Por Betty Carranza
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Nacida en una familia de médicos, Ana Cristina
sintió desde siempre que su vocación
sería distinta; atraída por el arte,
en especial por la pintura, enfiló su talento
en la arquitectura y está teniendo éxito
en el diseño y en construcción de
residencias de lujo.
¿Cuál ha sido la clave?
Se lo puedo resumir como se cose a la
medida, explica.
Sus clientes son sobre todo personas pudientes con
suficiente libertad económica para pedir
una casa a su gusto y esta joven arquitecta simplemente
los complace, creándoles un diseño
exclusivo que cumpla con las expectativas del dueño,
pero que además satisfaga no sólo
sus criterios arquitectónicos sino también
su buen gusto.
El resultado es que cada casa tiene su sello
personal; no hay ninguna parecida a otra,
añade.
Capitalina de nacimiento, fue una niña de
las bien portadas en la Escuela Americana, de las
responsables y dedicadas que siempre llevan buenas
notas, hasta medio aburrida reconoce
ahora entre risas; quizás hubiera querido
ser un poquito más terrible.
Jamás soñó ser algo diferente
a arquitecta y aunque en su familia no habían
antecedentes relacionados con esta área,
todos la apoyaron, en especial sus padres, el ginecólogo
Rafael Olivares y doña Luz María de
Olivares, a quienes considera los pilares de su
vida.
Mientras realizaba sus estudios de arquitectura
en la Universidad Albert Einstein, Ana Cristina
trabajaba a tiempo completo en oficinas de diseño.
Fue una época de muchos sacrificios, pero
valió la pena, ya que además de ganar
experiencia profesional conoció al arquitecto
Manuel Meléndez, quien se convirtió
en su maestro y de quien aprendió ese amor
al trabajo y a la arquitectura que ahora la inspiran
para realizar su trabajo diario.
Tras su sueño
Cuando terminó la universidad en 1997, su
sueño era formar su propia empresa. Continuó
trabajando como empleada a medio tiempo en una oficina
de diseño y a diseñar para clientes
en forma independiente. Se alió con el ingeniero
Francisco Ramírez, en un principio para compartir
los gastos de un local, pero más tarde se
convirtió en su socio.
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Ana
Cristina con su equipo de profesionales en
diseño y arquitectura.
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Los terremotos del 2001 hicieron surgir una demanda
de reconstrucción de casas dañadas
y se presentó la oportunidad de participar
en proyectos importantes, pero se requería
ser una empresa legalmente constituida.
Esta joven profesional, esposa y madre de dos niños
aceptó el riesgo de dejar la estabilidad
de su empleo y lanzarse a una aventura. El ingeniero
Ramírez se convirtió en su socio y
junto a él crearon la compañía
ORG arquitectura y construcciones.
En ese entonces estaban solos, pero cinco años
después cuentan con 14 colaboradores en oficina,
entre ellos otros arquitectos y diseñadores,
cuatro supervisores de campo y en sus proyectos
generan empleo regular para unos 300 obreros y auxiliares.
Este crecimiento no fue un golpe de suerte. Ana
Cristina junto a su equipo se han esmerado en atender
a cada cliente como lo que es: una persona única
con sus gustos y preferencias. La satisfacción
de los clientes ha hecho que tengan por lo menos
unos 10 proyectos completos al año, es decir,
obras que implican diseño y construcción,
además de las que sólo diseñan
o sólo construyen.
El proceso inicia cuando el cliente dispone de un
terreno y hace su lista de necesidades como una
lista para Santa, detallando lo que
quiere para su casa, como número de habitaciones,
piscina, jardines, etcétera; luego Ana Cristina
con su pantalón de mezclilla y las botas
puestas visita el lugar, toma medidas y estudia
cuidadosamente las condiciones del terreno, si es
plano o con inclinaciones, cómo incide la
luz natural, el sol, el viento, la ventilación
y cómo fluye la brisa en el terreno.
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Con todos estos datos y el presupuesto con que
dispone el cliente, esta inquieta arquitecta de
piel trigueña entra a su oficina a crear
su nueva obra. En ese momento pienso en el
cliente, cómo la quiere decorar, cómo
se va a sentir. Nosotros (la empresa) pasamos involucrados
con el proyecto un año, pero luego la casa
se entrega al cliente, explica.
Su sello
Por supuesto, lo prioritario es complacer al cliente,
por ello todas las obras son distintas, pero a su
vez todas tienen el sello personal de
Ana Cristina caracterizado por la iluminación.
No se trata sólo de instalar los bombillos
necesarios, sino ambientar la luz ya sea natural
o artificial en cada lugar específico
para lograr efectos. Así los espacios se
volverán más acogedores o amplios.
