Cuando las perlas son una obsesión
Por Karen Funes
Todos sus broches o collares de plata llevan un baño de rodio, lo que le da una apariencia de oro blanco, un brillo especial.

No todas son malas, especialmente cuando amar las perlas hasta el delirio trae como consecuencia delicadas piezas de uso femenino. Eso le ocurre a Juan Carlos Tobar, diseñador de joyas.

Este joven de 28 años inició con su oficio de joyero a los 14. “Acepto que me influyó mucho mi padre, pues es coleccionista de joyas”, dice.

Sin embargo, a los 22 empezó su contacto exclusivo con las perlas al llevarse un chasco: invirtió en un obsequio costoso y al poco tiempo empezó a descamarse. “Me empeciné en creer que debían existir opciones legítimas a buen precio y las encontré en Japón.

Ellos desarrollan cultivos masivos y obtienen perlas de calidad, cuya duración es de 20 años aproximadamente, y a precios accesibles”, explica Tobar.

Los aretes de perlas son parte importante de su colección.

Siempre trabajó de forma empírica con oro, brillantes, plata y piedras semipreciosas, tomaba un hilo y empezaba a combinar. “Pero un día mi hermana apareció con un lote de perlas de Italia y me dijo: ‘trabájalo’. Fue la primera vez que me planteé la necesidad de trabajar y vender”, dice entre risas.

¿Por qué las perlas?

Tobar considera que son las joyas más clásicas, “no pasan de moda y visten mucho a la mujer. Me interesa botar ese tabú de que son para personas mayores”, añade.

De hecho, por eso las mezcla con oro blanco, plata, cristales Swarovski o de murano y piedras semipreciosas.

Aunque cree que toda mujer debe tener como pieza básica un collar de perlas blanco, gris o rosa, él también utiliza otras tonalidades desde pasteles a muy oscuros, los cuales se dan a las perlas a través de luz láser, no por inmersión.

  • Puedes contactar a Juan Carlos Tobar al 2298-5804. Fotos: César Avilés.

Sus diseños obedecen a tendencias internacionales, pero siempre tienen un toque muy suyo, siendo su máxima inspiración Coco Chanel, quien exaltó las perlas durante toda su vida.

“Trato de seguir mis instintos y aunque me arriesgo con algunos collares, como el de turquesas que pesa alrededor de siete libras; no soy dado a creaciones extravagantes. Ese collar, de hecho, ha tenido aceptación, pero sé que me puedo equivocar”.

Actualmente provee su marca de accesorios, Miyen, a diferentes almacenes, como Simán y Etcétera, de Basilea.

La buena noticia es que pronto abrirá su tienda, JC, en donde siempre continuará su trabajo con perlas y diamantes, oro y plata.

 

 
   
© 2004 MUJERES es una revista de Editorial Altamirano Madriz S. A. Derechos Reservados.