
El grupo y su potencial en la socialización
La especie humana no se comprendería sin la conformación de las sociedades. Pero además de la familia, los colectivos sociales son elementales en la formación de costumbres, identidad y cultura o, en contraste, en la generación de hábitos poco beneficiosos para la conducta y el desarrollo
De bebé, el ser humano come, llora, ríe y juega. Lo hace con su madre incluso en el vientre materno y con su padre cuando da sus primeros pasos. Eso deja en su subconsciente la idea de reflejarse en los otros, creando un sentido de pertenencia que lo acompaña de por vida y que se vuelve necesario para socializar, ese proceso que inserta al individuo en una etnia y es básico para construir una identidad a largo plazo.
Cuando llega la adolescencia, la rebeldía es la principal manifestación en la búsqueda de "ser en el mundo". Para los psicólogos se trata de una edad compleja donde convergen factores como las normas sociales, el fomento a la personalidad y el empeño -a veces desafiante- por insertarse dentro de un colectivo que genere reciprocidad y afecto.
Pero mientras se recorre este camino, la presión grupal aparece como una piedra entre la norma -o convención- social y la aceptación, algo que, cuando se desborda, desencadena en una confusa formación de conductas que recorren estigmas y tipificaciones.
A partir de un criterio antropológico, un grupo social es una reunión de individuos que se construye con un fin determinado que normalmente está relacionado con una necesidad que no es posible o es muy difícil de resolver de forma individual. Esto no solo se trata de cuestiones materiales sino también de compensar aquellos vacíos que no logran llenar las diferentes instituciones sociales (familia, iglesia, escuela, entre otras).
El sociólogo Roberto López, considera que el ser humano es un sujeto que se construye socialmente por lo que va perfilando su sociabilidad en la medida que se va integrando a distintas agrupaciones, siempre y cuando enfrente retos, dinámicas y procesos sociales que le permitan desarrollar habilidades.
Sin embargo, cuando se trata de la definición de la identidad, hombres y mujeres deben de reconocer que sus orígenes y raíces socio-culturales están en los otros, como si se tratase de un espejo donde se reflejan los alcances, limitantes y posibilidades de cada uno de los actos humanos.
"Todos necesitamos modelos, referentes para construir identidad y es ahí donde el grupo sirve de marco y base para construir y modificar relaciones, más allá de que si son positivas o negativas, obedecen a un objetivo previamente definido", resaltó López.
Bajo esta premisa Dina Semsch recuerda los principios de la psicológica social para justificar que los grupos pelean constantemente entre la satisfacción para sus miembros y el interés social. En otras palabras representa un aumento considerable de autoestima para superar así las expectativas iniciales del colectivo.
"El grupo también es un reforzador de las conductas y en otros casos un transformador radical del pensamiento individual a favor de un colectivo", explicó.
En este sentido, López cree que un aspecto que marca las dinámicas sociales y la edificación de relaciones e identidades es la cultura, porque en todas partes del mundo hay temas y elementos simbólicos considerados aceptables y tolerables para estimular la convivencia social.
Así se explica a una persona o a un grupo hetario que adopta prácticas incomprendidas o rechazadas. Este se verá expuesto al rechazo, la marginación y la exclusión social, a menos que esté dispuesto a renunciar a sus "ideales" y dejarse llevar por la cultura dominante.
"De acuerdo a lo que la sociedad va requiriendo para la reproducción de sus estructuras el proceso de socialización se encarga de construir identidades pero luego por la presión social, se modifican y moldean estas", analizó López.
Por otra parte, Semsch recuerda que existe en el ser humano un esquema de asignación social de etiquetas que permanentemente crea "casilleros cognitivos" para almacenar percepciones sobre la gente, algo natural que hay que saber controlar para evitar que esas fuerzas se sobrepasen el principio categórico.
"El grupo social es un gran medio donde cada persona se va insertando. Pero nunca hay que partir de preconceptos para juzgarlos porque a largo plazo eso crea intolerancia", puntualizó la psicóloga.
Cabe destacar que en toda sociedad hay una identidad cultural que es adoptada y reproducida por mayor parte de la sociedad. A pesar de ello, factores como la cantidad de personas que crean un grupo, el nivel de organización y el conjunto de relaciones que el grupo tenga vuelven exitoso a un colectivo, más allá de la causa altruista, política, social o cultural que persiga.
"Parecería que el grupo surge por generación espontánea pero siempre hay una razón que le da vida, eso es lo que debe prevalecer siempre para que sus miembros se sientan integrados y logren incidir sobre otros para exigir, sostener acuerdos y desarrollar planes y acciones en pro de la sociedad", finalizó López.
Ambos especialistas coincidieron en que en el momento actual la sociedad necesita grupos constructivos que favorezcan los cambios sociales. Pero para lograr esto hay que dejar ciertas categorías y buscar cohesión de objetivos para aprovechar el potencial socializador de las personas.

