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El alucinante mundo de Ana de Vilanova

La fantasía es el ingrediente mágico que impregna las creaciones de esta mercadóloga

Por Nancy Moncada

Ago 07, 2017- 17:39

Ana de Vilanova tiene unas manos inquietas, unas manos que dan formas a universos festivos que transportan a comensales y anfitriones a mundos mágicos. La imaginación de esta mercadóloga te puede llevar de un circo vintage a una fiesta en blanco y negro y de ahí a pasear por un mundo de unicornios. Su talento está centrado en dar vida a las fiestas y a los espacios infantiles.

Comenzó haciendo sombreros de foamy. Ahora su talento la ha llevado a ligas más grandes. Hace un mes fue la artífice de la decoración central de la fiesta de graduados de la Escuela Americana. El Instagram se llenó de instantáneas del público que bailó debajo de aquel cielo cubierto de flores. Este mes nos cuenta un poco de su apasionante trabajo.

¿Cómo surgió tu proyecto?
Este año cumplo 15 años de haber empezado con una nueva idea: la elaboración de sombreros personalizados y temáticos para fiestas. En el momento en el que yo decidí hacerlo no había nadie en el mercado que lo hiciera. No tenía ni idea de cómo empezar a hacer un sombrero. Busqué tutoriales, algo que me pudiera ayudar.

Me ponía los tuppers de la cocina de mi mamá para medir el radio de la cabeza. Con mi imaginación y el don que Dios me ha dado, armé mi primer sombrero. Encontré este material, el foamy, que me encantó porque tenía el color que yo buscaba y era súper fácil de moldear.

Mi primer sombrero lo hice como en mayo 2003 y en octubre hice mi primera fiesta de sombreros. Puse en la invitación que si querían sombreros, que me llamaran… Me enamoré de hacer eso.

¿Cómo evolucionó el negocio?
Monté una tienda, empecé a hacer disfraces. A dos o tres años de tener la tienda, decidí volver a trabajar. Yo soy mercadóloga y mi pasión era hacer el marketing de una empresa. Entré a una telefonía por siete años. Amé mi trabajo con locura. Me encantó pasar por ahí, pero no pude llevar las dos cosas al mismo tiempo. Lo traté por un año, y me tocaba súper pesado. Llegué al punto en el que no pude con las dos cosas. Decidí cerrar porque me encantaba mi trabajo. Me trasladaron a Panamá. De ahí me comprometí, me regresé a El Salvador y estando aquí yo ya casada y embarazada, siempre quise ser una mamá presente. Decidí volver a retomar mi Gorrito.

El trabajo que ofrece Ana de Vilanova es hecho a mano y personalizado para cada cliente.

¿Cómo fue esta segunda parte?
Empecé en mi casa. Mi esposo me hizo un taller en la casa. Luego ya no cabía… Mi casa la inundé, era bodega, taller… Llegó el momento en que si yo quería dar ese paso más, tenía que formalizar. Comenzaron a venir más clientes y no tenía donde reunirme con ellos. Renuncié y me dediqué a esto y a mis hijos. Ser madre me empezó a llevar por otro camino.

¿En qué momento comenzaste con los eventos?
Un día se vino la primera piñata de mi hijo mayo. Y sin pensar realmente en querer montar eventos, montamos esa piñata como quisimos. Mi suegra Olga Miranda -que es una mujer espectacular en todo sentido, supercreativa, es como yo, como si fuera mi mamá-, y mi hermano -otra persona que está detrás de mí, que también tiene una mente impresionante para crear de nada y crear cosas espectaculares y con magia-, montamos la piñata. Yo soy supermanual. A mí me encanta crear con las manos y trabajar muchos elementos que no cualquier gente se anima a trabajar. Entonces creamos un equipo increíble y armamos la piñata. El tema fue un circo vintage. Armamos todo como si fuera circo de verdad. De esa piñata nos salió la primera clienta.

¿Cómo resultó ese primer trabajo?

Montamos la primera sin tener nada. Con el bono de mi boda fui a comprar pedestales para postres… creamos algo lindo para esa piñata. Eso nos llevó a ganar la posición que ahorita tenemos, a que nuestro trabajo se diera a conocer, que valoraran el trabajo que se hace con las manos, con amor, con mucha creatividad.

Cada evento que monto lo hago como si fuera mío. Yo pongo hasta donde yo crea que está bien. Esa es nuestra esencia. Nos gusta trabajar cosas diferentes, cosas en las que haya magia. No solo que esté bonito, sino que sea mágico.

¿Cómo ha cambiado tu negocio?

