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Suchitoto: entre el turismo, las maras y la indiferencia policial

Las maras acosan a escolares del municipio para iniciarlos en esos grupos criminales

Lunes, 2 de Julio de 2012

En una casa de la Avenida Rafael Palacios del barrio El Calvario, en Suchitoto, hay una casa donde viven miembros de la mara Salvatrucha (MS-13), quienes la usan como centro de operaciones. La Policía local lo sabe, pero no hace nada. "Eso es trabajo de investigación", dijo un agente.

La población de Suchitoto sabe lo que está ocurriendo en ese municipio y en pleno centro de la ciudad: extorsiones y reclutamiento de adolescentes por parte de la MS-13 y de la 18.

El jueves anterior sucedió una muestra de lo que las pandillas están haciendo de Suchitoto: un joven de 15 años fue asesinado, uno más resultó herido y otro logró escapar ileso de una emboscada en la que cayeron cuando iban a realizar labores agrícolas.

Ese crimen no es el único. Han ocurrido otros que evidencian que el problema va para más. Uno de los más recientes fue a principios de junio, cuando varios sujetos encapuchados interceptaron a un grupo de escolares del cantón Los Almendros para someterlos a abusos sexuales.

Después de ese caso, varios estudiantes dejaron de asistir a clases, mientras que otros padres de familia optaron por pagar transporte escolar para que sus hijos no caminen por la solitaria calle hacia la comunidad Mazatepeque.

La medida, explicaron algunos afectados, implica un gasto de 10 dólares mensuales a cada familia de campesinos que, en apariencia, viven en la pobreza.

Ni los policías se salvan

El control de los mareros no solo ha sido demostrado cometiendo crímenes contra la población en general o estudiantil, sino que han tenido la osadía de arremeter contra policías en servicio.

Un ejemplo de eso ocurrió el sábado 28 de abril de este año, casi a medianoche, cuando un pick up de la Policía Nacional Civil (PNC) fue atacado en el barrio La Cruz cuando regresaba de un patrullaje por la carretera que conecta esa ciudad con San Martín.

La patrulla fue atacada con disparos de escopeta que causaron lesiones en un sargento y en un subinspector, ambos asignados a la delegación policial de Suchitoto.

Un día después, el cadáver de un supuesto cabecilla de la pandilla 18 apareció en el cantón El Caulote. Tenía varios impactos de bala y lesiones con arma blanca.

Los dos hechos permanecen en la impunidad. Por el ataque a los policías, pese a desplegar un operativo, no pudieron capturar a los responsables.

Un hecho más añejo que recuerdan los habitantes de la comunidad Laura López es la emboscada que mareros tendieron a dos policías, a quienes les pusieron como señuelo a una joven con quien al menos uno de los agentes creyó que intimaría.

Las fuentes evocan que, cuando la joven atrajo a los policías a un lugar previsto, un grupo de mareros los cercó y a los uniformados no les quedó más que implorar por que los dejaran vivos.

Días después, ambos agentes fueron trasladados a otros destinos, lejos de Suchitoto, indicaron las fuentes.

Reparto de territorio

La semana anterior, un equipo de El Diario de Hoy observó a miembros de maras caminando por las calles urbanas y rurales con los tatuajes a la vista de quien quisiera verlos.

La policía local sabe quiénes son, dónde están o de dónde llegan los miembros de esas agrupaciones criminales. La población también tiene perfilados a los pandilleros.

Saben que de la ciudad central, solo el barrio La Cruz es dominado por la 18. En el resto del territorio domina la MS-13. Un garabato de esa mara pintado en un monumento donde está esculpido el escudo de la ciudad marca la división del control de territorios.

Además del área urbana, esa agrupación controla la colonia Nueva Suchitoto, que es su principal bastión. Ese control se extiende hacia el norponiente de esa ciudad, esto es, a las comunidades localizadas entre Suchitoto y la carretera Troncal del Norte.

La otra pandilla mantiene sus territorios desde el barrio La Cruz hacia el sur, con rumbo a San Martín.

Es de esta última ciudad y de San Bartolomé Perulapía de donde se han desplazado muchos pandilleros de la 18 al área de Suchitoto han llegado a "arruinar" esa ciudad, dicen vecinos y policías.

Silencio de extorsionados

"Mire, ese que va allí es uno de los que recogen la renta", explicó un comerciante de Suchitoto, quien con un movimiento de cabeza señaló a un adolescente de pelo engomado, zapatos blancos y pantalones extralargos.

El lugareño sabe que muchas tiendas, restaurantes y hoteles son extorsionados.

La policía también lo sabe: así lo admiten algunos, aunque otros prefieren decir que los delitos que más se cometen en el turístico Suchitoto son del tipo de violencia intrafamiliar.

Los comerciantes no denuncian, pero lo comentan en voz baja, pues temen ahuyentar el turismo de la ciudad colonial. Pero hay otros lugareños que piensan que callar no es la solución y culpan a las autoridades policiales de no hacer nada para contrarrestar el problema de inseguridad que están generando las maras.

"No sabemos por qué no actúan contra ellos (mareros). Mire, hace unos días se robaron un montón de vacas de aquí (cantón Los Almendros) y alguien les avisó..., pues vinieron como a las dos horas pitando con la sirena. Parece que tienen miedo", explicó una mujer que vive en la zona rural de Suchitoto.