El cáncer de cérvix aún mata a cientos de mujeres en El Salvador

Aunque hay esfuerzos para prevenirlo, tanto públicos como privados, estos aún no son suficientes

Los pacientes con cáncer no asegurados llenan el Instituto del Cáncer desde las 6:00 de la mañana. Foto EDH / Marvin Recinos

En las áreas rurales, donde hay personas que sobreviven con menos de un dólar al día, viajar hasta San Salvador para recibir tratamiento durante una semana no es posible. Pero a eso se enfrentan, entre otras cosas, cientos de mujeres diagnosticadas con cáncer de cérvix, el que más se diagnostica entre las salvadoreñas y el que más vidas arrebata.

"Esa realidad es algo que no podemos evitar en países como los de nosotros. No solo es El Salvador, sino que también son otros los países que enfrentamos ese problema", afirma Mauricio Maza, médico de Basic Health International. En su opinión, por eso es importante que las políticas de salud contra el cáncer también se enfoquen en la prevención.

Basic Health Internacional ha documentado el caso de Tomasa López Rivera, una septuagenaria que viaja cuatro horas y media desde Arcatao, Chalatenango, para recibir su tratamiento en el ICES. Ella y cientos de pacientes viajan en bus interdepartamental, medio de transporte que resulta mucho más lento que viajar en vehículo particular. Pues los buses hacen constantes paradas en su recorrido, lo que aumenta la incomodidad de los pasajeros enfermos y hace más tardado el viaje.

Tomasa es una de las beneficiadas con las campañas que esta ONG realiza en municipios del interior del país.

En 1997, la estadounidense Miriam Cremer estudiaba medicina. En ese entonces había una hermandad entre la ciudad de Madison, Wisconsin, donde Cremer estudiaba, y Arcatao.

Cremer vino a hacer trabajo de voluntariado al pueblo chalateco. Entonces, junto a una promotora de salud llamada Helga visitó a una familia del cantón Teocinte. "Esta pobrecita mujer tenía cáncer cérvico uterino. Desgraciadamente sangró en su casa y murió", recuerda Cremer. Esa experiencia motivó a Helga y a Miriam Cremer para realizar una campaña donde le hicieron la citología a 80 mujeres. Las muestras fueron enviadas a la Universidad de Wisconsin, donde de forma gratuita eran procesadas.

Desde entonces, cada año, Cremer regresó a Arcatao para hacer campañas de toma de citología para prevenir el cáncer de cérvix.

"Arcatao es un pueblito buenísimo. Ellos me dijeron: 'Miriam, nosotros tenemos ayuda, sería bueno ayudar a otra gente'", recuerda. Luego contactó a Mauricio Maza y comenzaron a trabajar en otros municipios. Así sus campañas de toma de citología llegaron a San Pedro Perulapán (Cuscatlán), San Vicente y Chalatenango.

El personal de Basic Health Internacional utiliza la técnica de inspección visual, la cual no es tan cara. Se examina a las mujeres utilizando el espéculo y también vinagre. "Después si hay una infección puedes tratarlo inmediatamente", explica a través de Skype.

Cremer no recuerda el año en que comenzaron a trabajar junto al gobierno para enseñar esta técnica al personal sanitario. "Tengo fondos privados de los Estados Unidos, pero creo que es algo que tiene que estar con el gobierno".

Pero estos fondos privados ¿algún día se van a acabar?

"Es posible", reconoce Cremer. "No queremos depender totalmente de otra gente, tenemos que enseñar métodos que son costo-efectivos y que el gobierno puede hacer", matiza.

¿Es normal que este tipo de cáncer sea el más frecuente en la población femenina en otros países o somos una excepción?

Cremer aclara: "Esta es una enfermedad de países de bajos recursos. Aquí, en los Estados Unidos, el cáncer de la boca del útero es poco. Porque tenemos la infraestructura para hacer citología, las mujeres no tienen problema para regresar por los resultados, no se tiene problemas para hacer una colposcopía, no se tiene que viajar muy lejos para hacerlo".

Donde es difícil hacer lo anterior es en los países con infraestructura insuficiente. "Pueden hacerse su citología cada año, pero la lámina tiene que ir a un laboratorio donde haya patólogos que puedan leer las muestras". La mujer tiene que regresar por su resultado y por la colposcopía y, nuevamente, el viaje resulta caro para su bolsillo.

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