Empecé por una línea de eventos. Monto desde piñatas hasta bodas, pero hubo un momento en el que ya no sabía qué marca era. El Gorrito no me representaba en eventos, en accesorios, en decoración de cuartos. En eso nos empezaron a pedir bodas, bautizos, piezas empresariales. Aquí entra 90 Grados Eventos. Mi familia es parte de 90 Grados. Es una marca conocida, la gente la identifica, el target es el mismo al que queríamos hablar.

“Ana de Vilanova” es parte de ese equipo, mas no soy la que lidera. Todo lo elegante: flores, jarrones, candelabros, lo formal, es 90 Grados Eventos y toda la línea más artesanal, creativa, hecho a mano es “Ana de Vilanova”. Son dos cosas aparte, a veces hacemos una sinergia.

Como “Ana de Vilanova” tengo varias líneas de negocio. Sigo haciendo los sombreros, pero de una forma más elaborada. Ya no compito con el mercado, con las personas que aparecieron después y se quedaron con el sombrerito de foamy sino que empecé a hacer más cosas en tela, que llevaran más elementos, con más diseño. Tengo la línea de disfraces para niños, todo personalizado. No alquilo, se hacen las cosas según lo que necesita el cliente. Tengo la línea de accesorios para niños. Cosas funcionales para mamás e hijos como maletines, bolsas de entretenimiento (con espacio para crayones, libros de colorear, stickers), para cuando vamos a un lugar donde queremos que nuestros hijos se entretengan; decoración de cuartos de bebé y cuartos de juegos. Dentro de esto están los accesorios decorativos, tipis, cojines, alfombras, otomanes, bumpers de cuna, mosquiteros y todo lo que se necesite que sea hecho en tela y hecho a mano para decorar cuartos. Y, la parte de eventos, en la que hago piñatas, cumpleaños o fiestas conceptuales. Eso soy yo al 100 por ciento.

Casi 10,000 hojas dibujadas y cortadas a mano para el montaje de la Escuela Americana. Un jardín en el cielo.

¿Qué obstáculos se te han presentado?
Yo tengo muchos sueños. A pesar de que gracias a Dios he ido cumpliendo sueños y sigo creciendo, siempre sigo soñando más allá. No tengo un respaldo de capital. Lo que tengo en mi cabeza no lo he hecho.

Mi etapa de madre me está costando un montón. Tengo que hacer un gran esfuerzo diariamente por cumplir con todo. Por ser madre, ama de casa y estar al día a día aquí presente. Mi taller no camina si yo no estoy. Cotizaciones, reuniones, diseño, compra de materiales… todo soy yo.

¿Cómo los has superado?
Manejo un montón de cosas. Soy una mujer que aguanta un montón, que tiene una gran paciencia, con gran positivismo y una gran fuerza para salir adelante. Eso me ha ayudado.

Estoy supercontenta con lo que he logrado. Me encanta que se esté dando a conocer un trabajo diferente. Lo de la Escuela Americana fue un claro ejemplo de que no solo con flores y con hojas de verdad se puede crear algo increíble.

¿Cuál es tu mayor satisfacción?
Mi familia. Soñé con que mis hijos tuvieran un papá que los quisiera. Yo solo pedía que los quisiera. Yo no tuve papá. Pedí mucho a Dios que me guiara y me pusiera al hombre que Él quería, no el que yo quería. Yo me equivoqué muchas veces. Me casé con el hombre que él me puso.

Mi esposo es mi mayor satisfacción. Es increíble como papá. Dios me dio 10 mil veces más de lo que pedí. Él cambia pampers, él se levanta en la madrugada, él corre con ellos, los baña, se los lleva al súper solo… Se los lleva a lugares solo. Nunca andamos con nana. Somos papás superarrechos, superaventados. Soy feliz como madre, como esposa, feliz de poder aportar a mi casa.

¿Cómo logras compaginar tu vida personal con tu vida laboral?
Mi esposo y yo tenemos la oficina en el mismo lugar. Compartimos mucho tiempo juntos. Él es cinematógrafo y fotógrafo. Compartimos mucho juntos, nos complementamos en un montón de cosas. Estamos empezando a hacer proyectos juntos. Ya tuvimos dos producciones de fotografías en las que él hacía la fotografía y yo hacía la dirección de arte. Él es una persona tranquila, superpositiva, alegre, llena de Dios. Y nuestros hijos (Matías, de tres años, y Nicolás, de dos años) eso es lo que ellos proyectan. Ellos creen que todos los días es fiesta. Ellos decoran, se disfrazan, son payasos, diseñadores, músicos.

¿Cuál es la clave del éxito?
Nunca rendirte. Trabajar con el corazón. Hacerlo con pasión. Y preocuparte por los detalles. Eso hace la diferencia. Y, sobre todo, tener a Dios en tu corazón. Ahí no te perdés.

 

Tags El Salvador Revista Mujeres

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