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Maras asesinan en grupo para evitar delatarse unos a otros

Estos crímenes son cometidos con arma blanca

Jaime López sucesos@eldiariodehoy.com Domingo, 17 de Junio de 2012

El ideal de cualquier grupo de pandillas, según el criminalista del país, Israel Ticas, es involucrar a todos sus miembros en los asesinatos que perpetra, para que al final ninguno de sus miembros se sienta libre de culpa como para acudir a delatar a sus compañeros ante la Policía Nacional Civil (PNC) o ante Fiscalía General de la República (FGR).

A diferencia de los asesinatos con arma de fuego, en este tipo de crímenes, las víctimas son ultimadas con saña, a razón de múltiples machetazos en diferentes partes del cuerpo, de acuerdo con lo detallado por las autoridades. Para ello, los malhechores utilizan armas blancas, como corvo, cuchillo, navaja, serrucho, entre otros objetos cortopunzantes, en gran parte de estos homicidios o masacres.

Cada miembro del grupo toma el arma blanca y propina la primera herida a la víctima; luego se rolan el machete uno a uno hasta dejar sin vida al individuo, explicó Ticas, y agregó que en estas ejecuciones participan cinco, siete y hasta 15 miembros de la pandilla.

Luego de un homicidio en el que todos participaron, los sujetos concluyen que nadie lo mató, según el fiscal Ernesto Castaneda, de la Unidad de Vida que está a cargo de las investigaciones de varios casos de homicidio en Colón, La Libertad.

De igual manera, todos proceden a cavar la tumba, que por lo general mide entre un metro o un metro y medio de profundidad por unos 70 centímetros de ancho; lanzan los restos de su o sus víctimas y cada miembro de la pandilla toma la pala o el azadón para finalmente sepultarlo.

En todo caso, los pandilleros luchan por esconder los cadáveres de sus víctimas sin dejar el mínimo rastro.

"Modus Operandi"

En uno de los casos más recientes, detectado en la finca El Cobanal, donde fueron hallados dos cadáveres en tumbas distintas, "el suelo estaba bien compactado, no presentaba hundimiento, por lo que la exploración inició con una perforación utilizando la técnica hasta encontrar extremidades del cuerpo enterrado", describió Ticas.

Las investigaciones criminales han descubierto que cada pandilla tiene su propia manera de cometer sus asesinatos: algunas clicas asfixian, desnudan y entierran a su víctima; otras desmiembran los cuerpos y después entierran las partes; también hay casos en los que sepultan a sus víctimas con sus prendas de vestir y hasta con sus documentos de identidad.

Cada grupo quiere innovar, sospecha Ticas. Por ejemplo, en San Martín fue inspeccionada una escena de homicidio en el que la víctima fue ahorcada con un lazo que colocaron los asesinados en su cuello, pero no la colgaron.

En este caso, colocaron un extremo del lazo al cuello de la víctima y el otro lo sujetaron al tronco del árbol para que otros sujetos lo halaran de los pies hasta matar a la persona y luego enterrarla.

En Joya de Cerén, en San Juan Opico, los pandilleros formaban torniquetes de alambre y cada uno enrollaba el suyo alrededor del cuello de una misma víctima.

"La idea es que participen todos, para que nadie se vaya a rajar", explica el investigador.

En Chalatenango, las maras tienen la particularidad de desmembrar en trocitos las partes del cuerpo de una persona y luego la entierran en orificios de forma circular.

Después del asesinato, unos le echan cal; otros, cemento, o depositan los cadáveres en una fosa séptica.

Cementerios ilegales

Con la planificación y la participación de todos, los sujetos piensan que nadie se enterará del ilícito y que todo quedará en tumba cerrada, porque tras enterrar el o los cadáveres simulan la normalidad del sitio, el cual cubren de hojarasca, para no despertar sospechas.

Para eliminar los rastros en las tumbas clandestinas, cada semana las pandillas van a sus improvisados cementerios a vigilar que no haya hundimientos; si los hay, los rellenan.

"Son tan astutos que cada semana están mandando a sellar los hundimientos y nos dejan superficies planas; lo que hace necesario utilizar técnicas especiales para dar con los cadáveres", comentó Ticas.

Según los análisis forenses, los cadáveres son hallados seis meses, un año y más de dos años después de que han sido cometidos los asesinatos. Mientras, los familiares de las víctimas han corrido de un lado a otro en su búsqueda.

Las autoridades ya tienen perfiladas las características de los terrenos donde estos sujetos cavan las tumbas ilegales; estos sitios suelen estar contiguo a quebradas, ríos, cafetales, milpas, barrancos y, en algunos casos, a unos 200 metros de los vecindarios.

Se trata de tumbas dúplex (dos cadáveres), triples o con más personas en su interior. Además, la mayoría de los panteones ilegales está ubicada en tierra floja, por lo que las autoridades prestan atención a la coloración o pigmentación de la tierra, que en estos casos es distinta a la normal, porque en algunos hechos saltan a la superficie los restos humanos.

"Los mareros, donde entierran uno, sepultan dos, tres, cuatro y más personas", reiteró el criminalista de la Fiscalía, para explicar un poco sobre la mentalidad de los malhechores en estos casos.

El experto reiteró que, con este modo de operar, los mareros se aseguran de que ninguno de sus integrantes guarde un sentimiento de culpabilidad por los asesinatos.

Según las estadísticas oficiales, los cadáveres en los cementerios clandestinos han sido localizados con mayor frecuencia en San Juan Opico, Quezaltepeque y en Colón—todos municipios de La Libertad—, sobre todo en las colonias Cinco Cedros, Villa Madriz y Los Compadres.

La finca El Cobanal, en Colón, es uno de los sitios más propensos a convertirse en cementerio clandestino, por la cantidad de cadáveres que allí se han encontrado bajo estas características de sigilo.

Hasta la fecha, en dicha finca han sido encontrados más de 40 cadáveres en los últimos cinco años, sin contar los desenterrados por Medicina Legal, afirmó Ticas.

En todo el territorio nacional, más de 614 personas que en su momento desaparecieron han sido encontradas gracias a las excavaciones en las que ha participado el criminalista. Todos estos cadáveres han sido localizados en no menos de 80 cementerios no autorizados en todo el país.

A los panteones ilegales se suman unos 12 pozos macabros de donde han sido recuperados 5, 10 y hasta 15 cadáveres.

Los móviles que predominan para cometer estos lúgubres asesinatos tienen que ver con pugnas entre pandillas rivales o con miembros de su mismo grupo; también con celos de pareja, no entregar completa la extorsión o por incumplimiento de sus propias reglas internas.

El fiscal puntualizó que las investigaciones toman fuerza cuando surge un testigo o un participante de los crímenes que acepta colaborar con la Fiscalía para esclarecer los hechos, a cambio de un beneficio penal para él.

En el procedimiento de localización de cadáveres se toman fotografías del estado del área antes y después de alterarla. "El estado de los cadáveres dependerá de la acidez o PH del suelo, hay zonas en las que predomina la tierra volcánica que, por lo general, acelera la descomposición de los cuerpos y crea hundimientos inmediatos", explicó Ticas.

El protocolo de búsqueda en lugares con sospechas de existencia de restos humanos comienza con exploraciones circulares descendentes que implica cavar orificios de 20 centímetros de diámetro por un metro y medio de profundidad.