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“Sólo quería un empujón”
Ëxitoso. Carlos Castro pasó de ser un jornalero a
un empresario en Virginia. LLegó a Estados Unidos en 1980
de manera indocumentada en el segundo intento. Se dedica a ayudar
a los suyos
Publicada 10 de Diciembre 2005 , El Diario de
Hoy
Francisco
Ayala/Washington
ayuda@elsalvador.com
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Emprendedor. De ser un lavaplatos indocumentado
en tierra ajena pasó a ser un empresario exitoso
y miembro de la Camara de Comercio del Condado. Foto
EDH/Francisco Ayala
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Sonríe mucho y asegura que paga bien. “Quiero eliminar
el tabú de que las tiendas latinas pagan mal, mis empleados
son parte de la familia”, dice.
Carlos Castro, un jornalero salvadoreño que llegó
indocumentado y ahora es propietario de un supermercado en Woodbridge,
Virginia, y presidente del Concejo de Negocios Hispanos del condado
de Prince William.
La primera vez que quiso entrar a Estados Unidos, por tierra, sin
documentos, Carlos pasó 48 días detenido en El Paso,
Texas.
El enemigo era el tedio y para combatirlo pidió trabajo limpiando
el centro, incluyendo las oficinas de los oficiales. “Me pagaban
un dólar diario, podíamos repetirnos la comida, y
no estábamos aburridos,” dice.
Tras salir libre regresó a El Salvador por tierra y endeudado,
a donde la mujer que ha sido su esposa de toda la vida. Antes de
una semana salió de nuevo hacia Estados Unidos.
En El Salvador se había graduado como el primero en su promoción
del bachillerato nocturno y trabajaba como técnico en una
fábrica.
La montaña negra
Era 1980. En su segundo intento encontró personas desconocidas
que le brindaron alojamiento en México.
Ellos arreglaron que un coyote los guiara de la frontera montañosa
de Baja California y California; lo reconocerían porque vestía
una chamarra negra.
El problema es que “todos los coyotes tenían chamarra
negra, y seguimos al que no era”, recuerda y ríe.
Cuando se dieron cuenta de que estaban siguiendo al coyote equivocado,
ya era noche y era invierno, y decidieron buscar a los agentes de
migración. El coyote verdadero los encontró antes.
En Los Ángeles recibió un boleto de avión y
así llegó a Washington. Al siguiente día empezó
a trabajar.
“Qué restaurante más mugre, man”, dice
recordando lo que le tocó limpiar. Trabajaba lavando platos
y sanitarios, lavando pisos, barriendo y empujando cajas en trabajos
de construcción.
Así llegó a su etapa de jornalero la cual duró
un mes. Trabajaba para un estadounidense que tenía una empresa
de construcción.
Más tarde el contratista y su jefe le dieron la carta de
trabajo que le permitió sacar la residencia.
Había trabajado cinco años para estadounidenses. Entonces
puso su primera compañía de remodelado; era el año
1987 y su esposa e hijo ya estaban con él.
Apoya la labor de jornaleros en la ciudad de Woodbridge
Dos veces una amiga estadounidense salvó a Carlos de ir
a la ruina.
“¿Cuánto necesitás?” preguntó
ella, “mucho dinero”, dijo él. “¿Me
vas a decir cuánto si o no?”, le dijo. Necesitaba $30,000
y esa cantidad recibió Carlos Castro, “las manos me
temblaban”, dije, “ese voto de confianza era el empujón
que necesitaba”.
Con ese empujón llegó lejos. Ahora tiene 86 empleados
y es miembro de la junta directiva de la Cámara de Comercio
del condado. Fue él quien ofreció $5,000 para crear
un centro familiar en el condado de Prince William para inmigrantes
en lugar de un centro de jornaleros.
“El aspecto que damos los latinos en una esquina, parados,
esperando que nos lleguen a recoger, no es el mejor para nosotros”.
“Lo principal es tener un pie adentro, y de allí se
agarra impulso”, dice.
Ejemplo
En 1992 decidió abrir una tienda de abarrotes que llamó
La Cuscatleca. Para atraer a la clientela de otros países
la rebautizó como Todos, que es el nombre de uno de los primeros
supermercados grandes de San Salvador.
Una amiga lo salvó dos veces de ir a la ruina. Recibió
$30,000 “el voto de confianza era el empujón que necesitaba”,
dice Castro.
Ahora tiene 86 empleados y es miembro de la junta directiva de la
Cámara de Comercio del condado.
Recientemente Carlos ofreció $5,000 para crear un centro
familiar en el condado de Prince William para inmigrantes en lugar
de un centro de jornaleros.
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