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Niño de cuatro años, asesinado junto a su padre adoptivo
El principal sospechoso dijo que mató al niño "porque no halló qué hacer con él" cuando despertó
Carlos Enrique Rivera, de solo cuatro años, es el niño cuyo cadáver fue recuperado el jueves en la tarde, de la misma tumba clandestina donde fue hallado el de Carlos Armando Rivera, de 60 años, comerciante santaneco, ambos asesinados el viernes 14 de septiembre en un aparente crimen pasional, según la Fiscalía General de la República que cita la confesión extrajudicial de un capturado.
Carlos Enrique era hijo adoptivo de Carlos Armando. Ambos residían en una colonia de la ciudad de Santa Ana, donde fueron degollados y luego trasladados a la finca San Antonio del municipio de Candelaria de la Frontera donde fueron enterrados clandestinamente.
Tal como lo informó El Diario de Hoy en la edición del jueves, el principal sospechoso del doble crimen es José Gustavo Arévalo Valladares, conocido como Tavo, un joven de 20 años, residente en el caserío Monte Verde, del municipio de Candelaria de la Frontera, departamento de Santa Ana.
El fiscal Mauricio Martínez Jacobo, director de la región occidental de la Fiscalía, confirmó ayer que Tavo es el autor material del doble homicidio, según confesó éste de forma extraoficial, el pasado martes 18 en la tarde.
Por el doble crimen también ha sido arrestado José Luis Miranda González y se ha girado orden de captura para otro sujeto quien es prófugo.
Tanto Miranda González como Argueta Guerra colaboraron con Tavo trasladando los dos cadáveres en un automóvil propiedad del comerciante el cual fue encontrado el mismo martes pasado cerca de un campo de fútbol del cantón Paraje Galán, en el cual se conducía Tavo, según el fiscal Martínez Jacobo.
La confesión de Tavo
Un empleado de Carlos Armando Rivera denunció ante la Policía, la desaparición de su empleador. Desde el viernes 14 no lo habían visto, tampoco habían visto a Tavo, su motorista.
Varios equipos policiales se movilizaron a Candelaria de la Frontera y especialmente al caserío Monte Verde, lugar de residencia de Tavo y donde también habían visto más de alguna vez al comerciante.
La Policía no tardó en hallar a Tavo. En la cancha del cantón Paraje Galán lo aprendieron. Andaba en una camioneta todo terreno que al ser inspeccionada le hallaron manchas de sangre en su interior.
Tavo fue arrestado no por el homicidio o la desaparición de su empleador sino por el delito de receptación (por supuestamente usar un objeto relacionado a un delito).
De inmediato Tavo decidió confesar extrajudicialmente que había matado a Rivera "porque éste lo obligaba a hacer cosas que a él (Tavo) no le gustaban".
La Policía, un tanto incrédulo por la aparente fácil solución del caso, no le creyó y decidió corroborar paso a paso lo que el joven les había narrado.
Lo primero que hicieron fue ir a buscar la ropa que Tavo les había dicho que aventaron en cierto tramo de la carretera. Resultó cierto. En el lugar indicado hallaron ropa ensangrentada de Rivera.
También había dicho que a Rivera y al niño los había matado con un bate de béisbol; esto también resultó cierto. Cuando la Policía registró la casa de la víctima hallaron un bate manchado de sangre.
¿Por qué mató al niño?
De acuerdo con abogados consultados, la ley salvadoreña considera que una persona tiene capacidad de discernimiento a partir de los siete años. Esto quiere decir que el hijo del comerciante santaneco, a sus cuatro años apenas podría ser creíble como testigo en un proceso judicial.
No obstante, el menor fue asesinado por Tavo, según ha confesado éste, debido a que "no halló qué hacer con él". Esto último también se lo dijo a periodistas que lo entrevistaron ayer.
La versión policial sobre el asesinato del niño difiere de la que ha dado la Fiscalía.
De acuerdo con la Policía, Tavo sólo mató al comerciante en su vivienda de Santa Ana, asestándole primero varios golpes con el bate y luego degollándolo con un machete.
Al niño se lo llevaron dormido hasta la finca San Antonio donde excavarían una fosa de más de dos metros de profundidad.
Fue en ese tiempo cuando el niño despertó y vio lo que los tres hombres hacían. Es entonces cuando decidieron degollar también al menor cuyo cadáver fue lanzado encima del cuerpo del adulto.
Luego, Tavo regresó a la casa de su empleador para borrar evidencias. Cuando algunos empleados llegaron, les dijo que su patrón estaba enfermo y que había dicho que les daría el día libre.
Mañana Tavo y los otros dos sospechosos serán acusados en el Juzgado Especializado de Instrucción de Santa Ana por el doble homicidio.
Contra los sospechosos, según la Fiscalía, hay fuertes pruebas. En la casa de Tavo hallaron una camioneta de año reciente y un televisor de gran tamaño, propiedad del comerciante asesinado.

