Encapuchados sacan de casa a empleado municipal y lo asesinan

Hombres vestidos de negro se lo llevaron esposado

Familiares de José Mauricio González esperaban ayer en las afueras de Medicina Legal, para que les entregaran el cuerpo.

Seis hombres vestidos de negro, portando armas largas y con los rostros cubiertos sacaron de una vivienda a José Mauricio González Martínez, de 37 años, ante la mirada de su mujer e hijos. Se lo llevaron y dos horas después apareció asesinado en un tramo de la carretera Troncal del Norte, en Ciudad Delgado.

La privación de libertad fue cometida a las 11:30 de la noche del sábado anterior. Lo sacaron de un mesón en el centro de Cuscatancingo, al final de la calle El Gringo, por la terminal de los autobuses de la ruta 20.

A la 1:45 de la mañana de ayer, una llamada a la subdelegación de la Policía Nacional Civil de Cuscatancingo, conocida como La Central, los alertó sobre que en el kilómetro 4 de la carretera Troncal del Norte, estaba el cuerpo de González Martínez.

A la mujer de la víctima, en la Policía le han dicho que sospechan que fueron los mismos asesinos quienes llamaron para avisar dónde estaba el cadáver.

Este hecho ocurrió menos de 24 horas después de que varios encapuchados ejecutaran a un reo, que supuestamente estaba colaborando con las autoridades, dentro de las bartolinas del puesto policial de los Planes de Renderos, a las cuales ingresaron y se retiraron sin que los policías hicieran algo por evitar el asesinato o por detenerlos.

Seis horas de angustia

José Mauricio llegó a Cuscatancingo ayer cerca de las 5:30 de la tarde. Aunque no vivía en ese lugar, sino en Zaragoza, La Libertad, solía visitar con bastante frecuencia a su mujer, a sus dos hijos y a una hijastra.

Se puso a jugar con sus dos hijos, uno de ellos de 2 años, y con Fátima, de 7, quien ayer estaba cumpliendo años.

Al poco rato llegó su mujer.

Mandaron a comprar siete dólares de pupusas, cenaron y se dispusieron a dormir.

Para las 11:30 de la noche, la mujer de José Mauricio (cuyo nombre se reserva para seguridad de ella) escuchó que golpeaban la puerta de su habitación. No hizo caso. Pero luego los golpes en la puerta se hicieron acompañar de un "Abran, somos la Policía".

Ella se levantó de la cama. Cuando entreabrió la puerta, una mano la empujó y le pusieron una pistola en la cabeza. La mujer logró ver a varios hombres vestidos de negro, portaban armas largas y andaban encapuchados.

Mientras ella estaba encañonada, el resto se dirigió a José Mauricio y lo esposaron. Él les pidió que no le hicieran nada a su mujer, mientras ella rogó por él.

Los sujetos le dijeron que estaban investigando la muerte de una hermana, que se lo llevarían para La Central, a la subdelegación policial de Cuscatancingo.

En cuanto amaneció, la mujer se fue para La Central. Allí le dijeron que no habían llevado detenido a nadie con ese nombre. Le pidieron que describiera cómo andaba vestido. Ella les dijo que lo habían sacado de la casa solo en ropa interior, con un "bóxer" con la inscripción que decía "Morazán".

Allí se enteró de que él estaba muerto. Una comisión de policías se dirigió al cuarto donde vive y también llegaron policías de la División Técnica y Científica a recabar evidencias. Pero se olvidaron de recolectar como evidencia un guante negro que supuestamente se les cayó a los asesinos que se llevaron a José Mauricio.

Empleado de la alcaldía de Santa Tecla

La mujer de la víctima dijo que éste no tenía problemas con nadie, aunque hace pocos días le había dicho que si algo le sucedía lo poco que él tenía se lo dejaba a sus hijos.

Cuando amaneció, halló el teléfono móvil de él cerca de la cama donde dormía. Al revisarlo, en el registro de llamadas vio que a las 3:03 y a las 4:52 de la tarde del sábado, José Mauricio había hecho dos llamadas al Sistema de Emergencias 911.

Ayer, al filo del mediodía, para corroborar que había llamado al 911, la mujer remarcó el número: "Buen día. 911. Operadora 16, cuál es su emergencia", contestaron.

Según ella, en la casa él se mostró normal y no le comentó que hubiese tenido algún problema por el cual necesitara llamar al 911.

José Mauricio, según su mujer, trabajaba de obrero. Ella mostró documentos en los que consta que era empleado de la alcaldía de Santa Tecla.

Agregó que nunca había estado detenido, no tenía tatuajes y se llevaba bien con los demás habitantes del mesón. Pero una duda la asalta: en el mesón hay perros bravos, como alrededor de otras casas. Pero ninguno ladró ante la presencia de los encapuchados.

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