entonces el crimen organizado estaría pagando una extorsión también?

Así es. También hay que ver que las maras están en una etapa de transición muy importante, ni ellos mismos saben dónde estarán en seis meses, pero han seguido pidiendo cosas en las negociaciones, y siguen dando, y cuando hablo con ellos me dicen: "Nosotros nos sentamos a hablar con esta gente (negociadores), pedimos estas cosas y se nos dieron". Siguen pidiendo más y les dan.

¿Qué papel están jugando, a su criterio, los medios de comunicación en esto? Vemos que en El Diario de Hoy, por ejemplo, hay posturas antagónicas en las páginas de opinión.

Está bien, ese es el debate que se tiene que dar, pero el gran ausente en ese debate es el Gobierno, porque no hay liderazgo; tampoco existen sectores importantes de la empresa privada que puedan decir "estamos de acuerdo en esto o aquello". Al final de cuentas, los que van a cargar el peso de cualquier negociación son los pueblos donde esa gente vive. ¿Y dónde buscar apoyo? en el sector privado, para que les dé empleo, si no incluyen a ese sector desde el principio como han dicho hasta ahora. ¿Por qué vamos a apoyar eso, si ellos mismos nos están extorsionando?

Ya está abierta la campaña electoral en El Salvador para las elecciones presidenciales de 2014. ¿Qué implicaciones podrían haber con las pandillas en juego?

Eso es peligroso, va a haber grupos o sectores de los partidos grandes que estarán tentados a buscar acuerdos con las maras para tener apoyos en algo, porque está claro que si la mara en Soyapango decide entregar sus votos a un partido, lo hacen, y pueden decir a sus familiares y a la gente de la comunidad voten por uno o por otro. Es un poder real, y ellos están muy conscientes de eso, según lo reflejan las conversaciones que he tenido recientemente con ellos.

En las conferencias de prensa a los pandilleros se les escucha muy articulados y con un discurso bastante contundente.

Es una cosa muy notable, y hablando con otra gente que ha estado más reciente que yo, es el cambio de lenguaje en los líderes de las maras en las cárceles, hoy te dan todo un discurso, explicando que son responsables de lo que ha pasado, pero aceptando su estado de víctimas también, pero es un lenguaje muy sofisticado, con una coherencia. El nivel educativo y de enseñanza que están teniendo de alguna parte está teniendo un impacto fuerte.

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