Maras aprenden náhuatl

Informe estadounidense señala evolución de pandillas a nivel de organización de crimen organizado y su incursión en la política del país

En el marco de la "tregua entre pandillas", estos grupos han hecho dos entregas de armas para que autoridades las destruyan.

En un afán de volver seguras sus comunicaciones, aunque sean interceptadas y escuchadas por las autoridades, la Mara Salvatrucha (MS-13) en El Salvador ha ordenado a algunos de sus miembros estudiar náhuatl para crear un código indescifrable para los oyentes intrusos.

Así lo revela un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), un tanque de pensamiento de Estados Unidos, realizado por el investigador Douglas Farah, y publicado el pasado 23 de febrero.

De acuerdo con el documento, tanto la MS-13 como la pandilla 18 están trabajando rápidamente para contrarrestar las interceptaciones y escuchas telefónicas, debido a que es el medio más utilizado por pandilleros tanto en prisión como fuera de estas para dirigir sus actividades delincuenciales.

El Salvador aprobó en 2010 una ley que permite intervenir las comunicaciones y usarlas como pruebas en procesos judiciales.

A mediados de 2012, la Fiscalía General de la República puso en marcha el Centro de Intervenciones Telefónicas (Cite) que semanas después rindió sus primeros frutos al arrestar a 14 miembros de la clica (agrupación) Cristo Redentores Locos Salvatruchos por cargos de extorsión a varios empresarios.

El informe indica que la estructura criminal de la MS-13 "está enviando miembros para estudiar el náhuatl y otras lenguas indígenas regionales casi extintas, la mayoría de esas lenguas con menos de cien hablantes nativos".

El propósito que persigue la estructura criminal, según el informe, no es lograr fluidez en el manejo de esas lenguas, sino aprender el suficiente vocabulario para, a partir de eso, desarrollar un código indescifrable para ser usado entre la misma estructura.

La gran ventaja que ven los pandilleros de la MS-13 en lo anterior es que solo un puñado de personas en pocas comunidades indígenas hablan esas lenguas, por lo que las probabilidades de que ese futuro código sea descifrado por parte de autoridades y otros extraños al grupo son escasas, indica el informe.

Los Zetas adiestran a maras en cerro Guazapa

Aunque los entrenamientos de miembros de la MS-13 por parte del cártel mexicano de Los Zetas comenzó a mediados de 2009, según reveló entonces El Diario de Hoy, ahora esos adiestramientos se estarían realizando en algún lugar del cerro de Guazapa, de acuerdo con la investigación realizada por Douglas Farah, experto estadounidense en organizaciones delictivas transnacionales.

Citando como fuentes a mareros MS, el informe indica que "Los Zetas han establecido campamentos móviles de formación en el Volcán (sic) Guazapa, región fuera de San Salvador, en zonas de difícil acceso, donde el FMLN tuvo una vez sus campamentos".

Las fuentes dijeron a Farah que algunos que ya recibieron el entrenamiento han sido contratados para trabajar en México por un salario básico de 400 dólares.

Quienes hicieron las anteriores revelaciones se negaron a cuantificar, según el informe, la cantidad de pandilleros que han recibido tal entrenamiento o cuántos han sido ya contratados por Los Zetas. Se limitaron a decir que no eran muchos.

El cerro de Guazapa, durante el conflicto que sufrió El Salvador de 1980 a 1992, fue un bastión importante para la guerrilla del FMLN, convertido en partido político después de los Acuerdos de Paz.

En el sector de dicho cerro, muchas son las personas que señalan la existencia de armas largas que están en poder de personas que participaron en el conflicto y que se quedaron a vivir en esa zona luego de firmada la paz, en enero de 1992. "También hay informes actuales de los nuevos campos de entrenamiento dirigidos por Los Zetas cerca de Laguna El Tigre, Guatemala, donde un grupo de la MS-13 está recibiendo entrenamiento militar especializado", agrega el documento.

Misiles SAM-7, del Bajo Lempa hacia las FARC

El informe revela que las dos principales pandillas que operan en El Salvador han mejorado su capacidad armamentista, con la adquisición de fusiles AK-47, lanzagranadas y armas ligeras antitanque.

El documento revela que "hay informes creíbles de múltiples fuentes respecto a que la MS-13 participó en el traslado desde Nicaragua de misiles tierra-aire del tipo SAM-7 hacia un mercado clandestino que opera en la región del Bajo Lempa", en el departamento de Usulután.

El autor indica que tres fuentes distintas le dijeron que los SAM-7 fueron vendidos a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

El mismo informe indica que, a finales de 2012, el Ejército colombiano decomisó, por primera vez, un SAM, en el valle del Cauca.

De acuerdo a registros periodísticos, el referido decomiso ocurrió a mediados de noviembre y se dijo que las FARC habrían adquirido ese misil en algún país de la región centroamericana.

El informe de Farah indica además que la zona del Bajo Lempa a donde fueron trasladados desde Nicaragua los SAM-7, era un área dominada por excombatientes de la línea dura de la fracción del Partido Comunista del FMLN durante el conflicto.

El informe referido indica que las maras están mejorando significativamente sus capacidades en armas, las cuales obtienen a través del robo o por compra que hacen a militares de la región.

Muchas de esas armas han ido a parar a manos de estructuras del crimen organizado en México, a cambio de dinero en efectivo o de pequeñas cantidades de drogas que venden en los mercados locales.

Recientemente, El Diario de Hoy publicó un extenso reportaje sobre la venta de miles de granadas de mano fragmentarias M-67, 40 milímetros y de cohetes antitanque LAW por parte de un grupo de militares que ya están siendo procesados por tráfico ilegal de armas.

Dichas armas habrían sido vendidas a emisarios de Los Zetas, en México, hacia donde habrían sido trasladados los explosivos.

El informe añade que las pandillas salvadoreñas estarían adquiriendo mejores armas con el dinero que obtienen a través del Gobierno a cambio de armas, que por lo general se encuentran en mal estado.