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La reforma inmigratoria causa divisiones entre los republicanos

Con sólo 28 de los 70 trabajadores que necesita, el capataz Francisco Barragán se preocupa de que la granja Deardorff-Jackson no sea capaz de recolectar la cosecha de apio de 230 hectáreas antes de que se malogre.

Publicada 4 de Diciembre 2005 , El Diario de Hoy

Por Peter Prengaman/AP
ayuda@elsalvador.com

La propuesta Bush aún no ha sido estudiada por los congresistas estadounidenses. Foto: EDH

"Hace unos pocos años podíamos conseguir braceros consistentemente'', dijo Barragán, oriundo de México, que ha supervisado cuadrillas de trabajadores agrícolas hispanos en California durante 15 años. ``Ahora podríamos perder algunos cultivos porque nos falta gente''.

Varios hechos están modificando la situación de los trabajadores inmigrantes.

Algunos optan por empleos de construcción, de mejor paga, mientras tanto el gobierno y grupos de patrullas civiles como los Minutemen han redoblado esfuerzos para asegurar la frontera con México.

A la vez que los agricultores y los grupos comerciales aliados promueven un programa de trabajadores invitados para regular los millones de trabajadores hispanos indocumentados que ya están aquí o que esperan venir, los restriccionistas intransigentes propugnan soluciones policiales a la inmigración ilegal. Esa dinámica está dividiendo a los republicanos.

Los analistas de la política inmigratoria coinciden en pronosticar que el Congreso no aprobará amplias propuestas de reformas, algunas de las cuales han languidecido desde que el presidente George W. Bush resucitó la cuestión hace casi dos años.

Con elecciones nacionales en el 2006 y un presidente políticamente debilitado, aun una promesa de debatir las propuestas sobre los trabajadores invitados a principios del año próximo en el Senado podría no llegar a nada.

"El capital político del presidente es muy pobre ahora. ¿Va a usar lo poco que le queda en reforma inmigratoria?'', se preguntó Jaime Regalado, director del Instituto Pat Brown de Asuntos Públicos en la Universidad Estatal de California en Los Angeles. ``Quizás, pero no lo creo''.

Bush renovó su apoyo a un plan de trabajadores invitados en una reciente visita a Arizona y Texas.
"Hay muchas opiniones sobre esta propuesta'', dijo Bush. ``Lo comprendo. Pero los participantes de este debate deben reconocer que no vamos a poder hacer aplicar efectivamente nuestras leyes de inmigración hasta crear un programa de trabajadores temporales''.

Las distintas propuestas de reformas difieren en sus detalles, aunque todos coinciden en que la situación actual necesita atención urgente.

La propuesta de Bush daría a los trabajadores indocumentados visas de tres años que podrían extenderse otros tres, aunque a esa altura deberían irse por un año antes de volver a postularse. Además de acceder a la presión de los negocios, Bush se propuso atraer votos hispanos para las elecciones presidenciales del año pasado.

De todos modos, muchos republicanos la rechazaron por considerarla poco realista y criticaron al presidente por no concentrarse más en la seguridad fronteriza.

Bush disgustó a muchos conservadores al calificar de ``vigilantes'' (que en inglés tiene la connotación de paramilitares o vengadores) a los Minutemen, un grupo civil de vigilancia en la frontera con sede en Arizona, cuando éstos empezaron a patrullar la frontera hace más de un año, dijo Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro de Estudios de Inmigración, que propugna menos inmigración y un cumplimiento más estricto de la ley.

"El principal obstáculo a la reforma es el presidente'', afirmó Krikorian.

La mayoría de las propuestas viables de reforma son encabezadas por republicanos.

Los senadores republicanos John Cornyn y Jon Kyl propusieron dejar que los trabajadores inmigrantes entren en el país por dos años, seguidos de una pausa de un año. Los trabajadores podrían repetir ese procedimiento dos veces más, pero después deberían regresar a sus países.

Los senadores John McCain, republicano, y Edward Kennedy, demócrata, respaldan un proyecto de ley que dejaría a los extranjeros ilegales trabajar en Estados Unidos hasta por seis años. Después de eso, deberían cumplir los requisitos para solicitar la residencia legal o irse.

El senador republicano Chuck Hagel propuso conceder a los trabajadores indocumentados el reconocimiento legal si aprueban los exámenes de antecedentes delictivos, si han vivido en Estados Unidos al menos durante cinco años, si han pagado impuestos, pueden demostrar conocimientos del inglés y pagan una multa de 2.000 dólares.

Pero Hagel considera que se debe reforzar la seguridad en la frontera antes de que pueda tener éxito un programa de trabajadores invitados.

Los conservadores insisten en que no se puede hablar de reformas hasta que las autoridades inmigratorias sean más estrictas.

"Los programas de trabajadores invitados son inútiles'', opinó Chris Simcox, presidente de los Minutemen. ``No podemos siquiera hablar de eso hasta que haya una verdadera aplicación de la ley en la frontera''.

Las autoridades de inmigración dicen estar concentradas en las amenazas terroristas y afirman que sería imposible repatriar de una vez a toda la población de indocumentados, que según algunos cálculos superarían los 10 millones.

"Comprendemos que el público a veces se frustra, pero al igual que cualquier agencia de administración de la ley tenemos prioridades'' que también incluyen contraterrorismo, dijo Virginia Kice, vocera de la oficina de Aplicación de la Ley de Inmigración y Aduanas.

Además, el gobierno sabe que los negocios dependen de la mano de obra extranjera, dijo Tamar Jacoby, asociada al Instituto Manhattan que promueve un programa de trabajadores invitados y la resolución de la situación inmigratoria de los indocumentados que ya están en Estados Unidos.

Dijo que la mayoría de los estadounidenses no está dispuesta a hacer trabajos esforzados o agrícolas, mientras que muchos inmigrantes lo hacen por poco salario.

"Agricultura, construcción, procesamiento de alimentos, son sectores que no podrían mantenerse a flote sin esos trabajadores'', afirmó Jacoby.

El capataz Barragán suele contar la historia del último no hispano que trabajó en la finca agrícola. Fue hace 16 años: un inmigrante japonés vino, cortó coliflores durante dos horas y desistió.

"Uno nunca ve aquí a negros ni blancos'', dijo María Hurtado, una mexicana que clasifica tomates en la finca Deardoff-Jackson. ``Nosotros somos quienes hacemos este trabajo''.

Mientras tanto, Barragán y Thomas Deardorff II, presidente de Deardorff-Jackson Co., estudian la forma de conseguir braceros para la cosecha de apio. Su estrategia _avisos por la radio en español y ofrecimientos de pagar más de los acostumbrados 10 a 12 dólares la hora_ solía dar resultado, pero en esta temporada la escasez de trabajadores se hace sentir.

"Todos los años esperamos que haya un programa de trabajadores invitados pero no sucede nada'', se lamentó Deardorff. ``Este problema podría desembocar pronto en una crisis de la industria''.


 
 
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