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Por Betty
Carranza
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Una
asistencia masiva en el segundo congreso
Mujer y Liderazgo demostró
la importancia que mujeres líderes
dan a los nuevos conceptos de complementariedad.
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La
visión de feminismo ha evolucionado
con los años. En décadas pasadas
se concebía que la mujer debía
igualarse al hombre, tanto en derechos como
en obligaciones, lo que generó rivalidad
y competencia entre géneros y a las
mujeres les implicó sacrificar aspectos
específicos de ellas como su rol
de madres, de primeras educadoras de sus
hijos y de ejes de las familias.
Sin duda esta lucha fue importante para
la consecución de derechos, como
mejores salarios, prestaciones y mayores
oportunidades laborales, participación
política y, de hecho, la visualización
de sus aportes, pero también este
salir de casa ha tenido un costo
social.
Si bien no es la única causa, es
un factor que ha debilitado la estructura
de las familias y su consiguiente pérdida
de valores humanos como el respeto o la
solidaridad.
Preocupadas por ello, el Comité de
Empresarias de la Cámara de Comercio
e Industria de El Salvador realizó
el segundo congreso internacional Mujer
y liderazgo, con el tema Construyendo
una sociedad con valores.
En el evento se contó con la disertación
de mujeres empresarias del área centroamericana
quienes contaron sus experiencias de cómo
han combinado sus responsabilidades como
madres, esposas y líderes de empresas
exitosas, incluso de cómo algunas
de ellas han apoyado el crecimiento empresarial
de otras mujeres en sus respectivos países.
Sensibilidad femenina
Además del testimonio de las empresarias
también se analizó la temática
desde el punto de vista de la ética.
La consultora española Paloma Gastón
analizó principalmente la situación
de la mujer en el campo laboral.
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Reconocimiento
El Comité de Empresarias de
la Cámara de Comercio e Industria
de El Salvador entregó un reconocimiento
a doña Mercedes Madriz de Altamirano,
co-fundadora de El Diario de Hoy,
como Mujer Destacada 2006.
Fotos: Jorge Colindres y César
Avilés.
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Para
ella, los puestos de trabajo están
concebidos para hombres, cuyas esposas les
resuelvan los problemas cotidianos y no
menos importantes como la atención
de los hijos y la gerenciación de
sus hogares y todo lo que ello implica.
Ante esto, la mujer tiene una desventaja.
A pesar de que cada vez tiene más
oportunidad de acceder a los mismos puestos
de trabajo que los hombres, lo hace a costa
de no poder criar a sus hijos, cuyo costo
a nivel social es la formación de
personas no funcionales.
Para Gastón, la lucha no violenta
debe ahora enfocarse a visualizar ideas
más humanistas, que a la larga beneficiarían
a hombres y a mujeres por igual, como evidenciar
la importancia del hombre dentro del hogar,
cuestionar los modelos de éxito tradicionalmente
masculinos, combatir la adicción
al trabajo, el consumismo y la adicción
a compras innecesarias, ya que esto hace
que las personas dediquen más tiempo
y esfuerzo a generar dinero que a cultivar
las virtudes humanas dentro de sus familias.
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