Nueva línea indagación por doble crimen en Nueva Concepción

Al principio se dijo que los responsables eran mareros que habrían actuado como sicarios

Velación de Luis y José Luis Herrera, asesinados en agosto pasado, en Nueva Concepción. Foto EDH / Archivo

El 2012 ha sido un año fuera de serie para el municipio de Nueva Concepción, en Chalatenango, porque no ha habido la cantidad de muertes violentas que las autoridades registraron por año en los últimos cuatro años.

No obstante, el último de los asesinatos ocurridos en esa zona golpeó profundamente a los habitantes de esa ciudad. Las víctimas eran personas trabajadoras, comerciantes que habían logrado vivir sin aflicciones económicas a lo largo del esfuerzo en sus actividades comerciales.

Luis Herrera y José Luis Herrera Cisneros, de 61 y 28 años, fueron acribillados en agosto anterior en su negocio ubicado en el barrio El Rosario, uno de los lugares donde residen varios pandilleros de la clica Fulton Locos Salvatruchos (FLS).

A los Herrera los mataron dentro de la tienda San José, una de las más surtidas de Nueva Concepción.

Tenían mucho tiempo de vivir en el barrio El Rosario, nunca les había pasado nada. Pagaban la respectiva extorsión y ya. Así conjuraban el peligro de las pandillas.

Por las razones antes expuestas, el doble asesinato, además de conmocionar a la población, causó extrañeza cuando se corrió la voz de que los victimarios habían sido miembros de pandillas.

Maras interesadas en saber quiéen mató a los Herrera

Esos rumores hicieron que surgiera un hecho sorprendente en torno al crimen; sorprendente, inclusive, para el conocimiento de investigadores policiales de Chalatenango: los mareros de Nueva Concepción estaban haciendo su propia investigación para determinar quiénes habían ejecutado a los Herrera, pues ellos no habían participado en eso.

Pero ni los pandilleros ni la Policía Nacional Civi han tenido éxito en averiguar quiénes mataron a los dos comerciantes el 19 de agosto pasado.

El jefe de la División de Investigaciones (Din) de Chalatenango fue tajante al contestar que "no están cerca de dar con los responsables" y que solo tienen varias líneas de investigación que hasta el momento no los han llevado a nada en concreto.

De acuerdo con la Policía, el día del crimen resultaron dos personas lesionadas, pero ninguna de las dos ha aportado detalles significativos.

Fuentes policiales y personas allegadas a las víctimas mortales aseguran que uno de esos heridos es sospechoso de haber confabulado para el asesinato. El otro lesionado no ha querido colaborar argumentando temer por su vida.

Sospechan problemas familiares

La tienda San José lucía cerrada el miércoles de la semana anterior. Así lo ha estado desde hace ya muchas semanas, pues con el asesinato de los dos hombres, el negocio se fue abajo y las existencias de mercaderías, calculadas en 350 mil dólares en bodega, se esfumaron.

Conocidos de las víctimas indican que fueron los proveedores quienes llegaron a recoger mercadería que los Herrera les adeudaban.

La versión policial sobre la implicación de uno de los parientes es línea de investigación. Una línea muy débil, de la cual solo se dejó saber que la herida que presentaba uno de los sobrevivientes parecía una "lesión sospechosa".

La lesión no era de gravedad. La había provocado un disparo de arma de fuego, pero, según fuentes policiales, podría haber sido como para fabricar una coartada.

La persona sospechosa es una pariente de los Herrera que, se presume, se ha marchado a vivir a México. La sospecha radica en que es alguien proveniente de una familia muy modesta de Nueva Concepción, que decidió formar hogar con una de las víctimas.

Parientes de los Herrera sostienen que la mujer mantenía una relación extramarital con una persona a la que señalan de dedicarse a actividades de narcotráfico.

De hecho, los parientes afirman que uno o dos meses antes del doble crimen, la mujer hizo un viaje a México sin el consentimiento del marido y sin darle explicaciones de cómo costearía el viaje.

Embarazada y en México

Los problemas maritales entre la mujer y su esposo José Luis Herrera no eran nuevos.

Aparentemente una de las principales causas de los problemas era que José Luis no tenía independencia económica del padre, algo que le impedía a la mujer gastar a su antojo, a pesar de que vivía con comodidades: estudiaba en una universidad privada y tenía su propio automóvil para desplazarse.

Lo anterior la mantenía en fuerte confrontación con su suegro, Luis Herrera. Sin embargo, parientes cercanos indican que ella solo aparentaba estudiar, pues últimamente se han enterado de que "no había avanzado más allá del primer ciclo" de universidad.

Según fuentes policiales y parientes de las víctimas, el suegro de la mujer ya se había enterado de la infidelidad hacia su hijo. Él la había descubierto días antes de que fuera asesinado.

La sospecha radica en que el ataque únicamente iba dirigido a Luis Herrera. La razón: impedir que pusiera al corriente a su hijo de lo que había visto; aunque José Luis terminó muerto en un intento por defender a su padre.

Asimismo en el ataque resultó con lesiones Domingo N., quien contingencialmente estaba en la casa de los Herrera. La mujer de José Luis también resultó lesionada.

El oficial jefe de la División de Investigaciones (Din) de Chalatenango dice que fue una lesión bien rara, que genera sospechas de que podría haber sido hecha para fabricar una coartada.

A quienes conocieron a los señores Herrera les causa extrañeza que la referida mujer haya sido vista embarazada poco tiempo después de que su marido fuera asesinado. Y les resulta más incomprensible que la mujer haya salido del país para ir a vivir a México, a donde semanas antes del doble crimen había viajado por unos días.

El asesinato de los Herrera seguirá en la impunidad; ni siquiera hay esperanzas de que se atrape a los responsables. "No estamos cerca de eso", dijo el oficial jefe.