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Caso Alisson

Mataron a El Canario con cuchillo y piedra por cantar sobre el crimen

Jorge Beltrán Óscar Iraheta sucesos@eldiariodehoy.com Domingo, 29 de Julio de 2012

El Canario quería cantar lo que sabía del caso de privación de libertad y posterior asesinato de la atleta vicentina Alisson Renderos; pero El Gatillo ya le había comido el mandado agenciándose un criterio de oportunidad (beneficios penales a cambio de colaboración con la justicia), por lo que las autoridades descartaron sus intenciones.

Desechado como testigo criteriado, El Canario, un joven de veintipocos años, supuesto miembro "prominente" de la pandilla Dieciocho a fuerza de cometer varios asesinatos, se dedicó a andar pregonando las crueldades que El Gatillo, él y otro pandillero, conocido como Richard, habían hecho en contra de la campeona nacional de lucha olímpica, de 16 años.

A Richard le parecía ya suficiente aguantarse la traición que El Gatillo estaba haciendo sobre el asesinato de Alisson, una joven que les fue entregada por dos adolescentes el mismo día en el que había ganado el campeonato departamental de lucha olímpica, como para permitir una segunda, la de El Canario.

Cuanta vez se drogaba o emborrachaba, El Canario hacía relatos breves o insinuaciones sobre lo que los tres habían hecho con la deportista, estudiante de noveno grado del Centro Escolar Darío González, de San Vicente.

Es por esa razón que en las colonias La Gloria, Díaz, Cornejo y hasta en colonias de dominio de la Mara Salvatrucha (MS-13) se conocen algunas de las barbaridades que fueron cometidas contra Renderos, como por ejemplo, que la enterraron con una pañoleta amarrada a la cabeza con el fin de hacer creer que ella estaba vinculada a la Dieciocho.

Incluso, en la colonia Cañaverales, donde hay presencia de la MS-13, conocen que El Canario se ofreció como testigo criteriado y que lo desecharon porque ya se le había adelantado otro de los asesinos.

También es por esa razón que a nadie de esa colonia le sorprendió cuando, al mediodía del 29 de junio anterior, trascendió el rumor de que en la quebrada Bailahuevo fue encontrado el cadáver de El Canario, cuyo nombre de pila era Mario Ernesto Alfaro Mejía. Tenía 23 años, según indicaron sus familiares cercanos.

De Mario Ernesto ni su familia habla bien. Y sus compañeros de pandilla, según dicen vecinos y familiares, lo marginan como un desterrado de la pandilla de quien nadie quiere hablar.

De Richard se habla menos, aunque le tienen en la mira desde que supuestamente mató a El Canario por filtrar información sobre el crimen de Alisson.

A diferencia de cómo fue perpetrado el homicidio de la joven atleta, la muerte de El Canario no fue tan bárbara ni su familia vivió el calvario que implica no saber dónde está enterrado o qué sufrimientos le infligieron durante la privación de libertad.

A El Canario lo mataron el 29 de junio a media mañana. Campesinos que a diario cruzan una vereda sobre la quebrada Bailahuevo afirman que por la mañana, cuando se dirigían a realizar sus trabajos agrícolas, no había ningún muerto en el lecho de la quebrada, pero ya al mediodía que regresaban a sus casas se encontraron con la aglomeración de personas de colonias dominadas por la Dieciocho y la MS-13, una cinta amarilla y mucha presencia policial.

Paradójicamente, fue un joven ajeno a las pandillas, pero que vive en territorio dominado por la MS-13, quien reconoció el cadáver de Mario Ernesto y brindó el nombre completo a la Policía, según afirmaron algunos lugareños.

Aquel cuerpo presentaba heridas de machete o cuchillo en el cuello. Y para rematarlo, le dejaron caer una piedra grande en la cabeza.

Sus asesinos lo llevaron hasta la quebrada Bailahuevo, distante unos dos kilómetros de la casa donde vivía con su madre. Lo mataron en la quebrada que divide los territorios dominados por la MS-13 y la 18 en afán de que pareciera que la pandilla rival lo había ejecutado.

Así lo especulan los lugareños residentes en la colonia Cañaverales, quienes conocían las fechorías del joven.

Aunque no se pudo entrevistar a la madre de Alfaro Mejía, a pesar de intentarlo, personas cercanas a ella afirman que el hijo la obligaba a guardar silencio y a admitir que pandilleros permanecieran en su casa.