Un montaje complejo

Llegué a Panamá con la idea de poder presenciar –y ayudar si ese fuera el caso- el montaje de las obras para la VIII Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano a realizarse en el Museo de Arte Contemporáneo de esa ciudad. El montaje de obras de arte contemporáneo, en la actualidad, reviste una cierta complejidad debido a la diversidad de medios utilizados así como por el aprovechamiento de la tecnología en múltiples recursos que son los instrumentos de expresión de los artistas.

A mi llegada a ese museo, a tres días de la inauguración, no dejé de experimentar cierta preocupación; el montaje no se veía muy adelantado y pocos artistas se encontraban instalando sus obras, aunque las pinturas de Luis (Cornejo) ya estaban colocadas en la pared y la obra de Eduardo (Lytton) ya estaba bastante avanzada debido al trabajo de él mismo ensamblándola. Estas fueron las obras de nuestros artistas que se ubicaron cerca de la entrada del museo, el resto de la representación salvadoreña se ubicaba en diferentes puntos del edificio, con obras en diferentes espacios y en algún caso, con cierto aislamiento; solamente las creaciones de los artistas guatemaltecos se ubicaron en una sola sala. Lo anterior obedeció a las limitaciones del espacio propias de las instalaciones de ese museo, un edificio de la primera mitad del siglo XX que fue adecuado con ese propósito, y a criterios específicos de la museografía en cuanto a los temas y tipos de obra planteados.

Los espacios del museo habían sido intervenidos con color negro aplicado a la altura de los cielos y con una alfombra de ese color que contribuyó a enfatizar los lienzos blancos de las paredes como áreas para colocación –o fondos- de las obras. Esto, si bien es cierto que contribuye a una cierta unificación visual, genera una sensación de espacios reducidos en cuanto sus dimensiones.

Conforme fueron llegando los artistas, crecía la demanda para el personal de montaje, en mayor medida para asistencia en labores de instalación eléctrica o similar. Melissa (Guevara), así como Danny (Zavaleta) tuvieron que esperar turno mientras crecía la tensión al no poder avanzar en el montaje ya que se dependía de esta asistencia. Al día siguiente se notaba un adelanto significativo y las obras de Mauricio (Kabistán) y de Rodrigo (Dada) se encontraban ya instaladas. Se pudo ver a esas horas que la exposición tiene muchos aciertos en cuanto a la presentación y ubicación de las obras a pesar de las limitaciones del edificio que debe haber condicionado a algunos artistas a replantear aspectos de sus propuestas.

Finalmente, y aunque ya no lo presencié debido a mi regreso al país por obligaciones de mi cargo, el montaje se completó a escasas horas que se inaugurara la muestra; sin embargo la experiencia conlleva a la reflexión en cuanto a la coordinación de tiempos de los actores involucrados en un montaje de este tipo: museógrafos, artistas, personal de montaje, etc.

En una región, en la cual los artistas y sus obras tienen limitada movilidad debido a razones económicas, esta Bienal de Artes Visuales, que incluye un evento teórico, se constituye en una oportunidad para los contactos, el diálogo, el intercambio de experiencias y las reflexiones sobre el desarrollo artístico contemporáneo y los problemas y barreras del mismo dentro del ámbito centroamericano.