El filme, dirigido por el mexicano Fernando Méndez y una de las primeras muestras de horror mexicano, presentó a un ser de ultratumba encantador y educado un año antes de que el británico Christopher Lee iconizara al vampiro de celuloide con su rol en "Drácula".
De físico quijotesco, voz potente y bien modulada, barba rojiza, elegancia, lentes rojas sobre el cabello y ojos que traspasan, Robles (Gijón, España, 1929) recibe a Efe en su escuela de actuación de Coyoacán, barrio colonial de Ciudad de México.
El niño que llegó con el exilio español republicano y se convirtió en actor lleva ya 60 años en el país, aunque no tiene la nacionalidad mexicana, que intentó obtener en casi diez ocasiones sin éxito.
"La veo ahora y me entra una gran ternura porque se ven los alambres, pero ese es el encanto que tiene, no hay ningún truco que salga del cine", comenta sobre el filme, arrellanado en una silla de mimbre, recordando las telarañas de látex y el humo a fuelle. Para el actor, la película que le catapultó a primera fila -su primer papel en cine- triunfó porque "se salió de los cánones establecidos para las películas de terror, donde los personajes eran monstruos que destrozan, mucha sangre, tripas, cabezas...". "El vampiro", en cambio, "no tenía una sola gota de sangre, nada más dos agujeritos en el cuello", rememora.
El no muerto del filme se parecía poco a los horrores con capa y colmillos de la factoría cinematográfica Hammer o al tétrico Nosferatu del cine mudo. Era un galán con una figura propia de un cuadro del Greco, dice Robles. La película, que tuvo una secuela de menor éxito, "El ataúd del vampiro", se convirtió en una obra de culto, sobre todo fuera de México, y ganó un lugar en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA).
Del reparto original y principales miembros del equipo técnico sólo quedan él y la actriz de origen cubano Carmen Montejo: "cuando la ves dices, cuantos fantasmas están ahí", lamenta el actor. Después, aunque le costó que los productores le vieran fuera de su rol como vampiro, interpretó papeles como el del músico mexicano Agustín Lara y permaneció once años con la obra de teatro "La dama de negro" hasta que una lesión le obligó a abandonarla.
Su carrera incluye 98 películas, abundantes obras de teatro, series de televisión y radionovelas: "¡He hecho hasta de indio araucano!", cuenta. En su currículo no faltan otros papeles de género como los de "Los vampiros de Coyoacán", "El pistolero fantasma" (un western con Pedro Armendáriz junior, donde Robles interpretó al diablo) o "Nostradamus, el genio de las tinieblas", que protagonizó. Fue también la voz española en América del "Auto Increíble" ("El Coche Fantástico" en España), el clásico de televisión de los 80 que presentaba al galán justiciero Michael Knight y a su ultramoderno y flemático deportivo parlante, Kitt.
"Hola Michael, ¿cómo estás, Michael", "No pensarás hacer lo que tienes pensado", "Oh Dios, sí lo va a hacer", juega Robles con su voz, volviendo por un instante a ser Kitt, el avanzado auto negro de ululante foco rojo en el frente.
Para obtener la voz computerizada y "medio británica" del coche, usó un simple vaso de cristal, revela el actor: todos los otros efectos que intentaron (teléfonos, filtros, computadoras) fallaban en obtener el registro adecuado.
La semana pasada Robles fue objeto de un homenaje en San Diego (California), lo que dice le hizo mucha ilusión; ahora se prepara para la presentación, posiblemente en octubre, de la remasterización de "El Vampiro" en DVD, que incluye un comentario suyo. También empezará pronto una nueva obra de teatro, "El divino Leonardo", y una serie de la televisión mexicana. El actor repasa los numerosos premios que le han concedido, "que no sirven para nada, bueno, para colgarlos en el estudio", dice, aunque reconoce que los galardones contribuyen siempre a "inflar un poco la egoteca de uno".