Brucelosis causó la muerte de dos delfines

Un tercer delfín varó en la costa local, pero no se pudo indagar la causa de su muerte

Los residentes en las comunidades costeras ayudaron a sacar a los delfines varados para que fueran enviados a la Fundación Zoológica para que los atendieran. FOTO EDH / archivo

La brucelosis acabó con su vida. Eso ocurrido con los delfines rayados, macho y hembra, que quedaron varados en las playas San Marcelino, de la Costa del Sol, y El Pimental, de San Luis Talpa, en octubre. Así lo explicó ayer Álex Hasbún, director ejecutivo de la Fundación Zoológica de El Salvador (Funzel).

Fueron los veterinarios y biólogos de esta organización, creada en 1989, quienes se esforzaron por salvarles la vida y tomaron muestras de los fluidos corporales de los especímenes: sangre y mucosas.

Las muestras fueron procesadas en laboratorios. Los resultados de estas pruebas, así como los datos arrojados por la necropsia, llevaron a concluir que los animales de la especie Stenella coeruleoalba tenían brucelosis.

Esta enfermedad suele presentarse en mamíferos, como vacas, cabras y ovejas. También pueden contagiarse de ella los humanos y algunos animales silvestres, como los renos y los búfalos.

Sin embargo, estudios internacionales advierten que, en los últimos años, se ha encontrado en mamíferos marinos, específicamente en cetáceos: delfines, ballenas y marsopas.

Esta enfermedad de carácter infeccioso es causada por la bacteria brucella, la misma que hace un año provocó la muerte a delfines que encallaron en playas ticas, tal como este periódico lo reportó en el artículo "Científicos detectan delfines con brucelosis en Costa Rica".

El período de incubación de la bacteria dura de una a seis semanas. Los humanos y animales que se infectan suelen presentar una serie de síntomas: fiebre alta e intermitente que se produce por la tarde o noche, acompañada de cefalea intensa frontal y occipital.

Mientras en el bazo, el hígado y los ganglios linfáticos aparecen nódulos granulomatosos que pueden evolucionar hasta convertirse en acumulaciones de pus.

Hasbún considera que, como con los delfines encallaron, las posibilidades de salvarlos eran muy remotas. En aquella oportunidad, para el traslado de los cetáceos, el organismo contó con apoyo de los ministerios de Medio Ambiente y Recursos Naturales, de Agricultura y la División de Medioambiente de la Policía Nacional Civil.

La necropsia que se les practicó a los delfines rayados confirmó que los dos cetáceos estaban en edad madura, tal como habían adelantado los biólogos de la Funzel.

"Es preocupante que ya en los ecosistemas marinos encontremos una bacteria que normalmente la encontramos en tierra firme", señaló Hasbún. En su opinión, eso no solo representa un riesgo de contagio para el hombre, sino que también puede impactar en la disponibilidad de productos que consumen otros animales marinos y los humanos. Él cree que hasta la industria de los medicamentos puede verse afectada, pues en el océano hay también insumos para su labor.

Los delfines que vararon en las playas costarricenses murieron por brucelosis ceti, enfermedad característica del ganado bovino. Pero sobre los que vararon acá todavía no se ha determinado el tipo de cepa que los afectó. "Hemos mandado la solicitud a Costa Rica para que nos reciba muestras de tejido con el objetivo de identificar la cepa", precisó Hasbún.

Según él, no se descarta que en el futuro puedan ocurrir epidemias en las poblaciones de cetáceos. Eso llevaría a la extinción de los mismos y de otros organismos marinos, lo que generaría un desbalance.

"Este caso de los delfines nos ha servido como un indicador de la salud del océano. Hace 20 años no varaban delfines con enfermedades infectocontagiosas. Hace 20 años no varaban tortugas moribundas. Vemos que la contaminación y los desechos tóxicos que bajan de los ríos al mar están afectando los ecosistemas marinos", manifestó.

Para Hasbún la presencia de la brucelosis despierta otro temor: el desbalance provocado por la desaparición de mamíferos marinos puede afectar los arrecifes. "Estos forman parte del grupo que metaboliza el CO2 y disminuyen el calentamiento global", citó.

Sostiene que es importante mantener estos ecosistemas marinos en buen estado: primero para garantizar el bienestar de la sociedad y, luego, para garantizarle a las nuevas generaciones la posibilidades que abre la investigación de los arrecifes.