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Pies plantados en dos tierras

Eduardo Lytton Artista salvadoreño en EUA Sábado, 26 de Enero de 2013

Cuando puse mi proyecto El altar a la Señora del Luz del Sol Plateado en Kickstarter (una plataforma en línea para recaudar fondos para proyectos) dije algo como "Este proyecto es bien importante para mí, porque quiero mostrar un poco de lo que es posible con tecnología en el arte". Imagínense cuál sería mi sorpresa cuando llegué a la Selección Promérica en MARTE y me encontré, no solo con cuadros enormes, infundidos por cultura pop que me hacían guiños desde el pasado, sino además proyecto tras proyecto con video, monitores y proyecciones. Además de fotos e instalaciones habían obras de sonido, obras basadas en sets de data y obras interactivas hechas con video y programación.

Me sentí impresionado... No solo me hicieron poner los pies en la tierra, sino que me dio alegría ver que mucho de lo que se estaba haciendo en Nueva York ya lo estaban haciendo aquí en El Salvador. El mundo se ha vuelto más pequeño, sin duda.

Viniendo de fuera (yo nací en El Salvador y pasé buena parte de mi vida en Miami antes de irme a Nueva York) pensé que me iban a tratar como extranjero. En vez de eso, me encontré una comunidad de artistas afines a mí que me recibieron con calidez salvadoreña, y se volvieron mis amigos, gente joven tratando de cavar un camino en tierras a veces muy rocosas. Me sentí muy orgulloso de ser parte de la Selección Promérica —La calidad e ingenio estuvo en un elevado nivel, reconocible en cualquier parte del mundo con el sabor y color de El Salvador—.

Mi experiencia en Bavic 8 fue parecida a la de la Selección Promérica, solo que en mayor escala. Conocí a personas increíbles de la comunidad del arte de Panamá, Costa Rica, Honduras, Nicaragua y Guatemala. Me uní mucho más a los salvadoreños. Durante el día montábamos nuestras obras, algunos en lucha libre con la tecnología ("¿¡Por que no funciona este DVD?!") y otros torturados, esperando días para que sus piezas salieran de la aduana (los chapines). Un laberinto de pequeñas ciudades de arte empezaron a levantarse, casi como si fuera por obra de las omnipresentes grúas de construcción en el paisaje de Panamá. En la noche empezaban el verdadero intercambio de ideas, cuando tomábamos cervezas por la piscina, nuestro hotel acechante encima de nosotros, como un OVNI y el olor de la bahía filtrándose entre los edificios... Era entonces que las palabras se volvían promesas y las historias se iluminaban en tonos de azul y amarillo. Nos veíamos y nos saludábamos. No dándonos la mano, sino que con "high fives" contentos de ver lo que el otro había hecho y la forma, el bailecito en que lo hicieron.

A veces siento como que tengo los pies plantados en dos tierras, dos realidades alternas. Pero hay una que me jala un poco más, que se siente un poco más como hogar, como una madre al hijo. Para los que esperan que llegue el momento del Arte Salvadoreño, les diré que ya está aquí —No tanto con un ojo viendo hacia el Norte o al resto del mundo— pero conscientes de lo que está pasando en el exterior con ojos quietos, observadores. Viendo lo que está pasando en su propia tierra. Están listos para contar sus historias.