Supuestos mareros asesinan a comerciante de lácteos en La Cima I

Sospechan que comerciante fue atacado por uno de sus empleados de confianza

Fachada de la bodega ubicada en La Cima I, donde el lunes anterior fue asesinado el comerciante de lácteos Adrián Clímaco Guardado Granados, supuestamente, por no ceder a pagar la "renta" que le estaban exigiendo. Foto EDH / Marlon Hernández

El propietario de Lácteos El Chaparral, comerciante al por mayor de productos derivados de la leche, fue asesinado la tarde del 31 de diciembre anterior por al menos tres supuestos pandilleros originarios del municipio de Panchimalco, según fuentes policiales y amigos de la víctima.

Adrián Clímaco Guardado Granados, de 47 años, fue ultimado con un disparo de escopeta que le asestó un presunto marero identificado de momento solo como Emilio, a quien se le señala de haber trabajado como uno de los hombres de confianza del comerciante.

El hecho fue cometido aproximadamente a las 2:00 de la tarde, en una bodega localizada en colonia La Cima I, al sur de San Salvador.

Según las primeras investigaciones, el asesinato fue motivado por la negativa del comerciante a pagar una suma que pandilleros le exigían como extorsión.

Las exigencias de "renta" databan desde aproximadamente seis meses, indicaron allegados a la víctima, quien era parte de una comunidad Neocatecumenal que se congregaba en la parroquia María Auxiliadora (Don Rúa), de San Salvador.

El crimen contra el comerciante fue lo suficientemente planificado, aseguran autoridades y parientes, y el propósito no fue solo ajustar cuentas por resistirse a pagar la "renta", sino también robarle una fuerte suma de dinero.

El lunes anterior, Guardado Granados había recogido una cuantiosa suma de todos los pagos que le habían hecho sus clientes, indicaron las fuentes policiales. Los asesinos le robaron todo el dinero.

Hombre de confianza, principal sospechoso

Pero además de los tres supuestos pandilleros que habrían participado directamente, tanto autoridades policiales como allegados de la víctima sospechan que hay más personas involucradas tanto en los intentos de extorsión como en el homicidio.

Hay muchas razones para tener esas sospechas, indicaron a El Diario de Hoy. No era la primera vez que Guardado Granados se había jugado la vida por no pagar la "renta". Tan apremiante eran las circunstancias de seguridad para él y su familia que recién se había mudado de vivienda, indicaron allegados.

En más de alguna ocasión había sido perseguido por vehículos desde los cuales lo amenazaban con armas de fuego. Pero la experiencia guerrista del comerciante era conocida ampliamente y por ello hay sospechas de que tuvieron que recurrir a uno de sus hombres de confianza para que le ajustara las cuentas, sospechan autoridades policiales que ayer apenas habían comenzado las indagaciones.

Emilio era un trabajador de Guardado Granados en quien confiaba mucho. "Era su mano derecha, prácticamente", indicaron las fuentes, quienes agregan que Emilio es un pandillero residente en el municipio de Panchimalco, de donde la víctima también tenía a otros empleados.

Guardado Granados había puesto mucha confianza en Emilio, a pesar de los antecedentes de pandillero de este.

Personas cercanas al comerciante indicaron que una vez que el presunto asesino había estado detenido, fue Guardado Granados quien costeó los pagos de abogados para que aquel recuperara su libertad.

"Así le pagaron todo lo que él había hecho por ellos", reflexionó un amigo del empresario, en referencia a que a Guardado Granados les había dado un voto de confianza a varios jóvenes con las mismas circunstancias de vida que el principal sospechoso de haberle segado la vida con un disparo de escopeta.

Cómo comenzaron a exigirle renta

Los problemas para Guardado Granados comenzaron desde un día en que el sobrino de una de sus clientes se enteró de la cantidad de dinero que manejaba el comerciante cuando este recogía los pagos que sus clientes le hacían.

Las primeras versiones recogidas por las autoridades indican que el sobrino de esa cliente, a quien solo identifican como "Ana", es pandillero de Panchimalco y, a la vez, era uno de sus trabajadores. Entre Emilio y otro cliente habrían conspirado para sacarle dinero a través de extorsiones, afirman las fuentes policiales.

El comerciante nunca cedió a las exigencias de los extorsionistas, antes mejor se mudó de su residencia en el Barrio San Jacinto, de San Salvador, con su familia, en afán de ponerlos a salvo de cualquier atentado.

Aunque la mayoría de empleados se retiró de la bodega donde fue asesinado Guardado Granados, hay testigos que afirman que vieron cuando Emilio le asestó el escopetazo que lo mató de inmediato. No obstante, con todo y las aportaciones que en las investigaciones han hecho testigos y parientes, la Policía hasta ayer no daba cuenta de haber capturado a los homicidas, al menos a los autores materiales.

Guardado Granados se convirtió en la última persona de 2012 que fue asesinada a manos de pandillas por resistirse a pagar la "renta", pues el resto de asesinatos registrados ayer tuvo motivaciones distintas, indicaron las fuentes policiales consultadas.

Durante 2012, según las autoridades policiales, el ministro de Justicia y Seguridad Pública, David Munguía Payés, y el mismo presidente Mauricio Funes, los casos de extorsión disminuyeron en un 18 por ciento.

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