Obesidad ataca a niños salvadoreños

[ SALUD ] En el área de nutrición del Bloom y el ISSS consultan más niños obesos que desnutridos. Seis de cada 100 niños menores de cinco años tienen ya sobrepeso en El Salvador. Los expertos coinciden en que la actividad física infantil ha disminuido y que el azúcar y los carbohidratos predominan.

1 Juan José Rivera está bajo tratamiento en Bloom. Fotos EDH /lissette monterrosa

A obesidad infantil es un problema de salud nuevo y creciente en El Salvador. Entre 1990 y 1999 el porcentaje de niños menores de cinco años con obesidad era de 3.9 por cada 100. Entre el año 2000 y 2009 ese porcentaje pasó a ser de 5.8, es decir, seis de cada 100 menores de 5 años tiene sobrepeso en El Salvador.

El porcentaje no es elevado "pero tiene que preocuparnos", afirma Ana Beatriz Sánchez, de la Unidad de Nutrición del Ministerio de Salud.

Sánchez explica que la obesidad infantil es un "un problema emergente" y señala el excesivo consumo de bebidas azucaradas, la falta de actividad física y la introducción de alimentos antes de los seis meses de edad como tres de las causas de este fenómeno.

En la clínica privada de la endocrinóloga Tania Arévalo hay días en los que de 12 pacientes, seis consultan por obesidad. La pediatra Margarita Barra, del ISSS Santanita, advierte que la prevención de la obesidad empieza con la lactancia materna. "En el ISSS tenemos más (consultas por) obesidad que (por) desnutrición", asegura.

El fenómeno es tal que hasta en el programa Libras de Amor, el cual combate la desnutrición en algunos de los municipios más pobres del país, se está atendiendo a niños obesos. Rebeca Cruz, gerente del componente de sostenibilidad social de Libras de Amor, afirma que desde hace 3 o 4 años, se empezó a constatar que el 2 % de niños atendidos por el programa tienen obesidad: "No es mucho, pero antes no había".

Cruz señala que "la calidad de vida de los niños obesos va disminuyendo desde su infancia".

Todo lo que advierten las estadísticas y los médicos, Juan José Rivera Escobar lo vive en carne propia. Pesaba 119 libras la primera vez que pasó consulta con la pediatra nutrióloga Lizeth Sánchez en el hospital de Niños Benjamín Bloom. Con 10 años y 1.35 metros de estatura ya es un niño obeso.

La doctora le dio una lista de alimentos que debía evitar y le recomendó hacer 40 minutos de ejercicio diario. Para la próxima consulta, esperaba que Juan José hubiera rebajado 5 libras como mínimo. Pero el viernes 19 de agosto, cuando Juan José se subió a la báscula pesó 8 libras más.

El niño fue remitido con la nutrióloga por el neurólogo, pues tiene epilepsia y la obesidad agrava su enfermedad.

En el centro Escolar Profesor Rafael Osorio, de San Rafael Obrajuelo, donde estudia Juan José, dan refrigerio escolar. Por ello, doctora Sánchez envió una carta a la profesora de tercer grado para que a él no le den refrigerio.

Según ella "el refrigerio escolar ha sido uno de los disparadores de la obesidad". En el Bloom, atiende ocho niños diarios, de los cuales cinco consultan por sobrepeso y tres por desnutrición secundaria. "Todos los días tengo pacientes de primera vez", asegura. Todo ello la ha motivado a instar al Ministerio de Salud a hacer una evaluación del refrigerio escolar. "Ya le di la queja a la jefe de nutrición, Beatriz Sánchez, (porque) están aumentando los sobrepesos y los obesos".

Más calorías

La pediatra nutrióloga del Bloom cree que antes de dar la alimentación escolar, en cada escuela se debería hacer un censo de peso para determinar si dicha alimentación es necesaria. Pero en el Ministerio de Educación se considera que los casos de obesidad entre los 1.3 millones de estudiantes que reciben alimentación escolar son mínimos. Carolina Rodríguez, coordinadora del área de nutrición de programa de alimentación escolar del Mined, explica que la comida que se da a los estudiantes en los centros educativos no pretende ser un tiempo de comida sino un refrigerio. Es decir, un refuerzo calórico equivalente al 20 % de las dos mil calorías que deberían consumir los estudiantes diariamente. "Lo específico es 15 % pero se da un poco más por los que llegan sin comer", aclara Rodríguez. La nutrióloga de Educación cree que a lo que se le debe poner atención es "al 80 % de la alimentación del niño", es decir, a cómo se alimenta en casa. Pero con Juan José ocurre lo contrario. Su abuela, Raymunda Idalia Escobar, afirma: "Aquí no le gusta desayunar porque le damos muy poquito... Me estás matando, abuelita, me dice porque le doy un cuarto de tortilla y no la tortilla entera".

El miércoles 24 de agosto, el desayuno casero de Juan José consistió en salchicha, huevo y requesón. Durante el recreo, Juan José juega mica con el resto de compañeros. Corre un poco menos y suda un poco más. Regresa a su casa caminando, toca la puerta, saluda a su abuelita y enciente el televisor. Por la tarde, dos horas después de haber almorzado, realiza los ejercicios que le indicaron el Bloom.

Baja y sube corriendo los tres gradas que llevan de la cocina al patio durante 10 minutos. Descansa un poco y luego se pone a correr de un lado. Finalmente, sintoniza un canal que transmite videos musicales y baila durante otros 10 minutos. Aunque termina sudoroso y cansado, a sus nueve años, dice estar consciente de que el ejercicio le hace bien. En la escuela, recibe dos horas de educación física cada 15 días. La nutrióloga del Mined explica que por razones de seguridad o por falta de áreas adecuadas, las escuelas tienen dificultades para promover la actividad física entre los estudiantes. "La actividad física actual es solo para incentivar, no es reductiva", reconoce Rodríguez, "lo que se busca es el fomento de los (buenos) hábitos y la corrección de hábitos malos".

Según una pequeña investigación realizada por alumnos del centro Escolar Profesor Rafael Osorio, los alimentos que más compran en la tienda escolar y consumen durante el recreo son las sodas (26 %) y las pupusas (27 %). Entre los productos que los alumnos no encuentran actualmente en la tienda y que quisieran poder comprar son: refrescos naturales (42.6 %), hot dog (42.7 %), pan dulce (32 %). En su consulta en el Bloom, Sánchez pregunta a las madres "¿usted, cómo ve al niño?".

La respuesta más común es: "Gordito pero normal". En ese momento, Sánchez inicia un trabajo de educación: la gordura en los niños no es hermosura, sino un problema para su salud presente y futura.