Poco después, dado lo delicado de su estado, fue ingresada de urgencia al Hospital Bloom, aunque sus 15 años exceden la edad máxima de atención de este centro infantil.
Las condiciones en que llegó hicieron pensar a los médicos que no sería posible salvarla. "Estaba en coma, creían que tenía el cerebro muy dañado y le estaban dando cuidados paliativos", comenta Edgar J. Majano, especialista maxilofacial que sigue el caso de la niña porque es conocido de la familia. Sólo diez días más tarde, al ver que la muchacha continuaba con vida, se le hizo un TAC de emergencia en el que se comprobó que el cerebro estaba prácticamente intacto.
El resultado del examen le devolvió las esperanzas a la familia en la recuperación de su hija. Tras una primera intervención en el Bloom, Majano, experto en cirugía reconstructiva, decidió hacerse cargo del caso en el Hospital de Santa Ana, el centro donde trabaja.
La operación realizada fue un éxito. Permitió corregir las deformidades sufridas en el impacto y recuperar el ojo derecho de la niña, al eliminar la presión que sufría el nervio óptico. Lamentablemente, el otro ojo se perdió totalmente como consecuencia del golpe sufrido en el accidente.
Cuatro meses después del suceso, Anita, a quien los médicos presagiaron que no podría hablar, habla y, como ella misma reconoce, "de más".
Muchas visitas
En la colonia de Apopa, donde vive, todos la conocen. Sólo hay que preguntar por ella y cualquier vecino sabe donde está su casa. Recibe visitas con frecuencia, especialmente de amigos y compañeros que le mantienen informada de los "chambres" que ocurren en la escuela.
Los profesores también la echan de menos y fueron a visitarla recientemente para animarla en su recuperación y regreso a las aulas. Además, amigos y familiares le han hecho numerosos regalos para hacer su convalecencia más agradable; desde un cómodo sillón hasta un ventilador. "Nos están apoyando mucho", dice Julio García, su padre.
Y es que, seguramente, lo más impresionante de Anita es su humor inquebrantable y sus ganas de vivir después de lo sucedido. Bromea constantemente y planea ya su regreso a la escuela. "Tengo ganas de volver a estudiar. Quiero ser abogada para defender a las personas buenas", explica con una gran sonrisa.
Divertida y un tanto coqueta cuenta sin timidez historias sobre sus compañeros de clase, amigos y "novios". Habla y gesticula sin parar e incluso bromea sobre la edad de su padre, que sonríe complacido al verla tan alegre.
El caso de Anita es uno más de los muchos siniestros por accidente de tránsito que tienen lugar a diario en el país.
Gastos médicos
En el transcurso del juicio contra el conductor del microbús, éste alegó que iba en dirección contraria "porque le venían persiguiendo para quitarle el microbús".
A pesar de las graves lesiones que ocasionó, la única condena que recibió el motorista fue la retirada de la licencia de conducción por el plazo de un año.
La familia sólo ha recibido como compensación el importe que le dio el seguro por su vehículo. Esos tres mil dólares no los han podido destinar a la compra de un nuevo automóvil, puesto que han tenido que invertirlos en una tercera intervención quirúrgica para la niña. Si se quería impedir que perdiera el ojo derecho era necesario reconstruir el párpado, que evita que se reseque, y operar también una catarata detrás de la córnea.
En el Hospital Bloom les emplazaron a realizar esta intervención dentro de ocho meses, una espera demasiado larga y que ponía en riesgo la recuperación del único ojo que aún mantiene la paciente. Al final, la operación fue el 7 de junio en una clínica privada. Hoy, Ana ya puede parpadear y ha recuperado la visión de ese ojo.
La familia de Ana ha luchado más de tres meses por su vida y aún les parece imposible ver como se recupera poco a poco y vuelve a ser la Anita de siempre. Ella sólo tiene una sencilla recomendación para los conductores "Que manejen con cuidado".