| |
Mujeres migrantes,víctimas de abusos
Chiapas. Autoridades aseguran que hay un aumento en las
denuncias.
Publicada 13 de septiembre 2006, El Diario de
Hoy
Juan de Dios García/México
ayuda@elsalvador.com
 |
| Descanso. Un grupo de indocumentados se toma
una pausa en su viaje a la frontera norte entre México
y Estados Unidos. Fotos EDH / Juan de Dios
García |
Keyri A. es una pequeña niña salvadoreña
de año y medio de edad, quien junto a un grupo de salvadoreñas
viven el vía crucis de la persecución de soldados,
policías y agentes de migración que al igual que los
ladrones mexicanos abusan, y despojan de su dinero y otras pertenencias.
La niña migrante, transita con su madre por peligrosos caminos
en donde los ladrones están al acecho de los centroamericanos
indocumentados.
Yuridia Mejía es otra salvadoreña, de 25 años,
que dejó a sus tres hijas – 6, 8 y 9 años–
y a su esposo, para ir a EE.UU. en busca de trabajo, pero no se
imaginó enfrentar tantos peligros en tierras mexicanas.
“A mí se me presentó la oportunidad de venir
y no la desaproveché. Mi esposo se quedó con los niños,
mi suegra lo ayuda”, relata Mejía entre lágrimas.
“Antes de salir de El Salvador, les expliqué a mis
hijos del viaje, hablé con ellos, fue algo muy difícil.
Cuando puedo les hablo, me dicen que están bien, que me quieren
y extrañan y que todas las noches oran por mí”,
añade la mujer.
En silencio otros salvadoreños que viajan en el mismo ferrocarril
que Yuridia se solidarizan con ella y le dan una palmada de apoyo.
Las mujeres coinciden en que son víctimas de abusos por parte
de las autoridades mexicanas, sin embargo eso no será motivo
para decidir regresarse a El Salvador.
A la pregunta expresa sobre si contemplaba regresar a El Salvador,
una de las emigrantes responde, “aunque me lo pidieran no
regresaría, quisiera que mis hijos fueran profesionales,
darles un techo, allá el gasto de las viviendas es terrible”,
asegura.
“Estoy consciente de que pueden violarnos, golpearnos o hasta
matarnos, uno viene dispuesto a todo”, añade otra indocumentada.
 |
| Juntas. Gabriela Velásquez y Keyri
A. en un furgón en Oaxaca. Fotos
EDH / Juan de Dios García |
María de Lourdes Arístides Santoyo, originaria de
Santa Ana, también se suma a las denunciantes.
“Ya se fueron los maras, ahora están los soldados,
esos son los que nos roban los que nos quitan nuestro dinero.
Se quejan de los gringos y hacen lo mismo con nosotros”, dice
la mujer.
“Yo voy por mis hijos, quiero que estudien, quesean abogados
o médicos”, asegura María. “Cuando se
cruza el río Suchiate, los soldados te registran, te sacan
el dinero y los policías también son ladrones, nos
exigen mucho dinero para no entregarnos a migración y hasta
nos encañonan... sabemos historias de otras mujeres que han
sido violadas ”, dice otra salvadoreña que confirma
la denuncia de su compañera de viaje, pero que pide la omisión
de su nombre.
Estadísticas
Las autoridades de Tapachula y Oaxaca, primeras ciudades en las
que se concentran los indocumentados a su viaje hacia Estados Unidos,
coinciden en que la mayoría teme denunciar los abusos por
temor a ser deportados, lo que da paso a más impunidad.
En 2005, hubo 25 demandas de abuso mientras que en lo que va de
este año, sólo se contabilizan cuatro.
La preocupación crece debido a que actualmente es muy común
ver a mujeres indocumentadas que viajan acompañados de sus
hijos menores de edad.
La cifra de decesos en lo que va del 2006, se sitúa en 20,
siete más que los registrados en total en 2005.
|
|