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Vendedora donó ambulancia

Loable. Julia Chicas reunió $15 mil vendiendo tamales y empanadas para comprar el vehículo y enviarlo a la clínica Dios Proveerá en San Francisco Gotera, Morazán.

Publicada 30 de noviembre 2005 , El Diario de Hoy

Imelda Interiano/L.A.
ayuda@elsalvador.com

Famosa. La labor realizada por la compatriota ha motivado a que medios locales en Los Ángeles quieran conocerla. Foto EDH / Imelda Interiano

Hace 18 años Julia Chicas llegó a Los Ángeles. Dejó su natal Ojos de Agua, Morazán, en busca de mejores oportunidades de vida para ella y su familia.

Al llegar a la ciudad trabajó en restaurantes, aunque optó por un espacio en una mueblería, donde se dedicó a cargar camiones con mercadería.

Se dedicó a cuidar personas de la tercera edad, pero fue la elaboración de tamales y empanadas al “estilo salvadoreño” lo que más satisfacción le trajo.

Durante cinco años, junto a su esposo Carmen Adrián Chicas, la compatriota ahorró cada centavo de las ganancias.

Cada tamal cuesta un dólar, por lo que durante cinco años tuvo que elaborar 15 mil para lograr el dinero suficiente y comprar la ambulancia. Al principio los vendía al Supermercado Liborio, pero ahora los hace “por encargo” y para las fiestas de Navidad y Fin de Año.

Doña Julia reconoce que siempre soñó con el momento de hacer un donativo importante para su comunidad en El Salvador, “He mandado, más que nada, ropa para repartirla allá en cuatro iglesias, pero yo quería hacer algo más grande para mi pueblo y pensé en una ambulancia”, comentó.

El vehículo será enviado a la clínica “Dios Proveerá” de la Iglesia de Dios, en San Francisco Gotera, aunque los beneficios no solo serán para los miembros de la comunidad religiosa sino para quien lo necesite.

Comité El Piche conoció del caso de la salvadoreña y le prometió ayuda. Hoy que el vehículo ha sido comprado, la organización costeará los gastos de envío del automotor, el cual vendrá en uno de los tres contenedores que El Piche traerá con ayuda humanitaria.

“Estamos muy agradecidos por todo el apoyo que nos da la comunidad con sus donativos y con el gobierno salvadoreño por su ayuda”, dijo Enot Rubio, presidente de la entidad.

Los contenedores saldrán del puerto de San Pedro California el 3 de diciembre próximo y se espera que lleguen el día 10 al puerto de Acajutla.

Doña Julia está satisfecha por lo logrado hasta hoy.

“Yo les digo a los hermanos de buena voluntad que ayuden con lo poco que puedan. Nuestra gente nos necesita”, expresó.

Una luchadora incansable
Los primeros años de su vida los dedicó a su familia cercana
- Ayudó a los parientes a llegar a Estados Unidos y escapar de los peligros de la guerra.
- Se dedicó a trabajos en diversos restaurantes y mueblerías para sacar adelante a sus cuatro hijos.
- Nunca olvidó su natal San Francisco Gotera por lo que siempre soñó en enviar algo “más importante”.
- Durante años ha enviado ropa y dinero en efectivo a clínicas e iglesias. Ahora enviará la ambulancia que ella sola logró comprar.


Disfruta de la vida con su esposo, sus cuatro hijos y Dios

Herencia. La fórmula para elaborar el plato tradicional la aprendió en suelo cuscatleco. Foto EDH / Imelda Interiano

Julia Chicas ha cumplido 59 años, y los últimos 32 los ha pasado junto a su esposo Carmen. Tienen cuatro hijos; tres viven en Los Ángeles y uno en El Salvador.

Según dijo, abandonó el país debido a la guerra, aunque a los pocos meses logró reunirse con su familia, la cual logró sacar de El Salvador lo más pronto que pudo

“Nos vinimos por la guerra aunque no teníamos pensado hacerlo, pero decidí venirme y al mes lo hizo mi esposo y a los ocho meses me traje a mis hijos”, recordó la morazaneña.

Los hijos ya crecieron y algunos de ellos ya tienen su propia carrera: Gloria del Carmen de Henríquez es sicóloga graduada de la Universidad Domínguez Hills, y Leydy Rocío es Administradora de Empresas, se graduó de la Universidad de Long Beach, California.

De los hombres, Mariano vive en Los Ángeles y Nelson, en San Miguel. Ambos administran sus propios negocios. Además de la familia, doña Julia dedica su vida a servir a Dios.

“Pertenezco a una iglesia angelina donde cada miembro da un donativo de $10 cada mes; son $300 los que mando a la clínica”, dice.

 

 
 
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