resumen noticias

"Hay fuerzas que no están interesadas en tener una democracia"

La experta en relaciones internacionales y analista del importante centro de análisis de Washington, el Woodrow Wilson Internacional Center for Scholars, conoce al dedillo los procesos políticos de El Salvador y los avances mostrados en 32 años que ella lleva visitando el país. Esta vez analiza el reciente conflicto de la CSJ y puntualiza que hay fuerzas con poder económico, político y electoral contrarias a consolidar la democracia

tomás guevara Corresponsal en Washington Domingo, 26 de Agosto de 2012

Cynthia Arnson, la directora del Programa para América Latina del centro de análisis político en Washington, Woodrow Wilson International Center for Scholars, reflexiona sobre el palpitar de la región centroamericana, particularmente de El Salvador que en los últimos días han soplado vientos nada favorables para la requerida consolidación de su sistema democrático.

La experta en la región, que ha visitado el país con periodicidad durante más de tres décadas, le mide el pulso a El Salvador desde 1980, cuando estuvo por primera vez para analizar el estado convulsivo en el primer año de la guerra interna.

Según ella, la polarización política generada por los partidos mayoritarios y que parece agudizarse a más de dos décadas de firmado los Acuerdos de Paz, en 1992, pues dice que en la retórica partidista del entorno salvadoreño pueden escucharse posturas que se igualan con las de la década de 1980.

Para Cynthia Arnson, doctora en relaciones internacionales y especialista en América Latina, está claro que Estados Unidos ha visto con atención los sucesos recientes de la crisis institucional del país, además de la apuesta de Washington porque el país siga en caminos de desarrollo con la participación y apoyo del sector privado como clave para el progreso.

"La resolución de la crisis institucional constituye un avance muy importante. Todas las tendencias políticas y los partidos se unieron en el esfuerzo para encontrar una solución (…) Se reunieron muchísimas veces, con posiciones muy encontradas, pero al final nadie quería echar a El Salvador al abismo. Sería demasiado simplista atribuir esa voluntad a las presiones que vinieron desde el exterior; también internamente hubo mucha madurez", explica la analista en la entrevista con El Diario de Hoy.

La región centroamericana tiene la constante de mostrar una variada y hasta escalonada exposición de problemas que complican su sistema democrático y El Salvador ha sido el último en poner la nota. ¿Cómo se ve la región actualmente y en particular El Salvador desde este centro de análisis en Washington?

Lo que se ve en Centroamérica, y El Salvador en particular, es que después de varias décadas del fin de las guerras (1980) hay una institucionalidad muy frágil en los países centroamericanos, en su mayoría, una polarización política muy aguda, que de cierto modo refleja las mismas divisiones de tiempos de la guerra.

Se ve en El Salvador una brecha entre ARENA y el FMLN siempre muy aguda, que de cierto modo refleja la polarización de tiempos de la guerra; en Nicaragua lo mismo, una fractura sandinista y antisandinista que también es muy difícil superar, peor todavía por los fraudes electorales de los últimos años en ese país.

¿Y Honduras y Guatemala?

Honduras que no tuvo guerra pero estaba tan involucrado como país por las guerras en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, por sus fronteras, también tiene una institucionalidad muy débil y frágil que tuvo un rompimiento del orden constitucional y niveles de polarización muy fuerte. En Guatemala se ve la dificultad de reformar y construir instituciones democráticas por la herencia tan fuerte de los años de guerra y las décadas de represión, este país tiene un sistema político mucho más fragmentado que los otros países de Centroamérica, donde los partidos con trayectoria en el pasado no existen, los partidos cambian con cada elección, son vehículos casi personalistas.

¿Cuánto pueden durar estos procesos si se parte de que las democracias en la región ya tienen un cuarto de siglo y deberían estar robustas y saludables?

Hablando desde la perspectiva de las ciencias políticas y el entendimiento de lo que es una transición se está cuestionando mucho estas metáforas de consolidación y todo esto; una transición es algo que tiene una evolución que dura mucho tiempo, hay avances y hay retrocesos, pero pensar en esto como tener un punto final y hablar de tener un sistema consolidado, eso no es la lectura de los politólogos que estudian la gobernabilidad democrática ahora en América Latina.

¿Se plantea como un largo camino entonces?

Sí, por eso hay que luchar para consolidar la democracia, pero hay fuerzas que no están interesadas en tener una democracia y tienen poder, poder electoral, poder institucional y hasta económico también; es una lucha de mucho tiempo.

