Adolescente pierde brazos por quemadura eléctrica

El joven lleva cerca de 50 días ingresado en el hospital Rosales. Requerirá de una prótesis y de un proceso largo de rehabilitación

Carlos A., de 14 años, descansa en una de las camas del Servicio Cirugía Hombre Uno del hospital Rosales; se recupera de una lesión eléctrica. Foto EDH / archivo

En una pausa obligada quedaron todas las actividades que Carlos A., un adolescente de 14 años, realizaba cotidianamente y sin mayor dificultad: treparse a los árboles, montar a caballo, cuidar las vacas , jugar con los cuatro perros de la casa o recolectar zacate en una finca de la zona, ya que su vida entera cambió drásticamente desde el 27 de diciembre del año pasado.

Carlos estuvo al borde de la muerte tras recibir, ese día, una descarga eléctrica de más de mil voltios.

Sin embargo, ha superado la fase crítica, y luego de 50 días de estar ingresado en el Servicio de Cirugía Hombre del Hospital Nacional Rosales se recupera de la gravedad de sus quemaduras y de sus secuelas. El joven perdió ambos brazos y el tercer y cuarto dedo del pie izquierdo.

Su madre, Susy Egisabal Cárcamo, pasa los días junto a la cama de su hijo para cuidarlo, darle ánimos ante los momentos de depresión que vive y ayudarle a realizar sus actividades diarias como comer o bañarse.

Ella recuerda ese día trágico: eran las 10:30 de la mañana cuando les dieron la noticia. Susy junto a su esposo estaban en el hospital de Sonsonate visitando a su madre, quien estaba ingresada.

Mientras, Carlos fue a la finca de la zona, en el Cantón Los Pilastrones, Zapotitán, La Libertad, en la que trabaja su padre y su tío, a recoger zacate, era el cuarto viaje que realizaba en el tractor.

El accidente sucedió cuando intentó levantar unos alambres para que pasara la góndola y tocó los cables de alta tensión.

Los empleados de la hacienda solo vieron caer el cuerpo del joven al suelo; al que creyeron muerto, sin embargo, al auxiliarlo, escupió espuma. "Tío hálame los brazos, hálame los brazos", comenzó a gritar.

Un residente de la zona lo trasladó al hospital de Santa Ana, donde recibió el primer tratamiento y luego lo refirieron al Rosales.

En la Unidad de Emergencia lo recibieron cerca de las 3:00 de la tarde; los médicos les plantearon la necesidad de amputarle los brazos, porque sus tejidos, venas y arterias estaban muertas.

El padre dio su firma.

Tras salir de los quirófanos fue trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

La recuperación

Uno de los médicos manifestó que el adolescente llegó con quemaduras de tercer grado ocasionadas por electricidad de alto voltaje.

Los doctores de la Emergencia lo recibieron con necrosis (destrucción de los tejidos) de sus miembros superiores y contractura muscular. Ante esa situación procedieron a regularizar los muñones y realizar una reconstrucción para cubrir los huesos.

El médico manifestó que por ser joven soportó la quemadura. Una descarga de mil voltios puede matar a una persona inmediatamente por una arritmia cardíaca, que puede producir un paro cardiorrespiratorio, cerebral o problemas renales.

Debido a que la corriente recorrió el cuerpo del paciente, pasó a la UCI para controlar los problemas cardíacos y renales. La corriente entró por los brazos y salió por uno de sus pies. Carlos permaneció cinco días en cuidados críticos.

"Nosotros supimos que estaba vivo por los aparatitos, su corazón brincaba. Él no nos oía", comentó Susy.

Recuerda que al despertar, lo primero que dijo fue: ¿Verdad que se me cayeron mis bracitos?

Ante esa interrogante, ella no supo qué contestar; una enfermera se le acercó y le respondió: "Carlitos, hay que echarle ganas, Dios tiene un propósito para ti; hay que echarle ganas".

Al mejorar, el paciente pasó a cuidados intermedios y desde el 18 de enero permanece ingresado en el Servicio de Cirugía Hombre, en el que ha continuado su proceso de recuperación.

El adolescente ha sido sometido cuatro veces a cirugía para reconstruirle el área afectada; los médicos evalúan su estado para darle el alta médica.

La última de las operaciones fue el viernes 8 de este mes, en ella le cubrieron con tejido parte del área dañada de los hombros. Los médicos añaden que tendrá que recibir terapia por un largo tiempo.

En esta etapa, la familia emprenderá otro difícil camino: la rehabilitación. Deben buscar unas prótesis para que pueda realizar sus quehaceres, como alimentarse, ir al baño y cambiarse.

Carlos abandonó sus estudios hace unos años cuando culminó el tercer grado.

De acuerdo con su madre suele ponerse triste cuando al alguien se le acerca y le dice; ¿y qué vas hacer sin tus brazos?, o lo llaman pobrecito. A él no le gusta escuchar esas palabras.

"Un día se puso a llorar porque dijo que sentía que tenía sus bracitos y que le ruedan una chibolitas", comentó la señora.

Susy sabe que la vida de Carlos no será fácil, pero confía en que saldrán adelante.

Entre los propósitos del adolescente se encuentran escuchar alabanzas y realizar un culto o una misa.

Los médicos detallan que el paciente ha evolucionado bien y que después de recibir el alta deberá quedar en control , además de recibir terapia con el sicólogo.

Susy permanece de día y de noche junto a su hijo, en los casi 50 días que lleva de estar ingresado; pocas veces se retira para ir a pagar los recibos de su vivienda.

Cuando ella se ausenta, otro joven hospitalizado por quemaduras eléctricas apoya a Carlos en sus necesidades.

Susy también ayuda al resto de pacientes cuando se quieren levantar o comer.

Para cualquier ayuda puede comunicarse con Susy Cárcamo al número de celular 7637-4909.

El año pasado, al hospital Rosales ingresaron 24 personas con quemaduras eléctrica, uno de ellos falleció. En el primer mes del año reportan un caso.

De acuerdo con los especialistas existen dos tipos de quemaduras, las de alto voltaje, que es cuando sufren descargas de más de mil voltios, y las de bajo voltaje, ocasionadas por tomacorrientes.

El proceso de recuperación de estas personas es larga y se requiere de apoyo de otras organizaciones no gubernamentales para proporcionarles las prótesis y su rehabilitación.

En el Hospital de Niños Benjamín Bloom, ocupan el cuarto lugar de todos los ingresos por quemaduras.

A pesar de la amputación sufrida, Carlos un jovencito de ojos expresivos que mantiene su sonrisa y quiere seguir adelante.

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