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En San Pedro hubo testigos salvadoreños

En medio de una jornada de estudios y actividades religiosas, un sacerdote salvadoreño que estudia en Roma fue testigo de la proclamación de Francisco.

Miércoles, 13 de Marzo de 2013

El sacerdote salvadoreño Fernando Orellana se levantó a las 5:30 de la mañana. Rezó laudes, desayunó y a las 7:20, hora de Roma , se subió al bus que lo llevaría a la Universidad Lateranense, donde estudia primer año de Licenciatura en Matrimonio y Familia, "la nueva teología moral", explica. A las 10:20 de la mañana, terminada la jornada de estudios y aprovechando que tiene algo de dinero, se compra un café por 0.60 centavos de euro; pero para el pan dulce no le alcanzó.

Luego fue a la estación del metro Octaviano que conecta con Plaza San Pedro, desde donde caminó 30 minutos. Una vez en la plaza, rezó un Rosario... y tomó fotos. Ayer, mediante el chat de Facebook narró su experiencia:

"Llegaba y llegaba gente a la plaza para ver si el humo sería blanco. La lluvia no los detenía. Para entonces, ya había un clima de oración.

Entonces vi algo que hacia mucho no: un ermitaño. Estaba hincado, sin nadie a su alrededor. Un hombre apartado del mundo, viviendo para Dios en la soledad y pobreza total, en el abandono a la Divina Providencia. Andaba descalzo y era fácil ver sus pies destrozados. Pasó toda la tarde rezando. Carismas de Dios que enriquecen a la Iglesia. En medio de aquel clima y expectación, vi las grandes torres que se levantaron para las comunicaciones de televisión y radio. El mundo y la Iglesia estaban a la expectativa.

Tras irse a almorzar al seminario volvió a San Pedro a las 4:30 de la tarde. "Hoy era la profesión de fe de Giuseppe, un exseminarista italiano que estuvo en El Salvador y nos invitó. Otro sacerdote salvadoreño, Julio Tobar, me pasó a traer en carro. De camino a su parroquia escuchamos la noticia por radio María y nos regresamos. Eran las 7:00 de la noche. Llegamos a las 8:00 y estaba llenísimo. Había cantos, aplausos, vivas, fotos, un ambiente de alegría y gozo.

De pronto, la ventana hacia la que todas las miradas se dirigían se abrió y apareció el camarlengo. Hubo un aplauso muy grande y largo, gritos de alegría. De repente, un silencio para escuchar bien el nombre y oír: 'HABEMUS PAPAM FRANCISCUM'. Después que el camarlengo da la noticia todos empiezan a gritar: Francisco... Francisco...!".

"¿Y qué dicen de que sea argentino? ¿de que sea jesuita?", pregunta El Diario de Hoy. Orellana responde: "En la plaza, nada. Porque la gente que va es de muchísima fe. Lo recibimos con amor y fe. ¡Estamos felices!".