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Expandillero salva a otros
Redención. Alejarse de la vida dentro de las maras es difícil pero no imposible. Muchos expandilleros lo han logrado y relatan su visión del problema y cómo se puede salir de este
Publicada 3 de Diciembre 2005 , El Diario de
Hoy
Francisco Ayala
ayuda@elsalvador.com
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| Está fuera. Ronald Chacón enseña a los jóvenes los riesgos de pertenecer a las maras. Foto EDH
/ archivo |
Cada día Ronald Chacón enseña arte. Este inmigrante salvadoreño es el coordinador de Educación Artística del Latin American Youth Center de Washington. Cuando era más joven anduvo en las pandillas de la ciudad, sin ser pandillero. “Muchos de mis amigos fueron deportados o muertos”, dice.
Al igual que los pandilleros auténticos, Chacón encontró un calor especial en el seno de las maras. “Siempre se hace todo junto y si uno no come los demás tampoco... Todos están por diferentes motivos: porque les gusta el dinero, la droga o porque les gusta la calle.”
Chacón tiene 22 años de vivir en Estados Unidos y llegó cuando tenía ocho años; recuerda que salió de El Salvador cuando comenzó la guerra y los compañeros de la universidad de su tío empezaron a aparecer muertos.
Fue a la Universidad de Maryland en College Park y cuando se graduó de artes tuvo el honor de dar el discurso ceremonial. “Me había tomado siete años completar la universidad, sosteniendo a mi esposa y dos hijos, y los profesores me conocían por eso.”
Ahora enseña artes a jóvenes latinos, algunos de los cuales son miembros de pandillas. “Vienen chicos del (centro de detención juvenil) Oak Hill que dicen no saber hacer algunas cosas, pero poco a poco los vas guiando de manera que el potencial de ellos sobresale y se enteran de que pueden hacerlas. Ese es el miedo de muchos, hacer algo que nunca han hecho: utilizar el lado derecho del cerebro”.
Promueve legislación
El congresista republicano de Virginia. J. Randy Forbes
u Presentó un proyecto de ley que endurecería los castigos a los pandilleros.
u Propone la pena de muerte para mayores de 18 años que cometan un crimen que resulte en la muerte voluntaria o involuntaria de una persona; y que algunos menores purguen penas en cárceles de adultos. |
El salvadoreño cree que el arte puede ayudar a resolver el problema de las pandillas, aunque reconoce que que los cambios no son inmediatos. Tampoco el éxito está garantizado.
“Hemos perdido jóvenes porque han sido deportados o metidos en la cárcel, o porque los han matado, pero son más los que hemos salvado”, asegura.
El futuro doctor
Juan Pacheco representa en sí el éxito que puede obtenerse con los programas de rehabilitación de mareros.
Con frecuencia visita las escuelas públicas para dar charlas. A veces lo hace con una badana en su cabeza afeitada y con un pantalón holgado como el que visten muchos pandilleros. Al final de las conferencias se pone la bata y el estetoscopio del estudiante de medicina. Cree que los jóvenes llegan a las pandillas porque “no hay suficientes servicios en sus comunidades, no son atendidos en escuelas y no son amados por quienes deberían darles amor y apoyo”.
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| Colaboran. Wilmer Ramírez, Juan Pacheco
y Luis Cardona ayudan en la rehabilitación.
Foto EDH / archivo |
Luis Cardona es el coordinador de prevención de pandillas en Montgomery, Maryland. Estuvo vinculado con pandillas durante 14 años y tiene en su cuerpo las cicatrices de cinco disparos.
Cardona dice que entró en las pandillas a los doce “por malas compañías, falta de influencia positiva, gran falta de conexiones espirituales y otros factores incluyendo asuntos familiares”.
El incidente que lo sacó de las pandillas ocurrió una noche de 1993, cuando trataba de defender a un amigo colombiano y su novia amenazados por unos jóvenes. “Les pegué bien duro y nos metimos en un auto, allí nos dispararon y me balearon cinco veces”, recuerda. Al año siguiente mataron a uno de sus mejores amigos.
“Me aparté de las pandillas con la ayuda de algunos contactos en la policía, el esfuerzo tomó un año”, dijo. Rescatarlos demanda programas integrales
Ángela María Arboleda, analista de derechos civiles del Consejo Nacional de la Raza, no cree que la represión por sí misma detenga la violencia. “Creemos en una estrategia comprensiva que va a la raíz del problema: la intervención, la prevención y la supresión.
Estos tres métodos funcionan así: la prevención para que los muchachos no se metan en las pandillas; la intervención para los que están metidos en problemas y la supresión para los que han cometido crímenes”.
“Si hacemos prevención e intervención de manera temprana, no tendremos que hacer represión”, dice.
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