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Los salvadoreños en México
La comunidad desconocida
Falla. Nadie conoce la cifra exacta de paisanos que viven en este país. Se calculan que hay 25.000 en el D.F.. Consulados carecen de datos de a quienes representan
Publicada 17 de junio 2006, El Diario de Hoy
Leyre Ventas/México
ayuda@elsalvador.com
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| Hoy. Rafael González, salvadoreño radicado en el D.F., dirige la escuela “Rafael González, El Colegio Verde”. Allí asisten 155 niños. Foto
EDH/fLeyre Ventas |
Es prácticamente imposible localizar y contactar a los compatriotas en este país”, comenta Víctor Meléndez, salvadoreño radicado en el D.F.
Meléndez, es presidente de la Asociación de Salvadoreños en México (Asalmex). Lleva siete años tratando que la agrupación funcione, sin lograrlo; desde que se fundara por sugerencia del entonces embajador Eduardo Cálix.
“Asalmex no termina de cuajar. Cuando más gente se acerca a la asociación es cuando tenemos festividades, y es gente cuyos intereses son la fiesta, la música, la comida; no tenemos reuniones regulares”, lamenta.
Así, los 28,015 radicados en México no tienen más que tres asociaciones que funcionan a medias.
El pasado sábado 10 de junio en la Embajada de El Salvador en el D. F. se reunieron 50 salvadoreños. Segunda recepción del año, después del Día de la Madre. Hubo pupusas, ambiente típico.
Payín Moreno no asistió. Él es uno de los 25 mil salvadoreños residentes en el Estado de México que registra el Viceministerio para los Salvadoreños en el Exterior, con apoyo del Instituto Nacional de Migración (INM). Uno de los salvadoreños en el D.F. que apenas tiene contacto con Asalmex.
Mientras sus compatriotas compartían con los empleados consulares, Moreno se recuperaba de horas de toque en un Sanborns de las afueras de la ciudad: “el viernes es mi noche más fuerte”.
Quien fuera integrante de los Vikings, grupo usuluteco famoso en El Salvador en los 60-70, llegó en 1979 a un México que consideraba centro cultural, buscando formarse como músico. Hoy canta de lunes a sábado en el bar de la cadena comercial.
Tampoco asistió a esa reunión Rafael González, quien arribara a México en 1985 en calidad de asilado político. “La falta de tiempo”, advertía González, a modo de excusa.
Heterogéneos
El Colegio Verde, a donde asisten 155 niños de entre seis y 12 años que él regenta junto a su esposa mexicana, y las sesiones de fisioterapia que imparte en las tardes lo mantienen ocupado.
“Somos una comunidad heterogénea: hay quienes ostentan cargos importantes o tienen fuerte incidencia en la economía local, y también aquellos que viven en la miseria. No hay objetivos ni intereses comunes, y crear una asociación bajo estos términos es difícil”, dice el presidente de Asalmex.
Él es gerente de la Corporación Inelco, enfocada al comercio exterior, y posee como currículo un largo listado de cargos en asociaciones empresariales. En el otro polo, Consuelo Hernández cocina pupusas, pastelitos y otros platillos típicos en “El rinconcito de El Salvador”, comedor ubicado en un vecindario digno del popular Chavo del Ocho.
Esa diversidad es el motivo principal de la falta de dinamismo de las asociaciones de salvadoreños
en México. “Es el mismo síntoma en Jalisco, resulta difícil aglutinar a una comunidad tan dispersa”, dice el cónsul honorario de El Salvador en Guadalajara, Joaquín Kollofon.
En dicho estado, el INM registra 1,550 paisanos, es la segunda sociedad legalmente establecida, la Asociación de Salvadoreños en Jalisco (Asaljal). Según Kollofon “relativamente funciona, siempre con poca asistencia”; máximo 100 paisanos.
Algo parecido ocurre con la tercera agrupación de compatriotas: la Asociación de Estudiantes Salvadoreños en Monterrey, en Nuevo León. Con la dificultad añadida de que sus integrantes son jóvenes becados en el Tecnológico de dicha ciudad norteña, y por tanto se renuevan constantemente.
A modo de ilustración, en el número de teléfono que el consulado en Monterrey tenía de la asociación, ya no contesta nadie. Y esa falta de dinamismo, de regularidad en las reuniones, producto de la diversidad, deriva en que las asociaciones no tengan membresías, no se cobre una cuota por ser socio, y en última instancia, no se tengan fondos, ni local propio.
“Durante un tiempo nos reuníamos en la embajada, pero resultó inadecuado porque se identificaba Asalmex con un gobierno, con un partido”, explica Meléndez. Tras esa etapa anduvieron solicitando salones acá y allá, “muchas veces financiándolo todo desde mi bolsillo”, dice el presidente.
Rafael González asegura haber ofrecido las aulas del Colegio Verde, situado en un barrio de clase media cercano al aeropuerto del D.F., para las reuniones. “Pero a algunos les resulta feo acá”.
El INMno tiene registrados los salvadoreños residentes en México, al contrario que los ilegales detenidos y repatriados, estadísticas que registran mes a mes.
Y los consulados (cuatro más dos honorarios) solo poseen una ficha de aquellos paisanos que requirieron de algún servicio consular.
La base de datos de la delegación de Monterrey está obsoleta, admite el vicecónsul Salvador Sol.
En tanto, la cónsul honoraria en Cuernavaca, Sonia Davidson, no sabe poner números en lugar de decir que la colonia de salvadoreños en Morelos es “pequeña”.
En Tapachula se está creando la cuarta asociación de salvadoreños en México. Buscan enlazarse con los residentes, dice el cónsul Cuéllar “Es necesario fortalecer la institucionalidad de los salvadoreños en México con programas definidos, y eso requiere el apoyo del Gobierno de El Salvador. Es un esfuerzo conjunto”
Carlos Velasco
Cónsul de El Salvador en el D.F.
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