Carlos intenta adaptarse a una vida sin brazos

Pasó 55 días ingresado en el Rosales, necesita una prótesis para ambos brazos Fue víctima una quemadura eléctrica

Carlos Rosales descansa en la hamaca en su vivienda, junto a él están sus padres. Foto EDH / lissette monterrosa

Carlos Rosales está sentado en la hamaca, su madre Susi Eguizábal le lleva una galleta a la boca. Luego le acerca una pajilla para que pueda tomar jugo. Por el momento él no puede hacerlo por sí solo.

Carlos, un adolescente de 14 años, piel morena y cabello rizado, perdió ambos brazos al recibir una quemadura eléctrica de alto voltaje.

"Quisiera hacer todo lo que hacía antes", comentó el infante en uno de los pasillos de la vivienda que habitan en el cantón Los Pilastrones, Zapotitán, La Libertad.

Él solía jugar pelota, acompañar a su padre en la tarea de recolectar zacate para el ganado del dueño de la finca donde residen, trepar los árboles, correr y jugar con los perros de la casa, especialmente con "la osa", un perro negro.

Tras "reponerse", Carlos pasa los días en la hamaca, escuchando alabanzas o viendo televisión. A veces, suele caminar por el terreno. Trata de adaptarse a su nueva vida.

Su madre comentó que usa la boca para encender el equipo de sonido, sus piernas para ponerse la almohada en la cabeza y con una paleta que introduce en sus labios juega con el teléfono celular.

El 21 de febrero le dieron el alta médica del hospital nacional Rosales. Ahí pasó 55 días ingresado, varios de ellos en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) conectado a un aparato que lo ayudaba a respirar y otros que monitoreaban sus signos vitales.

La tragedia ocurrió el 27 de diciembre del año pasado. Ese día él viajaba en un tractor donde llevaban zacate para el ganado. Él intentó levantar unos alambres para que pasara la góndola del tractor... Pero eran de alto voltaje.

"Por ratos le cuento a mi esposa de que me siento feliz de tenerlo con vida y por ratos me da tristeza ver el estado en el que se encuentra. Más que todo porque siempre andaba conmigo, él era mi sombra", expresó su padre que lleva el mismo nombre, Carlos Rosales.

Debido a la descarga eléctrica de más de mil voltios que recibió, su familia tuvo que autorizar la amputación de ambos brazos.

"Doctor, ¿y si intentamos dejarle los brazos?", preguntó el padre al cirujano del Rosales. "Así tiene cero por ciento de posibilidades de vivir", le respondió. "¿Y al cortárselos?", volvió a preguntar. "Hay un nueve por ciento de posibilidades de sobrevida", escuchó. Después de platicar con su familia, Carlos firmó la autorización y se sentó en una banca del hospital.

"Me sentí triste y le entregué mi hijo a Dios. En ese instante sentí que agarré fuerzas, que me había agarrado de un árbol grande que no iba a caer", comentó.

Superada la crisis, el adolescente y su familia tienen pendiente superar psicológicamente la situación.

Carlos dice que no le gusta que las personas lo vean porque le da pena no tener los brazos. En el hospital, en la calle cuando alguien lo observa baja la mirada.

Constantemente escucha de su madre y padre que saldrá adelante, que tenga fuerzas.

Susi reconoce que hay momentos en los que el niño se pone triste, pero también existen aquellos en los que sonríe, juega con las mascotas y conversa con ellos. "Primero Dios, haya alguien que le pueda donar la prótesis para que él esté más contento", expresó la madre.

Ella se encarga de curarle las quemadas a diario. Para ello debe usar dos pomadas para cicatrizar. Una de estas se le proporcionan en el Rosales, la otra debe comprarla a un costo de $48, además de las gasas.

Los médicos también amputaron a Carlos dos dedos del pie izquierdo y le quitaban piel de otras parte del cuerpo para ponerle injertos en los muñones.

El 27 de febrero fue a su primer control con el cirujano plástico, quien aseguró que "todo marchaba bien". El adolescente regresó al Rosales el 6 de marzo.

Para llegar al hospital, la familia debe sortear varias dificultades: la falta de transporte público, la escasez de dinero y el hecho de que Carlos no puede caminar bien ni por largas distancias debido a las quemaduras en el pie.

El adolescente está pendiente de iniciar el proceso de rehabilitación y la terapia psicológica. "Primero Dios lo vamos a sacar adelante", afirma la madre. El padre, por su parte, lo motiva. "Yo le digo que no se ponga triste que no se aflija, que yo voy a ser sus manitas, su mamá también. El tiempo que uno esté aquí lo vamos a cuidar y a sacar adelante".

Si quiere ayudar a Carlos puede llamar a sus padres al 7083-9515 y al 7637-4909. Además tienen la cuenta del Banco Agrícola 003650307750 a nombre de Susi Lesbia Eguizábal Cárcamo.

El año pasado fueron atendidas 24 personas con quemaduras eléctricas en el Rosales. Una de ellas falleció.

En el Bloom, se atiende entre 300 y 400 quemados al año. Las lesiones por descargas eléctricas son la cuarto causa de ingreso al área de quemados. Según los médicos, estas heridas son las más graves y mutilantes.

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