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Tratan a niño con tumor de 7 cm en el tallo cerebral

Yoan fue desahuciado en Nicaragua, su país de origen. En Costa Rica y Colombia no aceptaron tratarlo por la edad. Es uno de los casos más complejos visto en El Salvador

Texto: Yamileth Cáceres Foto: Lissette Monterrosa Lunes, 16 de Julio de 2012

Los dolores de cabeza que desesperaban a Yoan Cortez y que con el paso del tiempo se hacían más intensos no eran causa de ninguna infección ni del ajetreo que tiene un niño de cinco años, sino de un tumor en la cabeza de difícil tratamiento.

Esa fue la noticia que sus padres escucharon el 30 de mayo de este año en un consultorio privado de Nicaragua. Una resonancia magnética, un estudio de imágenes, reveló que el infante, oriundo del Ocotal, Nueva Segovia en Nicaragua, tenía un tumor grande en el tallo cerebral, un área que se encarga del control de la presión arterial, del latido del corazón, de la respiración y de otras funciones.

"Nos dijeron que por el lugar de ubicación era inoperable. Ahí comenzó nuestro calvario", comentó Nelson Waldemar Cortez, padre de Yoan.

Fue a inicios del año cuando el niño comenzó a quejarse de dolores de cabeza, sobre todo cuando corría o se agitaba. Los médicos, en Nicaragua, decían que se trataba de cansancio.

Con el paso de las semanas, el malestar del niño aumentó.

Un día de marzo la profesora de primer grado de Yoan llamó a sus padres y les dijo que el infante no paraba de llorar por el dolor.

Su madre fue a buscarlo y nuevamente lo llevaron al médico. Le dieron unas medicinas para un problema infeccioso, pero los dolores no cesaron, al contrario incrementaron, al grado de retorcerse.

En una nueva visita al médico, los padres pidieron que le indicaran un electroencefalograma, un estudio del cerebro.

Los tres se trasladaron hasta Managua; recorrieron más de 220 kilómetros hasta la capital.

La prueba diagnóstica se la realizaron el 17 de mayo y salió normal. Pero los chequeos clínicos que le hizo el médico no; Yoan no se podía tocar la nariz y tambaleaba en las pruebas de equilibrio.

Estos signos alertaron al médico, por lo que le indicó una resonancia magnética. Su costo, en lo privado, fue de $600.

Con los resultados de los exámenes, el 1 de junio se dirigieron al Hospital Infantil La Mascota, con la esperanza de que les ofrecieran un tratamiento para su único hijo.

"El tumor es inoperable, no hay nada que hacer", esas fueron las palabras que escucharon los padres de Yoan. Lo único que hicieron fue remitirlo al Hospital Escuela Antonio Lenín Fonseca Martínez para que el equipo de neurocirujanos evaluara el caso.

Para entonces Yoan ya no hablaba bien, no caminaba, no movía el ojo izquierdo. En cuestión de días su salud se deterioró.

"Estábamos tratando de digerir lo que nos estaban diciendo. Prácticamente lo que nos decían era que no había nada que hacer, que nuestro hijo se iba a morir", recuerda Cortez, quien es defensor público y su esposa laboraba en el Ministerio de Trabajo.

Yoan fue hospitalizado, pero lo único que le ofrecieron fue medicamento para calmar el dolor y desinflamar el cerebro.

Las expectativas de vida eran de ocho días. A Cortez aún le dan escalofríos cuando recuerda lo vivido. La única forma de tratamiento era radioterapia, pero focalizada, es decir, dirigida al tumor, para no afectar el resto del cerebro.

Ese procedimiento no estaba disponible en Nicaragua. En el Instituto Nicaragüense del Seguro Social (INSS) les informaron que en Costa Rica y Colombia disponían de ese procedimiento.

Las autoridades del INSS hicieron los contactos, pero no lo aceptaron en Costa Rica ni en Colombia debido a la edad del paciente.

La búsqueda

Todo lo que sucedía se lo trasladaban a la familia en el Ocotal. Al ver lo delicado del caso, un familiar inició su propia búsqueda por internet y encontró la página del Instituto Internacional del Cáncer, del Hospital de Diagnóstico, en El Salvador. Allí los médicos dijeron que lo aceptaban.

Con los documentos, Cortez se dirigió a las autoridades del INSS y pidió autorización para sacar a Yoan del país y trasladarlo a El Salvador. Pero debía realizar una serie de trámites.