¿Cuánto queda todavía de la Guerra Fría en países como El Salvador y qué lecciones se pueden traer al presente para el quehacer político?

Creo que hay unas luces también, con algunos actores tanto de la izquierda tradicional como de la derecha en encontrar actitudes distintas, eso fue reflejado por el lado de la izquierda en la elección de Mauricio Funes, que representaba como un tercer camino. En los primeros años de su gobierno se vio eso y los sectores conservadores también aportaron (…). Aunque todavía hay duros en ambos lados, en ambos campos hay gente que está buscando consenso y una nueva manera de hacer política, no exactamente como una tercera vía y no sólo hacer prevalecer sus posturas ideológicas.

¿Qué cree que ha pasado, porque el último año el Ejecutivo salvadoreño se ha visto alejado de esa premisa y en días recientes el país se enfrascó en una crisis sin precedentes?

Sigue existiendo en El Salvador sectores importantes que no están interesados en la moderación de la política y buscan imponer su visión y usan el dominio de ciertas instituciones y ciertas ramas del gobierno para empujar ese proyecto, no representan a todos, pero sí a una parte importante.

¿En los primeros años del mandato del presidente Funes se escuchó a la secretaria de Estado, Hillary Clinton, y al mismo presidente Barack Obama decir que depositaban su confianza en "el liderazgo del presidente Funes", últimamente hay silencio. ¿A qué cree que se debe que las altas autoridades de Washington resguardan comentarios?

La entrevistada piensa un momento, se acomoda en la silla y luego pide apagar la grabadora para responder a la pregunta sin que sea registrada. Contesta así desde oficina ubicada en cuarto piso del emblemático edificio Ronald Reagan, en la Av. Pennsylvania, a escasas tres cuadras de la Casa Blanca.

Y las apuestas de EE.UU. para el crecimiento del país siguen vigentes.

Primero, Estados Unidos escogió a El Salvador como un socio importante en sus proyectos de desarrollo, justamente porque el liderazgo representaba una visión distinta de gobierno, con una visión social importante, pero sin romper las reglas del juego y eso fue visto como algo sano.

¿Se ha visto desde Washington con suficiente preocupación la situación de El Salvador?

Es evidente que había una fuerte preocupación por la crisis, por lo que parecía una falta de liderazgo por parte del Ejecutivo y tener un nombramiento institucional y un retroceso en los avances democráticos y también una crítica muy fuerte aquí tanto en la rama Ejecutiva como en el Congreso de un rechazo de las tácticas del FMLN de tratar de imponer una solución sin tomar en cuenta a los otros ni a los procedimientos que están previstos en la Constitución. Estaba visto como un posible rompimiento del proceso institucional y de consolidación de la democracia y eso fue visto con mucha preocupación desde acá.

¿Habría generado algún debate interno?

Ha habido un cuestionamiento interno si El Salvador podía seguir o no como socio en todos estos programas, y obviamente una presión muy fuerte de parte del Congreso que El Salvador pierde estos beneficios, y sí hubo una preocupación muy fuerte por la evolución del proceso político.

De sus visitas frecuentes a El Salvador, ¿qué percepciones recibe en el terreno, que imagino como un laboratorio, para sus investigaciones y análisis?

Principalmente, las preocupaciones se habían expresado por la falta de seguridad ciudadana, la actuación de las maras, que existía como el desafío más grande del país, paralelo a un proceso institucional de mejoramiento de los procesos democráticos; eso ha sido pues la lectura a lo largo de estos 20 años, los 90 y la última década. Había mejoramientos muy importantes, pero cada vez una polarización política que estaba congelada en el sistema y la ola de criminalidad y de violencia y de respuestas adecuadas que estaba agudizando el problema, ahí estaba el debate.

¿Y de su reciente visita durante julio qué extrae?

Lo que yo noté fue una crítica mucho más dura hacia el FMLN y hacia la maniobra que hicieron, pero también por parte del FMLN una crítica de que ARENA había hecho lo mismo en 2006 y que la gente no hizo nada, entonces, sin pensar en lo que eso significaba para el país, pero también sentí una sensación de rechazo y de preocupación enorme.

¿Y ahora que ARENA y el FMLN tienen candidatos para las próximas elecciones, qué se puede esperar?

Creo que la polarización será muy aguda porque no se ve por parte del FMLN la moderación porque (su candidato Sánchez Cerén) es una antigua figura de un grupo guerrillero con un discurso muy radical.