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Terrenos en venta en área protegida de bahía de Jiquilisco

En punta San Juan, se puede adquirir una manzana de terreno por 15 mil dólares

La tortuga carey y su hábitat en peligro

Nuevos sitios turísticos en la Bahía de Jiquilisco y el desarrollo desordenado están reduciendo los sitios de anidación de la tortuga de carey.

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nacional@eldiariodehoy.com Sábado, 21 de Julio de 2012

En El Salvador la Ley de Áreas Naturales Protegidas no basta para proteger los recursos costero marinos.

Con 15 mil dólares, se puede comprar una manzana de terreno en punta San Juan e instalar infraestructura nueva que obstaculiza la anidación de tortugas en uno de los sitios más importantes para ello en la bahía de Jiquilisco y en el Pacífico Oriental.

Durante una visita a la zona, El Diario de Hoy indagó cuánto puede costar adquirir un terreno en este sitio, algo que la Ley de Áreas Natural Protegidas no prohíbe. Lo que sí prohíbe es la instalación de nuevos asentamientos humanos y de nueva infraestructura, es decir, el cambio en el uso del suelo.

Los lugareños, cinco familias que aseguran tener escriturados sus lotes y vivir ahí desde antes de 2005, están dispuestos a fragmentar y transferir sus propiedades a nuevos propietarios.

Uno de estos casos ocurrió hace cinco meses, según indicaron. Un profesional de San Salvador visitó el lugar, le gustó y se interesó en adquirir un terreno. Tras pagar por ello, adquirió un lote de 45 por 94 metros. Para Semana Santa, el sitio recibió turistas bajo el rótulo de "Playa y Restaurante Pta. El Sol".

Un terreno similar, indicaron los entrevistados, puede costar entre 10 mil y 13 mil dólares. Una manzana, 15 mil.

Para que los visitantes pasen la noche, en Pta. El Sol se ha construido una especie de literas con madera y toldos, se ha levantado un área de restaurante con bambú y hojas de palmera y se han instalado cuatro lámparas incandescentes de mercurio.

Pta. El Sol no es la única construcción con fines turísticos en la zona. Unos metros más al occidente sobre la playa, otro changarro está listo para recibir turistas. La vegetación de playa frente a este está entre cercos de alambre de púas. Ambos locales están en la zona donde se han registrado anidaciones de carey, pese a que el artículo 261 del Código Penal, además que prohibir la caza o pesca de especies amenazadas, advierte que quien lleve a cabo "actividades que impidieren o dificultaren su reproducción (...) será sancionado con prisión de tres a cinco años".

Obstáculos para tortugas

Los cercos, las luces y las edificaciones, según biólogos marinos que trabajan en la zona, son repelentes para dicha especie. La luz de las lámparas de alumbrado púbico que, según ellos, "puede ser vista desde el otro lado de la bahía", aleja a los quelonios. Los alambres de púas los lastiman y hasta pueden hacer las veces de trampas. Las edificaciones, rústicas o no, les impiden llegar al lindero de la zona boscosa donde suelen anidar.

Any Henríquez, coordinadora del proyecto de conservación de la tortuga carey en la Bahía de Jiquilisco implementado por la Iniciativa Carey del Pacífico Oriental (Icapo), explica que la playa se divide en cuatro zonas: la arena, la vegetación de playa, el borde del bosque y el bosque. Luego recalca: "Es importante el hecho de que se necesita proteger los 30 metros de la playa (que por ley le pertenecen al Estado), porque es ahí exactamente donde anida la tortuga carey". Frente a uno de los cercos de alambre de púas instalados en esa zona, la bióloga marina advierte que antes de enfrentarse al cerco, la tortuga tendría un primer obstáculo: la basura, sobre todo plástico que tapiza la playa.

En sus palabras: "Ese es un problema bien difícil porque sabemos que la tortuga quiere pasar, pero por tanta basura no logra llegar a la zona".

De acuerdo con los datos recopilados en el marco del proyecto de Icapo, Henríquez considera que esta zona de punta San Juan "debe ser protegida". Mike Liles, director local de Icapo, considera que para protegerla no basta con que haya sido reconocida internacionalmente como Reserva de la Biosfera y sitio Ramsar.

Por ello afirma: "Lo que se necesita aquí es una base legal donde se pueda declarar, oficialmente, las playas de anidación de la tortuga carey como áreas protegidas o, por lo menos, asegurarle la protección a largo plazo".

Él, Henríquez, otros biólogos y los lugareños que trabajan en los programas de conservación de la carey en la zona son testigos del desarrollo no controlado que hay en punta San Juan y temen que eso mismo ocurra en El Icacal y La Pirraya, los otros puntos de anidación, y donde investigan a la carey, en la bahía.

"Lo que queremos hacer es trabajar en conjunto con las autoridades, las ONG y los actores de la zona para ver cómo se puede regular de forma ordenada el desarrollo", explicó Liles. Él subraya que punta San Juan "es el lugar más importante de anidación de la carey en toda la región".

Sobre Pta. El Sol afirma: "No se sabe exactamente quién es el dueño, quién tiene la tenencia de la tierra en esa área... (Pero) cuando hay turistas ahí, ponen una luz bastante fuerte, una luz que se puede ver desde el otro lado de la bahía". Esa es la causa de que se hayan registrado menos anidaciones este año.

Por una protección real

"Si se va destruyendo el hábitat, hay menos carey", advierte el biólogo Alexander Gaos. Para evitar que eso ocurra en punta San Juan, el personal de Icapo busca trabajar con quienes ya viven en punta San Juan, legal o ilegalmente, para que no ignoren que ahí anida la carey y no le sigan poniendo más obstáculos.

Además, buscan ¿cómo garantizar que no se siga construyendo de una manera no controlada y desordenada en la costa de la bahía?

Mike Liles es consciente de que casi toda el área de punta San Juan, en la península de San Juan del Gozo, es propiedad privada. Mientras que las pocas áreas de manglar en esa zona son propiedad del Estado. Lo que está fuera de ellas "no goza de protección".

Él considera necesario otorgar la misma protección que tienen los manglares a las playas donde anidan las carey.

En sus palabras: "(Es necesario) que haya una base legal para que la gente, por lo menos, tenga que respetar (y que) haya una regulación desde la marea alta 30 metros hacia adentro, porque es el área donde anida la carey".

Si no se conserva intacta la vegetación natural de la playa, ninguna carey va a anidar ahí, sostiene. "Si hay cualquier tipo de construcción van a evitar esa área y vamos reduciendo el espacio, porque es un espacio vivo. Es un espacio de unos siete kilómetros (de playa) y cada año va reduciéndose", advierte Liles. Si no se actúa pronto, la veda de huevos y productos derivados de la tortuga, las liberaciones de neonatos, la investigación a base de colocarles GPS, serán solo anécdotas que recordar sobre una especie extinta en El Salvador y el mundo.