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Hallan enterrados a dos estudiantes de básica que vivían en Jocoro

Ambos desaparecieron el lunes 18 de junio al mediodía

Jorge Beltrán David Marroquín sucesos@eldiariodehoy.com Miércoles, 27 de Junio de 2012

"Tal vez no nos volvamos a ver" fue la frase que a manera de despedida le dijo Ricardo Antonio Bonilla Mauricio, de 15 años, a uno de sus hermanos menores quien lo vio salir de su casa al mediodía del pasado 18 de junio en la lotificación Nueva Esperanza, localizada en los arrabales de la ciudad de Jocoro, departamento de Morazán. La frase resultó lapidaria.

Minutos antes de que esa escena se registrara en la vivienda de la familia Bonilla Mauricio, en su casa de habitación, Fernando René Velásquez, también de 15 años, había recibido una llamada a su celular; tras terminar la breve conversación telefónica, Fernando se apresuró para salir de su casa, distante unos 150 metros de la vivienda de Ricardo, a quien pasó sonsacando.

Después de ese mediodía comenzó el martirio de las madres y otros parientes cercanos de ambos adolescentes: nadie daba razón de ellos y ninguno contestaba los teléfonos celulares.

Al siguiente día, en el centro escolar general Francisco Morazán se corrió el rumor de la desaparición de Ricardo y Fernando, quienes estudiaban 7o. y 9o. Grado, respectivamente.

Familiares ayudados por la comunidad educativa de Jocoro comenzaron a buscarlos; los lugares más concurridos de esa ciudad. Páginas de papel con la fotografía impresa de ambos pegados en los lugares más poblados de esa ciudad dan cuenta todavía de esa búsqueda.

Pero fue hasta el martes cuando las madres de Ricardo y Fernando fueron notificadas que ambos jóvenes estaban enterrados en un cerro del municipio de El Divisadero, aledaño a Jocoro.

Los cuerpos fueron encontrados por agricultores que andaban haciendo una siembra y que al ver tierra removida y sentir olor a carne podrida, dieron aviso a las autoridades policiales.

"Alumnos normales"

Los cuerpos de ambos jóvenes estaban atados de pies y manos. Los familiares, aseguran, que los reconocieron por las ropas que vestían el día que desaparecieron.

Ayer, autoridades del centro escolar donde las dos víctimas estudiaban aseguraron que ambos adolescentes mostraban conductas y rendimiento escolar aceptables, no daban problemas de disciplina, explicó el director.

Mientras tanto, entre vecinos de las víctimas el asombro por lo que ha ocurrido y el temor de que vuelva a pasar es evidente.

En el vecindario, los dos jóvenes tampoco daban muestras de andar en problemas. "Mire, por lo menos aquí (colonia Nueva Esperanza) no se les veía que anduvieran en malos pasos pero en este tiempo tampoco se puede meter las manos al fuego por la juventud", sentenció un señor que llegó a dar el pésame a una de las familias dolientes.

Los cuerpos de ambos jóvenes fueron recuperados hasta el martes bien entrada la noche pero el estado avanzado de descomposición obligaría a las autoridades del Instituto de Medicina Legal de San Miguel, a practicarles una prueba genética antes de devolverlos a los familiares, según comentaron algunos parientes de los dos asesinados.

La desaparición y asesinato de Ricardo y Fernando ha alarmado a los habitantes de Jocoro, algunos de los cuales afirman que es primera vez que ocurre un hecho tan lamentable de esa índole.

Las fuentes afirman que en lo que va del año, cuatro personas residentes en esa ciudad han muerto en hechos violentos; sin embargo, nunca se había dado el caso que la gente desapareciera y luego fuera encontrada asesinada.

Los mismos vecinos creen que la proliferación de lotificaciones en el municipio ha provocado que gente foránea, entre los cuales hay miembros de pandillas, haya llegado a vivir a los alrededores de Jocoro.

Aunque no son abundantes aún, los grafitis distintivos de la mara Salvatrucha (MS-13) son evidentes en algunos lugares de la ciudad de Jocoro. Por su parte, la Policía de esa ciudad se negó a dar información sobre las investigaciones del crimen contra los estudiantes.

Hallan osamenta de bebé

En otro hecho, la noche del martes pasado, autoridades fiscales y policiales hallaron restos óseos que suponen pertenecen a un niño. Los huesos estaban enterrados a poca profundidad en medio de un cultivo de maíz al final de la 9a. Calle Oriente y pasaje Flor de Pascuas de la colonia Altos del Bulevar.

Junto a los restos óseos, encontraron una pijama infantil de dos piezas y pantalón corto de color rosado para bebé.

Los restos fueron llevados al Instituto de Medicina Legal de Santa Tecla, donde por orden de la Fiscalía General se le harán los estudios antropológicos para determinar la edad del niño, su estatura y el tiempo que tiene de haber muerto.

Una denuncia al sistema de emergencias 911 permitió que la Policía llegara a verificar la existencia de los restos al sitio.

Vecinos de la referida colonia dijeron que aparentemente se trata de un niño de siete meses.

Sin embargo, los residentes dijeron que en el sector no se sabía de algún menor que hubiese desaparecido.

Policía y Fiscalía informaron que no tienen mayores detalles sobre los familiares de la pequeña víctima.