Los hermanos Villalta y su batalla contra la ceguera y el desdén

Son músicos que cantan sobre derechos de la niñez como la educación, a la que no han tenido acceso

En San Miguel construyen un nuevo edificio para la única escuela especial del departamento, pero esta queda a 45 kilómetros del hogar de los hermanos Villalta. foto edh / archivo

SAN MIGUEL. Cristian Alexis y Maydelin Abigaíl, de 12 y 8 años respectivamente, son la muestra clara de que las ganas de salir adelante son más fuertes que las barreras impuestas por el desdén estatal a niños con discapacidades.

Son hermanos y ambos nacieron ciegos en el cantón Majatepeque, en el seno de la familia formada por un jornalero y una ama de casa. De más está describir su pobreza; lo que sí es destacable es el tesón con el que enfrentan la vida.

El punto que hizo la diferencia en esta familia es que María Estela, la madre de los dos niños, sabía tocar la guitarra y decidió ocupar buena parte de sus días en transferir esos conocimientos a sus vástagos.

Hoy son músicos que hacen vibrar el corazón de quien los escucha. Desconocen la parafernalia de la escala musical, pero sí que saben poner a bailar a la gente.

Iniciaron en la música con instrumentos en ruina, en la ermita de su cantón, pero a medida se iban dando a conocer en el municipio y en la zona norte de San Miguel fueron ganándose a pulso el cariño de muchos y les fueron llegando ofertas de ayuda que más tarde se concretaron en instrumentos nuevos.

Un empresario migueleño habló al padre de los niños, José Mauricio, y le pidió que lo acompañaran donde un especialista. El padre accedió sin mayores pretensiones porque de pequeños los anduvo por muchos hospitales hasta que en el Benjamín Bloom le rompieron las esperanzas al decirle que la ceguera era tan rotunda "que jamás verían las estrellas. Esas fueron las palabras del doctor", recuerda.

Ahora comienzan a recobrar la vista, ayudados por un puño de medicamentos que el especialista recetó, pero los usan poco porque su precio es tan altísimo que casi alcanza los 100 dólares.

Cuando El Diario de Hoy los visitó ofrecieron cantar una letra propia. La experiencia no puede ser más irónica porque en la letra de Cristian Alexis hablan de derechos irrefutables de los niños, a la salud, a la educación y a esos temas que abundan en la legislación salvadoreña, que no es más que letra muerta cuando se trata de niños pobres.

Los hermanos Villalta cantan música religiosa, pero por la necesidad también cantan ranchero y hasta chanchona por supuesto.

Con las ofrendas que reciben cuando los invitan a cantar instalaron una tienda en su casa, que no es más que un pequeño estante en el que exhiben unos escasos productos que sus vecinos les compran para ayudarles a ganarse el pan dignamente.

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