Mentirosos, mentirosos

“Yo no fui” es algo así como la primera mentira piadosa de todo niño, pero ¿será un acto consciente? ¿Qué tanto saben los padres del porqué mienten sus hijos? DescUbre cómo
prevenir la mentira.

Por Roxana Jandres

En nuestra vida de adultos, conscientes de nuestros actos, mentimos a cada instante. Catalogamos las mentiras piadosas que decimos para escabullirnos del jefe, de un esposo celoso o de personas indeseables, y las separamos de las graves, aquéllas que pueden dañar a otros. Es decir, las separamos del pecado.

Pero mentir es mentir, y como padres exigimos a nuestros hijos que nos hablen con la verdad. Pero ¿por qué mienten?

Mentira o verdad

Distinguir entre el bien y el mal es una conceptualización que el niño consigue hasta los siete años, antes de eso sólo experimenta estímulos y reacciones. Entonces, decir una mentira a tan corta edad como los cuatro o cinco años, es una reacción de miedo ante el castigo que le espera.

Muchos padres se pasan el día amenazando a los chicos con reprimendas que los atemorizan y los obligan a mentir ante una situación inesperada, como romper algo o golpear a alguien por accidente.

La primera reacción es mentir para contrarrestar el temor y si la mentira los salva alguna vez, seguirán mintiendo con más frecuencia. Lastimosamente los niños que se acostumbran a mentir crecen con este problema y en etapas como la adolescencia pueden, incluso, confundir la realidad con la fantasía.

Padres sinceros

Para evitar que los hijos se vuelvan mentirosos compulsivos es necesaria la disciplina familiar, sencillas reglas que requieren de un gran valor moral para ponerlas en práctica.

Lo primero es acostumbrar a los niños a lo bueno y lo malo, no ser los padres superhéroes que no tienen problemas; al contrario, hablar en familia sobre cómo estuvo el día de trabajo o de escuela, esto hace que los niños se acostumbren a hablar también de sus dificultades diarias.


Es muy importante también que ellos no sean portavoces de mentiras, es decir, no los acostumbres a mentir cuando llaman por teléfono, tocan a la puerta o para justificarlos en la escuela. Por supuesto, si te escuchan decir mentiras, ellos lo harán también.

No se debe etiquetar a los hijos de ninguna forma, no llamarlos “mentirosos”, simplemente explicarles que “dijeron una mentira”, por la cual serán castigados prohibiéndoles aquellas cosas que más les gustan.

No es adecuado reaccionar con enfados, humillaciones, amenazas o castigos físicos, esto sólo tendrá repercusiones negativas más adelante.

Por supuesto, siempre hay que darles la oportunidad de admitir sus errores y de enmendarlos. Recuerda que el miedo es siempre el peor enemigo de la verdad.

La lista negra

Reprende a tus hijos sin usar la violencia física ni verbal. Elabora una lista del uno al 10, colocando las diez actividades favoritas de cada uno de tus hijos, escríbelas de mayor a menor grado de preferencia. Cuando tengas que castigarlos comienza a prohibir actividades comenzando por aquellas de menos interés.

Lee, aprende y educa

Biblia: Antiguo Testamento, Editorial Todo Libro, para que los niños conozcan las leyes y mandamientos de Dios desde pequeños ($19.35).

El niño y sus valores, de Carme Travé, Editorial Descleé. Es una literatura para reflexionar y revisar la acción educativa que los padres, maestros y educadores ofrecen al niño de seis años, resaltando los valores ($4).

Habla con tu hijo, de Hanna Barlett, es una orientación para aprender a escuchar a los hijos y de cómo tener conversaciones de temas sólidos con ellos ($13).

 
   
© 2004 MUJERES es una revista de Editorial Altamirano Madriz S. A. Derechos Reservados.