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La paciente uno: Idalia fue el rostro de la esperanza

Idalia Herrera fue una de las tres personas con sida en el país en recibir tratamiento antirretroviral en el sistema público sanitario. Inició a finales de 2001

Yamileth Cáceres nacional@eldiariodehoy.com Jueves, 24 de Enero de 2013

Mauricio Sánchez conoció a Idalia Herrera en 2001; una ama de casa de tez blanca, de 1.57 metros de estatura y que recién se había recuperado de las complicaciones del sida.

Para él, conocerla representó una esperanza de vida. En aquellos años, el VIH/sida era sinónimo de muerte.

Pero si Idalia pudo levantarse y continuar con su vida, él y muchos más también podían hacerlo.

Idalia fue el rostro y el ejemplo de que era posible salir adelante, considera Sánchez, quien labora en la Red Salvadoreña de Personas con VIH y sida/Redsal.

Mauricio fue diagnosticado dos años después que Idalia, para entonces en el país ya se había iniciado la terapia antirretroviral.

Idalia fue una de las tres primeras personas del sistema público en recibir tratamiento, ella es considerada la paciente índice o paciente uno.

Rolando Cedillos, jefe del Servicio de Infectología del hospital Rosales, recuerda que Idalia llegó en la fase final de la infección, pesaba 68 libras y su conteo de linfocitos, una manera de medir las defensas de su cuerpo, era inferior a 20, cuando lo normal es de 600 a 1,500.

Un año antes, cuando fue diagnosticada en una unidad de salud de Apopa, a ella le habían dicho que se iba a morir, incluso su padre compró un ataúd.

En el Rosales también la desahuciaron.

La terapia antirretroviral se desarrolló en 1996, a El Salvador tardó cuatro años en llegar, pero solo hubo oportunidad para tres personas, Idalia, un homosexual y una mujer de la tercera edad.

Debido a la actitud que esa joven presentaba y al apoyo de su familia, fue seleccionada como la paciente uno.

Empezó tomando 14 cápsulas al día.

Cedillos comentó que fue seleccionada como la paciente índice porque había demostrado ganas de vivir y toda la disposición para recibir el tratamiento.

Tres meses después pesaba 120 libras, su condición de salud era buena.

Idalia se integró al grupo de apoyo del hospital Rosales para ayudar al resto de personas que recibía esa noticia.

"Ella tuvo la posibilidad de rehacer su vida, de disfrutar de su familia, volver a trabajar. Fue una mujer muy valiente que se volvió educadora y una de la primeras promotoras de la adherencia antirretroviral que tuvimos en El Salvador de parte de una persona que vivía con VIH", agregó Cedillos.

Por su parte, Sánchez narró que en 2001 cuando conoció a Idalia, "ella era el icono de ese momento, se había recuperado de la fase sida. Ella empezó a ser una figura pública", narró.

Idalia trabajó en el Programa Nacional de ITS/VIH/sida con los grupos de apoyo, mostró su rostro públicamente y también fue agente de visita domiciliar de Redsal, en la que promovía la adherencia al medicamento.

Uno de los mensajes que difundió fue la de no abandonar la terapia: los efectos secundarios pasan, si vomitas, vuelve a ingerir el medicamento, repetía a todos aquellos que recibían fármacos.

"El ver a Idalia en ese momento era una fuente de inspiración, después de Dios, ver la forma en que ella se levantó de la fase en la que estuvo, nos ayudó a muchos. Era el rostro de poder salir del sida", expresó Sánchez.

Idalia tuvo tres hijos, dos niños y una niña, ahora son mayores de ocho años.

Uno de ellos nació cuando ella ya era portadora de virus, sin embargo, los cuidados médicos que tuvo evitaron que el bebé se contagiara. Esa fue una etapa difícil, llena de temores; la cual superó.

Dos de los infantes radican en El Salvador.

Terminó su lucha

El 3 de octubre de 2012, esa mujer, de 42 años, que representó una esperanza para aquellos que recibían la noticia de tener el virus falleció, tras 11 años de estar en tratamiento.

Murió en el Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS) por complicaciones del sida, estuvo aproximadamente un mes ingresada.

Sánchez recuerda que en 2011 la salud de Idalia había desmejorado, pero terminó esa fase del proyecto en que trabajaba.

Sin embargo, el siguiente año a la entidad no le aprobaron los fondos para continuar con esa labor e Idalia se quedó sin trabajo.

En palabras de Sánchez, esa situación la deprimió y su ánimo comenzó a decaer.

"Al final llegó el desenlace que no queríamos, que ella partiera y ahí se resume el proyecto de vida de Idalia, una mujer que le dio mucho al país", dijo Sánchez.

Isabel Nieto, jefa del programa de ITS/VIH/sida, manifestó que esa persona fue el símbolo de poder empezar el tratamiento.

Agregó que hace unos años Idalia trabajó en dicho programa para incentivar a las personas con VIH a que iniciaran su terapia y a mantenerse en el tratamiento.

Nieto considera que ella tuvo la valentía de poder decir "yo vivo con VIH, no me discriminen. Es de las primeras que dio la cara y de las primeras en reconocer cuál era su estado".

En una reportaje publicado el 25 de junio de 2011, Idalia relató: "Al ingresar le digo que fui estigmatizada, fue horrible, estaba en un carrito a la par de los baños, pero el doctor Rolando Cedillos llegó a sacarme de ahí".

La doctora Nieto dijo que ella fue "una motivación para los demás, de poder decir puedo seguir adelante aun viviendo con VIH".

Cedillos expresó que la noticia del fallecimiento de Idalia le causó bastante pesar, "pero los que trabajamos en VIH estamos acostumbrados a hacer de tripas corazón, a trabajar con grandes dificultades. Nosotros quisimos tomar su desaparición física como una razón para decir que la lucha contra el virus continúa".

Al año, en el país, en promedio 300 personas con sida mueren por alguna complicación.

En 2011, según los registros del Minsal fallecieron 274 y en 2010 fueron 335.