Sus obras se inclinan por líneas contemporáneas,
la simpleza de los espacios, la combinación
de espacios interiores y exteriores que se interrelacionan
con el uso de mucha ventanería y accesos
al exterior. Me gusta que el exterior sea
la decoración del interior, explica.
Además, siempre busca jardines interiores
para que haya algún espacio dentro de la
casa que brinde iluminación natural, como
un cubo de luz.
La simpleza de la arquitectura contemporánea
Ana Cristina la vuelve acogedora con el uso de materiales
naturales como madera y piedras, que aportan colores
y texturas.
Definitivamente, esta joven arquitecta ha plasmado
en su casa todos sus antojos. No es una construcción
muy grande, por lo que ha optado por combinar espacios
pequeños cada uno con algo especial, por
ejemplo, justo en la entrada tiene un pequeño
jardín tapizado de piedrecillas blancas que
se tornan amarillas con el efecto de los reflectores
dispuestos a su alrededor; luego sigue una sala
más bien elegante y cómoda pero de
líneas simples.
A continuación tiene todo un oasis de relajación;
es un cubo de luz exterior y de una pared surge
una gran fuente de agua que cae sobre un piso de
piedras sueltas de río y dos paredes más
son de vidrio.
La terraza es de diseño moderno, con destacada
presencia de la madera, tanto en los muebles como
en los detalles, como las dos bolas que decoran
la mesa de centro.
Ella rediseña las distintas áreas
de su casa con mucha frecuencia. Su última
remodelación la hizo en el área del
bar, instalando sobre la pared una cubierta de piedra
de coral blanco traída de Colombia, que aporta
una textura áspera y veraniega al sitio.
Sobre ella, está empotrado el pantry superior,
cuyas puertas son a su vez una pintura de tipo abstracto.
Aquí la luz también es un detalle
importante; pequeños reflectores instalados
arriba están direccionados para formar rombos
de luces y sombras.
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Cada
espacio de la casa de Ana Cristina tiene un
detalle especial. En el comedor pintó
un cuadro específico para ese espacio
y complementó la decoración
con unas peras. Su jardín interior
es una cascada que divide la sala con la terraza.
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Su vida
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Ana
Cristina y sus dos grandes amores: Valeria
y José Francisco.
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A sus 32 años, Ana Cristina dedica su vida
no sólo a su empresa, sino a lo más
importante para ella: su hogar. Junto a su esposo,
José Heriberto Guerrero, médico fisiatra,
trata de pasar el mayor tiempo posible con sus hijos,
José Francisco, de cuatro años, y
Valeria, de casi dos.
En el poco tiempo libre trata de ejercitarse, siguiendo
las directrices de una entrenadora personal. Así
hace un poco de aeróbicos, pesas, Pilates
y natación cada vez que puede.
Además, trata de integrar la lectura a su
vida, sobre todo de libros con temas de superación
personal.
Con tanta responsabilidad sobre sus hombros con
frecuencia está sometida a altos niveles
de estrés, es entonces cuando corre a su
refugio: la playa. Ir al mar me fascina.
Sólo el hecho de estar ahí, disfrutar
de la brisa, de un atardecer, de ver jugar a mis
hijos me desconecta y lo mejor es que no llega la
señal del celular, afirma complacida.
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| De
cerca |
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¿Ha sido una
desventa ser mujer en esta profesión?
No es fácil como mujer estar en este
campo, pero tengo la ventaja de que mi socio
es hombre y es ingeniero civil. A raíz
de eso he podido afrontar las desventajas,
pero creo que más es un valor agregado,
porque las mujeres conocemos mejor cómo
funcionan las casas. Por ejemplo, pensamos
en los niños, en la limpieza, en el
mantenimiento, y para un hombre es un poco
más difícil de visualizar. La
prioridad de ellos es el presupuesto; para
las mujeres siempre son los detalles.
¿Qué es lo más difícil
de complacer a los clientes?
Es hacer todo lo que el cliente espera dentro
del tiempo estipulado de entrega, porque siempre
piden gustitos y quieren que salga todo en
el mismo tiempo.
¿Qué les gusta a los salvadoreños
en sus casas?
Siempre piden terraza. Es algo peculiar de
la arquitectura salvadoreña el uso
de los espacios abiertos debido a nuestro
clima.¿Tiene algún pasatiempo?
Me encanta pintar; desgraciadamente no tengo
el tiempo para hacerlo. También me
encanta el baile, ya sea como clase o salir
a bailar con mi esposo. Son dos cosas que
me gustaría hacer con más frecuencia.
¿Cuál es su debilidad
cuando sale de compras?
Los zapatos. No sé cuántos tengo.
Como soy bajita (1.52 metros) me gustan los
tacones, pero siempre llevo otros más
cómodos en el carro y me los pongo
cuando voy a los proyectos.
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