En el Ocotal, la noticia del problema de salud de Yoan conmocionó a los habitantes. El pueblo se organizó y desarrollaron una hablatón; se unieron los residentes de todo el departamento de Nueva Segovia.

En la actividad recaudaron varios miles de córdobas y el 8 de junio algunos periódicos recogieron la noticia. Con las copias de los artículos, Cortez se dirigió nuevamente a las autoridades del Seguro Social y pidió el permiso para llevarse a su hijo. El INSS aceptó, además se hizo cargo de pagar el tratamiento.

La noche del 11 de junio llegaron a El Salvador con muchas esperanzas; era la única puerta que se les abrió y en la que depositaron su confianza. A las 7:30 de la mañana del día siguiente estaban en el Centro Internacional del Cáncer, en San Salvador.

Ese día le realizaron una tomografía axial compuratizada y una resonancia magnética para evaluar el caso.

Víctor Caceros, jefe del Servicio de Radioterapia del Centro Internacional del Cáncer del Hospital de Diagnóstico, manifestó que en primera instancia sabían que el niño había sido rechazado en otros centros médicos y que le daban pocos pronósticos de vida.

Los estudios realizados en Nicaragua indicaban que se trataba de un tumor del tallo cerebral de cuatro centímetros.

La literatura médica describe que del uno al dos por ciento de los tumores cerebrales en niños puede ser un astrocitoma difuso.

Ya en el país le practicaron una nueva resonancia. Esta reflejó la magnitud el problema: el tumor medía siete centímetros de longitud y cinco de ancho. Estaba incrustado en todo el tallo cerebral.

Los especialistas estaban ante un caso difícil, de los más complejos visto en niños en los últimos ocho años. El equipo del Centro Internacional del Cáncer se reunió, discutió el caso y fijó el tratamiento.

Decidieron aplicarle 33 sesiones de radioterapia focalizada. La radiación va directo al tumor, se protegen los órganos en riesgo como los nervios ópticos y el cerebelo, entre otros.

Yoan recibe la terapia de lunes a sábado; la radiación es por cuatro minutos. Para la sesión, el paciente es sedado por un anestesiólogo pediatra.

"En otros países no le ofrecían ningún tratamiento, el niño estaba prácticamente desahuciado, los padres habían recibido información de que no había nada que hacer", comentó Caceros.

El especialista expresó que este tipo de tumores no se le puede hacer biopsia por estar en una estructura muy delicada. Ese proceso le puede ocasionar la muerte, por ello solo se guían por imágenes.

El radioncólogo dijo que el caso de Yoan es bastante complejo, el tamaño de tumor es algo que no se suele ver y que en ocho años de carrera es el primero de este tipo que atiende en el país.

"Si no se le hacía nada, el niño iba a morir en menos de dos meses. Cuando uno se enfrenta a una enfermedad terminal y a la muerte, un día cuenta. Con este tratamiento está teniendo la opción de vivir años, con buena calidad de vida", añadió Caceros.

Todos los niños que no reciben tratamiento fallecen en dos meses aproximadamente.

El martes 3 de julio, Yoan cumplió tres semanas de tratamiento. Tanto el médico como los padres han notado un cambio significativo en su estado de salud.

El dolor de cabeza se redujo considerablemente. Ya camina, conversa, no vomita, duerme más tranquilo.

El 27 de junio, Yoan cumplió seis años. En el centro le celebraron su natalicio.

Cortez expresó que antes del tratamiento cuidaban de no ponerle programas graciosos porque eso le provocaba dolores profundos.

"Hoy se pega unas carcajadas, goza, vemos el cambio", agregó el padre.

Yoan está por finalizar las sesiones de radioterapia. Un mes después lo someterán a otros exámenes de imágenes para verificar si el tumor se redujo o desapareció.

Las expectativas del equipo de especialistas son grandes. El viernes Yoan cumplió su sesión número 21.

"Quisiéramos salir de aquí y olvidarnos, pensar que fue una pesadilla y que despertamos..., pero creo que esa angustia no desaparecerá", agregó Cortez.

Por el calvario que han pasado y los pronósticos que les dieron en Nicaragua consideran un milagro que su hijo esté vivo y recuperándose.L Yoan recibe la terapia de lunes a sábado; la radiación es por cuatro minutos. Fotos EDH /Lissette Monterrosa