"Son de las quemaduras más mutilantes"

Al año, entre 300 y 400 infantes son atendidos por quemaduras. Las de tipo eléctrico representan un 5 % de todos los casos y son de las más graves.

Susy Egisabal Cárcamo cuida a su hijo, que recién salió de una cirugía. Foto EDH / archivo

En el hospital Bloom, las atenciones por descargas eléctricas ocupan el cuarto lugar de todos los ingresos por quemaduras. Patricia de Calderón, jefa del Servicio de Cirugía Plástica, manifestó que este tipo de lesiones no son tan frecuentes, pero son de las quemaduras más mutilantes y de bastante gravedad. En el Bloom, al año ingresan entre 300 a 400 niños por quemadas, el 70 por ciento son producidas por líquidos, un 15 por ciento por fuego directo, un ocho por ciento por pólvora y entre el cinco al tres por ciento son eléctricas.

La especialista explicó que la gravedad radica en que la sangre es un conductor excelente de electricidad, lesiona de adentro hacia afuera, es decir, afecta desde los vasos hasta el hueso. "Es como una onda expansiva de adentro hacia afuera, por eso es que son muchísimo más graves", agregó.

De acuerdo con los reportes del Bloom, la mayor cantidad de casos ocurre entre octubre y noviembre porque es la época en que los infantes elevan piscuchas, estas suelen enredarse en los cables y es cuando ocurren los accidentes. También registran quemaduras eléctricas ocasionadas por los tomacorrientes, en niños entre los dos y tres años. Estos suelen meter los dedos en los hoyos y sufren las lesiones.

De Calderón comentó que las lesiones se clasifican de alto voltaje cuando la descarga es de más de mil voltios. Las de alto voltaje son las que producen mayor mortalidad. "La conducción eléctrica pasa por el corazón y el paciente puede llegar a tener fibrilación auriculares, dar un paro cardiorrespiratorio, lo que ocasiona una muerte eminente en el momento del contacto".

Agregó que si el infante sobrevive, puede tener secuelas graves, generalmente salen afectados los miembros y llegar hasta amputaciones.

La especialista dijo que cuando llega un paciente con este tipo de problemas lo primero es salvarle la vida, luego el miembro y por último abordan lo estético.

Los infantes son ingresados a la Unidad de Cuidados Intensivos para controlar el problema del corazón, luego se le hidrata para evitar un daño renal crónico, posteriormente los cirujanos plásticos tratan de salvar los miembros afectados. En ocasiones, como llegan tan destruidos los tejidos, se amputan. Para tomar esa decisión, un equipo multidisciplinario evalúa el caso, luego los padres deben autorizarlo.

En aquellos casos en que se pueden salvar los miembros, el proceso puede durar de 15 días a dos meses.

Después de darle el alta, los niños quedan en rehabilitación por uno o dos años.

La doctora expresó que en el Bloom no se hacen prótesis, pero se tienen convenios con otras organizaciones que ayudan a los pacientes, además reciben apoyo del Club Shriners, que ofrece rehabilitación y prótesis en los Estados Unidos.