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Descansar en paz tiene su precio
Complejo. Contrario a los europeos, el deseo de regresar mueve a muchos compatriotas a realizar trámites engorrosos para repatriar a sus seres queridos w El trámite puede costar hasta 7 mil dólares
Publicada 28 de octubre 2006, El Diario de
Hoy
Raúl Benítez
ayuda@elsalvador.com
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“La verdad es que yo nací en El Salvador y en él quiero morir”, dice Rolando Nolasco, un compatriota quien tiene más de 20 años de vivir en Houston, Texas, pero que quisiera terminar sus días en la tierra que lo vio crecer.
Apela a una estrategia para cumplir su sueño: trabajar. Tiene 56 años, aún le quedan nueve para “jalar” y ahorrar para tener un retiro digno.
“Si no alcanzo a llegar, al menos quiero que me entierren en el país”, afirma.
Nolasco, al igual que otros salvadoreños en diferentes partes del mundo quisiera regresar al lugar que lo vio nacer, en su caso Ozatlán, Usulután. “Las funerarias se aprovechan de este sentimiento de uno, siempre tratan de sacar buen dinero”, explica.
El “regreso” tiene su precio. En Houston una casa fúnebre pueden cobrar hasta 7,000 dólares por preparar el cuerpo, proporcionar el féretro y comprar el pasaje con destino a El Salvador. Cada punto tiene su costo, todo depende de que tan lejos se viva de Centroamérica.
Cooperación
“No todos pueden pagar un buen entierro. Algunos tenemos prestaciones y la empresa para la que trabajamos nos lo paga en EE.UU.; pero cuando se quiere que se entierre en el país nos reunimos y hacemos la colecta para cumplir la voluntad. Al final todo resulta un gran negocio”, expresa Nolasco.
Otro costo
Además de cancelar lo que piden los tanatorios locales, se debe cancelar a la alcaldía el derecho de entierro |
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“La necesidad alejó al salvadoreño de su casa, pero siempre existe el deseo de regresar a su país. Ya sea vivo o muerto”
Ramón Rivas
Antropólogo |
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“Nuestra labor es asesorar a la familia y conseguir descuentos en los servicios que se le prestan en otros países”
Ludmila Aguirre de Rodríguez
de Relaciones Exteriores |
Muchos salvadoreños fallecen en el trayecto hacia los Estados Unidos y las autoridades realizan los trámites de repatriación por medio de una oficina especial.
En este caso, el traslado recibe el nombre de “Repatriaciones en condiciones vulnerables”.
Los regresos son oficiados a través de la oficina de Gestión Humanitaria y Atención al Migrante en el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Su directora, Ludmila Aguirre de Rodríguez, dice que en lo que va del año se han traído 164 cuerpos de distintas partes del continente. “Nuestra labor es asesorar a la familia y conseguir descuentos en los servicios que se le prestan”, asegura.
La funcionaria dice que en muchas ocasiones se puede lograr que los costos por la preparación del cuerpo, la compra del féretro y el pasaje del avión se abaraten hasta $2,000, cuando se puede.
Además de administrar el número de decesos, esta oficina lleva un registro de los enfermos, mutilados y niños que son repatriados a las fronteras de El Salvador.
Vienen de EE.UU. y México
La mayoría de los cuerpos traídos por Cancillería provienen de EE.UU., México y Centroamérica. Sandra Guevara, de asesoría migratoria Coimsal, sugiere a los familiares del difunto a comunicarse con el consulado más cercano para poder agilizar los trámites.
La oficina diplomática dice que traer un cuerpo desde California puede costar $4,500 y que desde otra ciudad como Houston $3,000.
La preparación debe cumplir con los requisitos fitosanitarios que pide EE.UU. además de traer los documentos de preparación y migración correspondientes.
Si el cadáver es enviado desde México puede costar dos mil dólares. Desde el resto de países de Centroamérica el transporte del ataúd se realiza vía terrestre.
Ya en el país, las familias deben pagar entre 650 y 1,000 dólares para poder transportar a sus finados desde el aeropuerto hasta un tanatorio donde puedan velar sus restos por al menos 24 horas, antes de depositarlo en un cementerio.
Además de los gastos con la funeraria, se debe cancelar $70 a la alcaldía en concepto de “derecho de entierro”.
Cancillería dice que, si las personas no cuentan con fondos suficientes para ir a recibir a su familiar hasta el aeropuerto, se le puede prestar el servicio de transporte. Además se les ayuda a revisar todos los papeles en la aduana y en migración.
Arraigo al hogar
Joni Góchez es una mujer con 27 años de vivir en EE.UU. Casi toda su familia se encuentra en ese país. “Yo no tengo mucho interés en regresar, porque mi esposo y mis hijos viven conmigo”.
Manifiesta que el sentimiento de querer descansar en su propio país persiste sobre todo en la diáspora de la primera generación. “Ellos aún tienen familia que los espera en El Salvador y cuando mueren quieren que su finado se encuentre cerca para visitarlo y rezarlo”.
Un primo de Góchez murió hace cuatro años. En esa ocasión todos buscaron una forma de devolverle a su natal Chalatenango para que descansara con los suyos.
El antropólogo Ramón Rivas explica que este sentimiento de regresar se debe al proceso cultural de la formación de identidad; el cual está fundamentado en la familia, en el cantón y en el pueblo de procedencia. “Uno siempre recuerda el lugar donde creció, donde vivió sus primeros doce años y formó su sentido de identidad”, explica.
Rivas indica que la diáspora nacional no es comparable a la europea quienes viajaron a otros países sin intenciones de volver al origen. “El salvadoreño no se fue de buena gana. La necesidad lo alejó de su casa, pero siempre existe el deseo de regresar a su país. Ya sea vivo o muerto”, agrega.
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